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29 de septiembre de 2010
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OPINIÓN

Sobre la Ley de Medios

Al cumplirse casi un año del ingreso a la Cámara de Diputados del proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual vale la pena repasar los acontecimientos que sobrevinieron para poder avizorar los desafíos que se irán presentando

     Al cumplirse casi un año del ingreso a la Cámara de Diputados del proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual vale la pena repasar los acontecimientos que sobrevinieron para poder avizorar los desafíos que se irán presentando. Con los extensos debates que se dieron, incluidos los del parlamento, nos fuimos enterando de que poquísimas empresas propietarias de los principales medios radiales y televisivos, dueñas, a su vez, de medios gráficos de distribución masiva a lo largo y ancho del país eran (y son aún, en gran medida) las que nos construían cotidianamente el relato de la realidad.

     Vimos cotejos de archivos con flagrantes contradicciones de personas y de líneas editoriales; cambios de posiciones según fuera la relación de esas empresas con los gobiernos, una maraña sencilla de desentrañar desde los valores morales, pero complicada a la hora de la reflexión pues son ellos mismos los que, sesgando interesadamente la información, nos han ido planteando temas en apariencia prioritarios que encubrían sus mezquinos intereses económicos.

     Uno de los más perversos ha sido descalificar la actividad política, buscando (y consiguiendo) desmovilizar a vastísimos sectores de la sociedad, imponiendo la idea de que el político es inepto, vago e inmoral. Quedando como referencias de lo bueno y lo malo los periodistas “estrellas” de los pocos medios en los que se opina sobre las ideas en debate. Con la orientación informativa construyen nuestro sentido común, forman opinión y toman partido. Muchos años atrás celebramos la puesta en marcha de la empresa Papel Prensa, un orgullo argentino, con participación estatal.

     Nunca supimos que, en realidad, fue robada a quienes la iniciaron a fuerza de muerte, secuestro y extorsión. Más acá en el tiempo nos convencieron de que agotada la Convertibilidad había que devaluar y pesificar las deudas. Un dócil y débil gobierno “hizo los deberes” y entre todos los argentinos hicimos la forzosa “vaquita” para que algún grupo multimediático licuara su multimillonaria deuda en dólares. La ecuación manejo de medios y sus ramificaciones con corporaciones económicas devino en sostén real de cualquier gobierno siempre y cuando no deje de ser funcional al esquema. Para cualquier político con aspiraciones es letal no aparecer en pantalla. Estas cosas empezaron a modificarse un año atrás. Cayeron velos y la política se impuso a las corporaciones. Hubo y hay virulentas reacciones de los afectados.

      Llevaron a la Justicia su impugnación y lograron un ejemplificador fallo de la Corte, recordándonos que no hay representaciones superiores a la de los poderes de la República. Las corporaciones multimediáticas tendrán ahora que asistir económicamente a los que con sus chicanas demoraron ocho meses la aplicación de una ley. Tampoco la tienen fácil los que se asoman a la variedad de posibilidades que abrió esta norma.

     A ellos los aguarda otra batalla igual de compleja, ya no bastará con denunciar y desnudar verdades ocultas, habrá que ganarse a la audiencia con verdades diferentes y diversas entre sí. Es un desafío de calidad, profesionalismo y sustentabilidad económica que dista mucho de ser una alegre estudiantina. No hay dudas de que muchos argentinos podrán hacer oír su voz. La norma jurídica ha abierto un escenario propicio para que muchos actores se atrevan.

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