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21 de septiembre de 2020
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Opinión

Sin salida

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Mientras la cuarentena se extiende y sigue faltando un plan, Mendoza toma el control de la mina de sales de potasio en Malargüe.

Sin que se sepa con exactitud cuándo terminará de caer la economía tras una cuarentena que se encamina a cumplir siete meses de vigencia como única estrategia de combate contra el coronavirus, sí se conoce que el número de empresas que ya cerraron o se fundieron en el país supera las 20.000, de acuerdo con diferentes cálculos, tanto oficiales como privados, que se han hecho públicos en las últimas horas. Así también, la economía en términos generales ha caído casi 13 por ciento en lo que va del año, la producción industrial ha registrado un retroceso de 13,4 por ciento y la construcción, quizás de las actividades de mayor multiplicación de beneficios, entre ellos el del empleo formal e informal, se ha derrumbado casi 35 por ciento.

Estos son sólo algunos de los datos que semana tras semana van actualizando los cuadros de una película que describe los pesares que atraviesan al mundo, pero que en Argentina tiene algunas particularidades que la convierten en mucho más tenebrosa, porque, como ya está visto, no aparece en el horizonte nada esperanzador en un sentido amplio, ya no sólo en el plano de la economía.

En Argentina no se tiene idea aún del momento, ni siquiera estimado, en el que se va a recuperar la conectividad entre las provincias y las regiones. Sólo hay un esbozo del Ejecutivo de que en octubre, con algún grado de probabilidad más o menos cierta, se reanudarán los vuelos de cabotaje, pero sólo para actividades esenciales y para aquellas provincias que lo permitan, no en todas. Tampoco hay una fecha concreta para la vuelta del transporte de pasajeros terrestre, claro está. No se sabe cuándo volverán a clases los chicos de manera presencial y con los protocolos de una nueva normalidad que ya se están aplicando en algunos países de la región. No hay una referencia, siquiera, para la reapertura de los circuitos del turismo con todo lo que esa actividad implica, incluso cuando se está a nada de una nueva temporada estival que tantas expectativas de crecimiento y de desarrollo deja siempre tanto en las zonas de la extendida costa argentina como las que se recuestan, de igual manera, sobre el oeste cordillerano.

No se tiene mucha idea de cuándo volverán los deportes con todas sus actividades a pleno, dentro de lo que el cuidado por la pandemia permite, y Argentina puede que sea de los últimos países del mundo y de la región en los que vuelva el fútbol profesional en todas sus divisiones. En cierto modo, en Argentina se sabe poco y nada de lo que pueda llegar a pasar con ella, si se quiere, al menos por el 2020, y no es ninguna novedad, lo que hace más incierta la situación.

La falta de un plan –en los que el Gobierno dice no creer– y también de medidas que alienten alguna corrección de lo que tenemos para que, al menos, las empresas imaginen un escenario provechoso para invertir, hacer negocios y generar empleo, han hecho extender in eternum el suplicio y el desánimo. Como consecuencia, la inflación sigue en ascenso y los niveles de pobreza se apropiarán de más de la mitad del país.

Mientras Mendoza está, una vez más, en fase 1, en esta oportunidad por un poco más de dos días, desde el fin de semana hasta mañana y cuando el gobierno de Rodolfo Suarez festeja el haber tomado el control definitivo de la mina de sales de potasio en Malargüe, cuya actividad abandonó la minera brasileña Vale allá por el 2012, la Cámara Argentina de Empresa Mineras (CAEM) ha anunciado, a su vez, el inminente congelamiento de un grupo de inversiones millonarias que en seis años podrían sumar unos 18.000 millones de dólares. De haber existido condiciones para asegurar esas inversiones, los empresarios afirmaron que las exportaciones se podrían haber duplicado, alcanzado los 10.0000 millones de dólares, según dijeron en un comunicado que dieron a conocer el viernes 18.

Toda una ironía cuando el gobierno de Alberto Fernández ha hecho explícita una batalla cultural, financiera y económica contra el atesoramiento de dólares con el argumento de que se necesitan para producir, no para guardar.

Los empresarios mineros mendocinos, que siguen de cerca lo que ocurre en el país y por ende en la provincia, tampoco muestran mucho entusiasmo con la medida que anunciará Suarez en pocos días más, cuando oficialice el control para el Estado del yacimiento de sales en el sur provincial. “Se festeja que se vaya una empresa en el fondo y que el Estado avance sobre la actividad, cuando debiese ser al revés”, ha dicho una fuente de la cámara mendocina al conocer la novedad que venía trabajándose de la época de Alfredo Cornejo, cuando Martín Kerchner se desempeñaba al frente del área económica. Pero, está claro, también, que en el gobierno no harán demasiada mella esas declaraciones si se hicieran públicas, porque están convencidos de que es mejor contar con una mina en escala inferior, en manos del Estado porque el privado abandonó las actividades, y salir a buscar un inversor que seguramente será chino, los únicos con recursos e interesados en hacer algún tipo de negocio con el fertilizante que se extraerá desde Malargüe.
Los empresarios mineros mendocinos ven cada vez más lejos la posibilidad de que su sector se reactive en la provincia, incluso en tiempos en los que se necesitará de todo lo que se tenga a mano para hacer crecer la economía, generar riqueza y crear empleos. Ni aun así lo ven posible por lo que viene declarando el propio Suarez cada vez que tiene la oportunidad: que no la impulsará luego de las manifestaciones del verano pasado que hicieron caer las modificaciones a la 7.722, la Ley Antiminera. De ahí que se muestran escépticos por todo, incluso frente a una oportunidad cierta de reanimación de las actividades en el Sur con el potasio.

Sus pares nacionales también son pesimistas, pese a que Fernández prometió apoyar el desarrollo: “Desde la cámara vemos con preocupación las recientes medidas cambiarias, dado que, para producir y exportar, las empresas mineras primero deben necesariamente invertir y esto se dificulta si existen medidas que atentan contra la inversión directa”. Y casi al final del documento, en el mismo en el que advierten que se congelarán las inversiones de seguir todo así, sostienen que, “en el contexto de crisis actual, es más necesario que nunca apuntalar los desarrollos que impulsan producción, empleo y generación de divisas para el país”.

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