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19 de noviembre de 2012
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ENTREVISTA

?Sin aborto legal, el varón también es sometido a una paternidad obligada?

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Leandro Ferrón es miembro del grupo llamado Varones Antipatriarcales, un colectivo que pelea por los derechos de la mujer y los propios

     Es uno de los fundadores del colectivo Varones Antipatriarcales, creado hace dos años en Mendoza. Es el tercer grupo de hombres del país –después de La Plata y Buenos Aires– que se animó a luchar por los derechos de la mujer y cuestionar los propios privilegios. "Somos varones que nos hemos puesto a pensar el rol que nos ha sido asignado y en nuestra suerte por haber nacido varones, en detrimento de ciertas características y cualidades que las mujeres suelen tener", resume Leandro Ferrón (37), también diseñador industrial, doctor en Ciencias Ambientales, investigador del Conicet y militante por las causas feministas desde hace varios años.

En diálogo con El Sol, Ferrón explica por qué su defensa del aborto legal, seguro y gratuito impacta directamente en la paternidad elegida del varón; dice que los hombres aún tienen derechos por conquistar en una sociedad patriarcal en la que "el macho no llora y es el que debe dominar" y hasta se ríe de quienes atacan al "hombre feminista" desde la homofobia.

¿Cómo surge Varones Antipatriarcales?

   Veníamos charlando con algunos amigos que ya venían de la militancia social y política (no partidaria) de otros lugares. Yo milité mucho por el aborto, y milito, porque sea legal, seguro y gratuito. Pensamos cómo nos interpelaba todo esto a nosotros como género. Una cosa es tomar una lucha feminista y otra es ver cómo el derecho al aborto atraviesa tu masculinidad.

¿De qué forma los atraviesa a ustedes?

   Por la paternidad. Llegamos a un punto de la charla con mis amigos en la que hubo chicos que fueron padres hace mucho tiempo y no se plantearon la posibilidad de tener o no tener a ese hijo. Incluso, habiéndolo contemplado, no tenían chance económica de elegir. Eso hace pensar que, a nivel legislativo, por el hecho de que la mujer no pueda abortar libremente, el varón que la acompaña también está sometido a una paternidad obligada. Es decir, es una lucha masculina. Un embarazo no deja impávido al entorno. Simbólicamente, los hombres estamos muy implicados. Cuando un varón es la pareja de esa mujer embarazada no queda ajeno.

¿Cuáles son, entonces, los desafíos que tiene este colectivo para dibujarse más allá de la lucha de las mujeres?

   Varios. El aborto legal, seguro y gratuito es uno de ellos. Lo fue el matrimonio igualitario y ahora es la lucha contra la trata de personas. Otro importante y muy nuestro es el de sostener nuestras reuniones periódicamente. Los hombres no nos juntamos a hablar de nuestras faltas. Nos juntamos para hablar de fútbol, de chicas, de autos. No hablamos del hueco, de la falta. Ese eje es una barrera, es el gran falo cultural que no nos permite unirnos es algo propio de nuestro género.

¿Cuántos varones hay en Mendoza dispuestos a romper con ese gran falo cultural?

Somos unos doce, en promedio. El número va variando, algunos van y vienen. Pero en La Plata son una cantidad similar, pese a que tiene más años de existencia que nosotros.

¿No son muy pocos?

   Bueno, no digo que estemos en la vanguardia, pero creo que un varón que se junta con otro varón a cuestionar sus privilegios no es algo muy exitoso o convocante. Las mujeres feministas se dieron cuenta del sometimiento en el que quedaron atrapadas y luchan por levantarse. Otra cosa es darte cuenta de que estás del lado favorecido de la vida, entre comillas, claro, y decir yo no quiero tener siempre la razón. Poco a poco, la gente se va sumando. Hay que lidiar primero con los micromachismos en el día a día.

¿Algún ejemplo de estos micromachismos?

   Subirse a un taxi y encontrar que el taxista está buscando una complicidad cuando te dice: "Eh, mirá que buena que está esa rubia". Quizás está buena, pero hay cuestiones de superioridad que atraviesan esa complicidad. Es correr a la mujer hacia un lugar de objeto. También está en la lógica paternalista de que la mujer no puede, que es frágil. Una cosa es proteger a otro ser humano y otra cosa es subestimarlo. Cuando se murió Néstor Kirchner, muchos grupos dieron su pésame a la presidenta, pero para sostenerla políticamente. Desde una lógica patriarcal está bien. Desde otro lugar, ¿por qué la presidenta necesitaría nuestro apoyo para seguir su rumbo político? ¿No era la presidenta ya cuando Néstor se murió? Es probable que sea Cristina más aguerrida y fuerte que Néstor.

¿Las mujeres son también patriarcales?

A más no poder. Nos atraviesa a todos. Es lo que pasa. Hay mujeres más machistas que los hombres. Si una mujer se siente cómoda en ese lugar, está bien, pero será cuestión de que no reproduzca, al menos, cosas como la mercantilización de los cuerpos.

¿Cómo juega la mujer su rol de madre a partir de este esquema?

   En una charla hablando sobre esto, con mis compañeros nos encontramos con que nuestras madres nos compraban soldaditos a todos los varoncitos y, quizás, a alguno le gustaba jugar con muñecas, sin que eso haya sido una marca de su orientación sexual. Hay, simplemente, rumbos, parámetros culturales que te condicionan. Hay ciertos 'deber ser' que los varones tenemos frente a las mujeres. Desde antes de nacer, mi papá se imaginó el futbolista y mi mamá un cuarto pintado de azul. Eso te construye más allá del sexo. Tus padres te construyen desde una identidad masculina patriarcal.

¿El hombre tiene algún derecho que le ha sido vedado o vulnerado?

   Sí. A nivel legal, falta que haya una licencia mayor por paternidad. El hombre, así como en el aborto tiene derecho a decidir con su mujer, también tiene el derecho a tener más vínculo con su hijo en los primeros meses de vida. También luchamos por ciertos derechos en contra de la normalización de que, por ejemplo, los varones, porque no lloran, pueden solos, son los mejores, los más fuertes, los más inteligentes. Uno, como varón, cuando crece, se da cuenta de que no es el más inteligente ni el más fuerte ni nada. Es un varón que hace lo que puede con la vida. Esos mensajes patriarcales calaron hondo y así nunca vamos a poder estar en paz. En cambio, las mujeres están mucho más preparadas y aceptadas para la fragilidad. Pero a la mujer tampoco se le permite la fragilidad como antes. Tiene que trabajar y competir, es madre, esposa, tiene que ser joven siempre, etcétera.

¿No hay cambios respecto de la fragilidad femenina?

   Sí, porque las mujeres pudieron lograr otros lugares. Los hombres antipatriarcales, sin lugar a dudas, somos hijos de la feminista porque se cuestiona, se interpela. Un varón que cuestiona sus privilegios viene de mujeres que cuestionan su posición. Justamente, nosotros nos sumamos como varones a las luchas por la igualdad.

¿Hay muchos prejuicios sobre este grupo antipatriarcal formado por hombres?

   Y sí, somos todos putos (se ríe). Hablando en serio, no nos ofende ese prejuicio homofóbico. Sabemos que está. En este grupo hay heterosexuales y gays. Fijate que hasta las mujeres tuvieron más facilidad para tocar esos temas, aunque, justamente por el patriarcado en que vivimos, las lesbianas siempre han sido más invisibilizadas, en cambio, el varón hasta en eso es hegemónico. Creo que la Ley del Matrimonio Igualitario codificó a la sociedad de otra manera porque legitima a mujeres y varones por igual.

¿Cómo imaginás una Mendoza antipatriarcal? Una Mendoza así es muy complicada. Por ejemplo, debería ser mucho más laica. Uno de los mayores sostenedores del statu quo –patriarcal– es la Iglesia cristiana. En lo político también es difícil. Paco Pérez dijo, dos días antes de la elección, que estaba a favor de la vida, rechazando el aborto, y hasta dijo que el matrimonio igualitario era inconstitucional. Y ganó las elecciones. Este Gobierno habla de ampliación de derechos, mientras las mujeres siguen muriéndose porque el aborto es ilegal. 

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