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24 de abril de 2020
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Opinión

Sigue el encierro, la actividad vuelve a duras penas y se muere el tesoro local

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A la Provincia se le abrieron decenas de frentes por la crisis del COVID-19. Casi todos ellos entrelazados y condicionados unos por otros.

En la tarde de ayer, la Nación, con el ministro de Economía, Martín Guzmán, a la cabeza, intentaba alinear a todas las provincias con deudas en dólares –entre ellas, Mendoza– para persuadirlas de asumir una misma estrategia de negociación con sus acreedores y fortalecer así la posición de Argentina, otra vez en pie de guerra contra los bonistas, a quienes no les pagó los más de 500 millones de dólares que vencieron en la semana y les ofreció una renegociación de plazos y condiciones que no fue aceptada.

El intento de Guzmán, que para no pocos de los testigos del encuentro más que persuasión asumía el color de una imposición en medio del desastre financiero y económico provocado por la pandemia del coronavirus, se realizaba por la vía de una videoconferencia múltiple en la que participaban el funcionario de Alberto Fernández, como está dicho, y los ministros de Hacienda de las provincias, particularmente, de las 16 que tomaron obligaciones en dólares bajo legislación extranjera. Mendoza –a la que todo pareció caérsele encima por el freno de la economía desde el arranque de la cuarentena el 20 de marzo– viene de anunciar que buscará renegociar los vencimientos de los intereses de un bono en dólares y de otro en pesos. En mayo, la Provincia debe pagar unos 20 millones de dólares y, en noviembre, otros 20 millones de la misma moneda. “Es muchísima plata, no la tenemos y si todo sigue igual, como creemos, lo que vamos a salir a buscar es que nos permitan pagarlos más adelante. Lo propio con la deuda en pesos, alrededor de 3.000 millones hacia fin de año”, describió una fuente consultada por El Sol luego de que, un día antes, el miércoles, el ministro de Hacienda, Lisandro Nieri, confirmara el estado de inanición de las cuentas públicas, advirtiendo que los sueldos de mayo podrían sufrir algún tipo de alteración en los pagos, probablemente en las fechas y hasta en el escalonamiento de las liquidaciones, según los montos.

A la Provincia se le abrieron decenas de frentes por la crisis del COVID-19. Casi todos ellos entrelazados y condicionados unos por otros. El intento nacional para conducir a las provincias a que asuman su misma estrategia de renegociación de la deuda, agresiva y con serios riesgos de caer en default, podría contener una bomba de retardo con posibilidades de explotarles en el futuro cercano a los estados que no aceptaran ir por el mismo camino que la Nación. Hoy, las provincias, sin recaudación, con recursos por el piso y con gastos por las nubes, están a expensas de la ayuda nacional, ya fuera por la vía de adelantos del tesoro sin obligación de ser reintegrados o por el camino de los créditos a largo plazo y con tasas bajas. Esas partidas, necesarias para las provincias como el agua para un sediento, podrían llegar a ser la moneda de cambio para ir detrás de la estrategia de Guzmán.

En el caso de Mendoza, la idea era escuchar, pero convencida, en principio, de seguir la tradición de pago y de negociación que la fue caracterizando a lo largo de las crisis económicas y financieras del país. “Con los bonistas a los que les debemos, que ni siquiera en algunos casos sabemos quiénes son, no tenemos ninguna posición tomada. Recién estamos empezando. En términos generales, pedirles más tiempo. Si no les pagamos, perderíamos fuentes de financiamiento a futuro que siempre hemos tenido”, agregó la fuente del gobierno de Rodolfo Suarez, embebida de los detalles del problema mendocino.

La necesidad de ir a buscar un acuerdo con los acreedores porque la provincia se está quedando sin recursos, de acuerdo con los dichos del propio gobierno, se le agrega el resto de los problemas que agravó la pandemia.

En dos meses, los recursos se cayeron en 9.000 millones de pesos. Por mes, en números gruesos, la Provincia recauda entre 12.000 y 13.000 millones de pesos, en promedio. La nómina salarial mensual asciende a 7.000 millones de pesos. La del mes de abril no corre peligro, anunció Nieri el miércoles, pero, la de mayo no está garantizada.

La ayuda nacional a las provincias asciende a 120.000 millones de pesos, compuestos por 60.000 en subsidios y los otros en préstamos. Pero, en voz baja, en Mendoza crece una descripción con tono de queja: el dinero no está en su conjunto y se envía a cuentagotas con un criterio que no está del todo claro. Comentan, además, que si esos recursos fuesen para dos o tres meses, configurarían un aporte descomunal y gravitante, pero, si forman parte de un programa a largo plazo, no servirían de mucho y las provincias, ahora sí, no podrían escapar de la tentación de acudir a la fotocopiadora para imprimir sus propias monedas.

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