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28 de junio de 2007
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PERSONAJE

?Siempre me toca hacer papeles de loco?

Maximiliano Ghione, a los 34 años, atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera profesional. En la actualidad, es uno de los actores de la tira El capo

          Maximiliano Ghione se ha convertido en una de las figuras televisivas más atractivas y seductoras de la pantalla chica nacional tras su brillante labor en la tira Montecristo, protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum. Desde entonces, su vida profesional dio un notable giro, a tal punto que, este año, las autoridades de Telefé lo volvieron a convocar, aunque esta vez con un papel más protagónico y arriesgado en la tira semanal El capo (la que se emite de lunes a viernes por la pantalla de Canal 9 Televida).


SUS PERSONAJES.


        Entre recios y un poco locos, así fueron la mayoría de los papeles de Maximiliano Ghione en la televisión desde los 90. Hasta que fue Ramón, en Montecristo, y mantuvo el costado entre desequilibrado y excéntrico pero se puso en la piel de un hombre bueno y noble. Actualmente, en El capo, su personaje es Adrián Svarsky y, otra vez, se involucra en el rol de un joven seductor pero peligroso. “Siempre me tocan papeles de loco.


         De diez personajes que hago, nueve son malos, calculo que es porque gesticulo mucho y si los productores quieren un enfermo extremista, piensan ‘llamemos a Ghione, que le sale”, advirtió en una entrevista a la prensa sin dar vueltas para asumir lo que le toca. Y con Ramón también notó un cambio: “En Montecristo, mi personaje fue el más bueno y querido de la tele, con siete mil personas sufriendo por él en el Luna Park.


           Ahora vuelvo al asesino otra vez. Estos cambios me divierten”. “En general, en el ambiente me conocen más como actor de teatro y eso me da anticuerpos para hacer televisión. Cuando hacés teatro, estás cubierto; hagas lo que hagas, está muy bien”, señaló Maxi, quien se encuentra intercalando su rol de actor entre el teatro y la televisión.


 LA GUERRA POR EL RATING.


           Sin dudas, la nueva ficción de Telefé es una de las pocas que se ha instalado en la pantalla chica actual y no es para menos, ya que el fenómeno suscitado por la modalidad de los realities ha generado que los productores posterguen la emisión de varios productos a fin de no quemarlos. Tras protagonizar uno de los personajes centrales de la tira, el actor opinó acerca de la modalidad de este fenómeno: “Creo que la pantalla debe incluir varias alternativas para los televidentes pero es muy notorio que, con estos formatos, la ficción sufre serias consecuencias, ya que el temido rating es el que domina hoy el éxito de una apuesta ficcional”.


          En cuanto al cambio de horario que sufrió el envío, el actor expresó: “El nuevo horario de El capo, que saltó de las 21 a las 13 –por la pantalla de Telefé– no alterará la trama, sólo traerá aparejado que dejemos de decir ‘hijo de puta’ y ahora digamos ‘carajo’. La trama será parecida”. “De todos modos, estamos felices. Claudio Villarruel, en lugar de decidir dar de baja de una a la novela, nos da dos meses más, le pone ganas.


           Somos muchos actores y merecemos otra oportunidad por las pilas que le ponemos. Villarruel apuesta a bancarlo y nosotros somos afortunados en tener laburo en un año que no es el de la ficción”, prosiguió. Ante la pregunta de que si esta es la primer ficción víctima del reality, Ghione aseguró: “No, creo que el público tiene un chip de memoria, que se acostumbra en seguida. El año pasado fue la ficción, con Montecristo y Sos mi vida.


         Este año le toca al caño. El año que viene será otro y quizás la ficción vuelva. Es el chip de Doña Rosa que le ponen los productores y canales al público”. En cuanto a si está pendiente del rating de la tira, el actor arremetió: “Claro, el que te diga que no te miente. Es como si tuviera un restorán: voy a preguntar cada día cuántas mesas se sirvieron, porque con eso comen mis hijos. Esto es igual, aunque ningún actor te lo diga, en una pose intelectual. Obvio que todos preguntan por el rating de su programa. Cómo no les va a importar. A veces creo que soy el único que lo admite”. “Eso no quita que sean 10 o 30 puntos, el personaje se haga con el mismo amor pero quiero saber cómo le va a mi novela, porque gracias a eso come mi hijo”, culminó.


OTROS PROYECTOS.


        Ghione está atravesando una instancia muy importante en su vida profesional y, entre otros proyectos, adelantó que va a realizar una película de Eduardo Milewicz (La vida según Muriel, Sam y yo) para la que necesita, además de ser buen actor, estar en forma. “Tengo que bajar nueve kilos para tener el cuerpo de un deportista lindo, fibroso y flaco, no como el borracho que nunca pateó una pelota que soy”, aseguró en tono jocoso. Según se supo, su próximo trabajo cinematográfico será una comedia romántica con Carla Peterson e interpretará a un astro del vóleibol.


UN LARGO CAMINO TRANSITADO.


            Maximiliano Ghione nació en Bahía Blanca en 1973. Terminó la escuela secundaria y entró en la Facultad de Derecho, donde “hacía que estudiaba”. Un día se metió por curiosidad en una clase de teatro del prestigioso actor nacional Norman Brisky –a quien recuerda como su “gran maestro”– y descubrió que quería ser actor. Su primera actuación fue en The huluppu tree, en el Anfiteatro de los Niños.


        En el año 93, aún estudiando con Norman Brisky, actuó como yerno de Norman en el ciclo Sin condena en el programa que retrató el caso Barreda, el odontólogo de La Plata que mató a su familia. “Hasta ahí creí que era buen actor y ahora veo esos videos y me doy cuenta de que era Pinocho pero mojado y de aglomerado”, recordó. Más tarde llegó su oportunidad en los programas juveniles: Las chicas de enfrente y Cebollitas, en el que interpretó al DT del equipo.


             En la pantalla grande tuvo su oportunidad con el filme Buenos Aires me mata, con Imanol Arias. Hasta que llegó Buenos vecinos, por Telefé, protagonizado por Moria Casán y Hugo Arana, donde hacía de un loco y psicópata, la contrafigura de Facu Arana. “Creo que fue el personaje que más me gustó hacer. Todavía me dicen Ramiro por la calle. Lo disfruté mucho, porque era muy divertido hacerlo”, expresó.


         Después vino la película Roma, de Adolfo Aristarain, en la que trabajó con Juan Diego Boto y Pepe Sacristán. Pese a su larga trayectoria, la gloria profesional se la dio Montecristo, tira de la que dijo: “Mi participación allí me generó no sólo un gran reconocimiento en el medio, sino que, además, me permitió crecer como actor, ya que trabajé con grandes genios como Pablo Echarri, Roberto Carnaghi, Oscar Ferreiro, actores a los que siempre admiré”, concluyó.

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