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16 de noviembre de 2009
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TIGRE - GODOY CRUZ

Si no le das la pelota a un compañero...

En el debut de Enzo Trossero, el Tomba jugó muy mal y estuvo muy impreciso. Perdió ante el último de la tabla.

    Cuenta la leyenda –vaya uno a saber si fue cierta– que en el Mundial 90, en el entretiempo del partido entre Argentina y Brasil, el vestuario albiceleste fue un solo silencio. Los brazucas habían bailado a la Selección y, por esos misterios del fútbol, el partido todavía estaba igualado sin goles. Dicen que nadie habló, que Carlos Bilardo no dio una sola orden, ni un reto, nada. Pasaron los quince minutos de descanso y cuando el equipo estaba por salir del vestuario, el Narigón dio una única indicación. “Muchachos, por favor, tratemos de no pasarle más la pelota a los de amarillo”.
 
    El resto de la historia es conocida: el Diego, una jugada que fue una poesía, el Cani, una gambeta que fue un sueño, y un gol increíble y un triunfo que fue la mismísima felicidad. En el entretiempo del partido entre Tigre y Godoy Cruz, el director técnico del Tomba, Enzo Trossero, debería haberle dicho a los jugadores lo mismo que Bilardo a sus muchachos hace casi veinte años: “Muchachos, por favor, tratemos de no pasarle más la pelota a los de blanco”. Claro que el Tomba no tiene a Maradona ni a Caniggia, pero esa frase hubiese sido muy justa.

    Fue llamativa la falta de precisión de los jugadores del Expreso a la hora de pasarle la pelota a un compañero. En el fútbol, primero que nada, tenés que tratar de darle la pelota a uno de tu mismo equipo, aunque parezca –y sea– una obviedad. Si fallás en eso, chau, sentate a ver el partido desde afuera. Y Godoy Cruz falló bastante en eso. Y no estamos hablando del picado que usted juega el martes a la noche con los amigos, ya medios pelados y panzones. No, nada de eso.

    Estamos hablando de gente que trabaja de futbolista y que entrena todos los días para, justamente, en un partido, pasarle la pelota a un compañero. Es cierto que el equipo de Enzo Trossero, a pesar de las imprecisiones en el manejo de la bola, dominó los primeros veinte minutos del encuentro. Pero también es cierto que no generó chances claras de gol. Sólo tuvo pelotas paradas, centros pasados, esas cosas. Nada profundo, sorprendente. Nada que ver con lo que hizo ante Racing. Tigre tampoco propuso nada ambicioso.

    Pero en una jugada en la que Vallés rechazó corto y mal en la puerta del área grande, Salomón metió un tacó en el aire que fue un error y después trató de corregir y metió un pase –intento de rechazo– que fue un espanto y dejó solo a Morel y todo cambió. El enganche de Tigre dio las gracias, definió un palo y a festejar el regalo mendocino. Higuaín no estuvo fino, Torres volvió a pasear por la cancha, Rojas hizo lo que pudo y Salomón jugó el peor partido desde que está en Godoy Cruz, y eso que ya ha sumado varias actuaciones bajas.

     Adelante, a Chávez casi no le llegó la pelota y, a Vera, las que le llegaron fueron por arriba y Jesús no es Palermo. Verita necesita la bola por abajo, para clavarle los tapones, aguantarla, descargar de frente, darse vuelta, probar al arco. En el segundo tiempo, Trossero cambió fichas sin arriesgar. Fue volante por volante (Valencia por Torres) y delanteros por delanteros (adentro Vega y Jara, afuera Chávez y Vera). Godoy Cruz siguió careciendo de profundidad cuando trataba de atacar. Encima, Curbelo metió un patadón y dejó al equipo con un jugador menos.

    Ahí sí, el Tomba tuvo unas chances bastantes desprolijas, pero chances al fin. La pelota siguió sin entrar al arco local. Jara mostró ganas y Vega tuvo una pero no pudo definir. Valencia, en tanto, dio un pase bien, o dos. Muy flojo. El colombiano es puro vértigo y en ese vértigo perdió casi todas las pelotas que tocó. Sobre el final, con el Tomba regalado atrás, una contra del Matador liquidó el partido, y Fondacaro tocó en la línea del arco para que el equipo de Diego Cagna volviera al triunfo después de doce fechas.

    Sí, cuente bien: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... doce. “El Tomba aviva giles”, dirían en mi barrio. Trossero deberá trabajar mucho con este plantel, tanto en lo futbolístico como en lo anímico. Un día este equipo la rompe –como contra Racing– y siete días después da pena ante el último de la tabla. Por momentos, frente a Tigre, daba la sensación de que en Godoy Cruz hubo un cambio para que nada cambiara. La única diferencia con respecto al juego del equipo en tiempos de Diego Cocca es Higuaín. Ahora, el Pipita está más liberado, como enganche. Nada más. Todo lo demás, sobre todo el bajo nivel, sigue igual. Lindo desafío tiene Enzo Trossero. Lo primero, claro, será darle la pelota a un compañero.

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