Comparados con el Paraná los ríos nuestros son humildes, casi sin categorías. Pero comparados con el desierto que nos rodea, son la vida y la posibilidad de crecer. Por eso los ríos de Mendoza son tan conocidos e indispensables a la hora de definirnos. Vamos a repasar los más pulsudos. Digo el Desaguadero y estoy hablando de mucha historia, digo el Mendoza, que le permitió la vida al Oasis norte; digo el Tunuyán, que desparrama verde por el Valle de Uco; digo los del Sur, el Diamante, una joya que anda; el Atuel, que genera todo lo que genera; el Malargüe, más al sur, con todo su potencial de agua. Pero hay un río al que me parece no le damos la importancia que podría tener: el río Colorado.

   Se llama Barrancas antes de unirse con el Río Grande. Limita con Neuquén y con Río Negro. Por lo tanto, un porcentaje considerable de su cauce, de su empuje, de su potencial, de su caudal, nos pertenece. Tiene una función similar al Desaguadero, y podría servir para muchas cosas más. En parte es nuestro, pero no lo consideramos como nuestro, no está en nuestra conciencia de provincia. Deberíamos prestarle un poquito más de atención y tramar, junto a los Neuquinos, su aprovechamiento integral. Me parece que no es para andar despreciando al único río de los que tenemos que llega al mar.