He escuchado a muchos sabedores del tema que se oponen a la construcción en ese lugar por motivos ecológicos y de seguridad. Dicen que atenta contra una natural distribución de las lluvias y canaliza el agua en lugares no previstos que pueden provocar aluviones. Sin embargo se sigue construyendo en el piedemonte sin prestarle importancia al impacto ambiental. Noches atrás, al volver a la ciudad, me fijaba en las luces que coronan el Cerro Arco. Son de las de las antenas de comunicación que allí se encuentran y de las viviendas de los que las atienden. Parecen simpáticas las lucecitas. Marcan la cumbre de uno de los cerros más cercanos, le dan un aspecto curioso y agradable a las miradas nocturnas.

      Pensé entonces ¿cuál será la visión que tendremos dentro de cien años? Cien años atrás, lo más próximo al piedemonte eran algunos puestos que quedaban donde el diablo perdió el poncho y el incipiente Parque General San Martín, que apenas se escapaba de la calle Boulogne sur mer. Ahora tenemos luces en las cumbres de los cerros, dentro de cien años estarán los cerros llenos de luces de los barrios que se habrán de trepar por las laderas de la precordillera, así como el Valparaíso que muchos conocemos. Sigo prefiriendo a las montañas desnudas,me parece que tienen un encanto tan especial que no necesitan ni asfalto, ni cemento, ni luces de neón.