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9 de septiembre de 2006
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DESTINOS INTERNACIONALES: CHINA

Shangai, una ciudad de acero y cristal

En un mismo lugar contrastan grandes rascacielos y edificios milenarios.

    Aquel lugar que las películas en blanco y negro solían mostrar, la ciudad de los salones de juego, los burdeles, los sitios para fumadores de opio y las historias turbias, dista mucho de la Shangai actual. En realidad, aquella ciudad que retrataban los filmes ya forma parte de la memoria, porque en gran medida desapareció para dejar paso a una megalópolis futurista en la que viven dieciocho millones de personas.

    De la década del 30 apenas quedan en Shangai las brumas perennes, las lujosas mansiones de la llamada concesión francesa y magníficos edificios que se alinean en la orilla izquierda del río Huang Pu, en el Bund, un bulevar que fue el corazón financiero de Shangai y el símbolo de la ocupación de franceses, ingleses y estadounidenses. En ese bulevar estaban los bancos y el mítico Shangai Club, donde se reunían los aventureros y los compradores, hasta que la llegada al poder de los comunistas, en 1949, acabó con todo.

TIERRA DE RASCACIELOS. Uno de los edificios más hermosos y mejor conservados, de estilo art-decó, es el Peace Hotel, en una esquina de la calle Nanjing, la más famosa y transitada de la ciudad. Este es uno de los pocos edificios que siempre ha tenido la misma función, ya que permaneció abierto, incluso, durante la Revolución Cultural. Desde su terraza, en el undécimo piso, hay una de las mejores vistas del río y los rascacielos que se levantan en el antiguo barrio del Pudong, hoy llamado el Manhattan de Shangai.

    El Pudong está justo en la otra orilla, frente al Bund, y hace dieciséis años era terreno agrícola con algunas fábricas y almacenes industriales. En 1992 fue convertirlo en el corazón de lo que llaman “nuevo capitalismo de Estado chino”, y desde entonces no ha parado de crecer. Tanto, que los lugareños dicen que para ver la historia de China hay que ir a Xian, para conocer el presente hay que visitar Beijing, y para ver el futuro hay que pasar por Shangai.

    Según algunas cifras, los chinos dicen que en Shangai hay más de tres mil edificios de más de 30 pisos, y hay proyectados otros dos mil. Son rascacielos modernísimos, la mayoría, de acero y cristal, entre los que se destaca la torre Jinmao, considerada la joya de Shangai, ya que es la cuarta torre más alta del mundo, después de la de Taipei (Taiwán), las torres gemelas Petronas, en Kuala Lumpur (Malasia) y la torre Sears de Chicago (Estados Unidos).

    Tiene 88 plantas y es un esbelto edificio de acero y cristal diseñado por un estudio de arquitectos norteamericanos. En las primeras 53 plantas hay oficinas y, a partir de la 54, se alza el hotel Grand Hyatt, el más alto del planeta. En el lobby del hotel hay un café con una estupenda vista de la ciudad, pero si el vértigo no resulta un problema, también se puede cenar en el restorán situado en la última planta, al que conduce un ascensor que avanza a nueve metros por segundo.

   Desde esa misma planta, a 340 metros, se descubre que el corazón del edificio es hueco y forma un pozo alrededor del que se alinean las 555 habitaciones del hotel. Los chinos lo han bautizado como el Túnel del tiempo, y los visitantes tienen la sensación de que, de un momento a otro, van a aparecer las naves de La guerra de las galaxias. Otro de los edificios más llamativos y visitados es la torre de la televisión de Shangai, llamada la Perla de Oriente, un largo mástil en el que hay ensartadas tres esferas giratorias desde las que se tiene una vista completa de la ciudad.

    Para verla desde el otro lado del río, en el Bund, una buena opción es el restorán circular situado en el piso 25 del hotel Radisson, en la calle Nankin, la más turística de la ciudad, que desemboca en el río y es la arteria comercial más antigua, aunque ahora también está repleta de grandes edificios y es una de las zonas comerciales más variadas y selectas de la ciudad. Por la noche, sus luces de neón nada tienen que envidiar a las de Nueva York .

EL RECUERDO DE LA CIUDAD ANTIGUA. Pero aún queda en pie parte de la vieja ciudad. Muy cerca del Bund hay una especie de oasis de casas bajas que por su pequeña extensión puede recorrerse a pie. Allí se encuentra el Yu, un clásico jardín chino de dos hectáreas, rodeado de muros y que está considerado como uno de los más hermosos del país. Fue diseñado en el siglo XVI por el entonces gobernador de la provincia en homenaje a sus padres y fue un jardín privado durante mucho tiempo. Como en todos los jardines chinos, sus elementos representan al mundo y al hombre a escala. No hay líneas rectas ni perspectivas con horizonte, sino rincones, pequeños riachuelos, puentes, laberintos y espléndidos pabellones, además de un árbol yinkgo biloba de 400 años y una magnolia de un siglo.

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