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28 de octubre de 2006
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ANCIANIDAD

Sexualidad y vejez, un tema pendiente

El arribo a la tercera edad impone ciertas limitaciones sexuales que es necesario tratar

    El sexo en la etapa de la vejez es un tema muchas veces considerado tabú, pero que, necesariamente, debe ser tratado. Muchas son las causas que interfieren en la llamada disfunción sexual típica de la ancianidad, la que no permite el mantenimiento de relaciones satisfactorias, necesarias en esta como en cualquier otra etapa de la vida. Marcelo Barcenilla, médico especialista en geriatría, describe el panorama y aporta información para que aquellos que transitan esta etapa puedan encontrar soluciones a sus problemas y, sobre todo, logren vivir su sexualidad plenamente.

ELLOS Y ELLAS. El descenso más pronunciado en la frecuencia de la actividad sexual pude ocurrir pasados los 65 años en la mujer y después de los 73-75 en los hombres. No obstante, los varones tienden a mantener un mayor interés en el sexo, incluso en edad avanzada y, en muchas ocasiones, los ancianos intentan continuar con los mismos modelos sexuales de su juventud, pero con menor frecuencia en las relaciones sexuales.

¿CUÁLES SON LAS CAUSAS? Las de mayor importancia son cambios fisiológicos normales relacionados con la edad –los que pueden afectar al grado de excitación y tensión o interés sexual–, enfermedades crónicas como diabetes, depresión, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc) y patologías de próstata como cáncer o artritis reumatoidea deformante. Asimismo, algunos medicamentos como los antiparkinsonianos o antidepresivos pueden ejercer un efecto no deseado sobre la función sexual o disminuir la libido. Un dato a tener en cuenta sobre las mujeres: en aquellas que transitan una edad avanzada, el obstáculo más importante para permanecer sexualmente activas es la muerte de su pareja.

    Esto no es un hecho menor si se considera que las viudas sobrepasan a los viudos en una relación de tres a uno. Además, gran porcentaje de mujeres mayores creen que el sexo fuera del matrimonio no es apropiado (sus familiares y el medio tienden a reforzar esa creencia) y, por lo tanto, prefieren inhibir se deseo sexual. Lo importante es que, tanto en hombres como en mujeres, la disfunción sexual es un problema frecuente y, debido a diferentes factores, como vergüenza, miedo o ignorancia, no es consultado al médico. De ahí que es fundamental que el médico geriatra entable una relación basada en la confianza con su paciente.

PATOLOGÍAS ASOCIADAS. La disfunción sexual puede estar relacionada con diferentes factores, especialmente en el caso de los hombres. Quienes padecen diabetes (y consiguientes problemas circulatorios), Epoc (los pacientes demuestran temor a asfixiarse durante la relación sexual y, en consecuencia, rechazan el contacto físico), tienen antecedentes de infarto agudo de miocardio (que padecen temor a la muerte repentina durante la relación sexual, depresión y dolor torácico o difnea) o artritis reumatoidea (a los que se aconseja la aplicación de calor en las articulaciones antes de las relaciones) deben asistir inmediatamente al especialista, quien aportará la solución apropiada para cada caso. Sin embargo, es importante detenerse en aquellos individuos que tienen alteraciones de los modelos sexuales por demencia o Alzheimer y demuestran conductas sexuales inapropiadas o estados de enamoramiento repentino.

    Ante estos casos, es necesario educar a la pareja o a los familiares del paciente para que comprendan los cambios en la sexualidad que acompañan la enfermedad. Frente a todos estos problemas, comunes al llegar a los albores de la vida, la mejor solución es el apoyo, el cariño y la comprensión por parte del entorno próximo de la persona en edad avanzada, para que esta pueda vivir esta etapa de manera satisfactoria.

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