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9 de agosto de 2020
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Efecto cuarentena

El sexo en tiempos de coronavirus: cómo cambió la prostitución en Mendoza

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El miedo a los contagios, la crisis económica y la alarma de los vecinos, en el centro de la escena. El infectólogo Omar Sued y asociaciones de trabajadoras sexuales opinan sobre el tema.

La pandemia de coronavirus obligó a las trabajadoras sexuales de Mendoza a transformar su oferta ante la baja de clientes y el riesgo a los contagios. La desigualdad más marcada se revela entre las que tienen departamentos privados, las que poseen la tecnología para hacer videollamadas y las que, pese a las restricciones, tuvieron que volver a la calle. 

El punto de quiebre para el sector fue el cierre de los hoteles transitorios. Es por eso que tras declararse la cuarentena el 20 de marzo, muchas abandonaron la vía pública para reinventarse.

Las que siguen recorriendo la llamada Zona Roja son las que acuerdan cita previa para ir a una casa u oficina. Otras tienen que dar el servicio dentro del auto. Y una modalidad que se puso de moda es la de subalquilar la pieza de una compañera por $300: el llamado “pase rápido”. 

Sexo oral con barbijo

Natalia es trabajadora sexual y desde hace más de dos décadas se para en la misma esquina. Sin embargo la pandemia provocó un cambio radical: tuvo que quedarse en casa mientras veía que los ahorros se iban acabando, pese a que su habitual clientela la seguía llamando en busca de sexo.

“Me di cuenta que toqué fondo cuando dejé de comprar leche y gaseosas y tuve que salir a pedir un cigarrillo a una vecina. Hacer la calle no era una opción porque tenés que prestar servicio en el interior del vehículo, te ponés en riesgo con la Policía y con la enfermedad, porque no tenés donde higienizarse”, aseguró.

Hace poco más de un mes recibió un mensaje de un conocido que la alentó para alquilar un departamento por día. Volver al ruedo le cuesta $3.000 -tres veces por semana-, por eso tuvo que modificar algunos valores, teniendo en cuenta que antes de la cuarentena, el sexo oral costaba unos $300, el pase rápido arriba del auto unos $500 e ir a un hotel $1.000.

La mujer siente que en el departamento está más protegida. No sólo puede bañarse, también sanitiza todo antes y después del turno. “Al principio me tomaba el coronavirus con risa, pensé que se trataba de una paranoia colectiva. Pero ahora que Mendoza fue declarada zona de transmisión comunitaria sabemos que cualquiera puede tener el virus. Lo que rescato es que los clientes llegan con su tapabocas y no se lo sacan, incluso, en pleno acto”, dijo Natalia.

Y detalló que insta a los hombres a usar preservativo cuando les realiza sexo oral: “Me parece que esta práctica es la más segura porque tengo menos contacto. Lo único que me falta resolver es cómo desinfectar el dinero”.

Precauciones

Omar Sued, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología e integrante del comité de expertos que asesora al Gobierno nacional consideró que el sexo durante la pandemia de coronavirus requiere un nuevo conjunto de precauciones.

“Al margen de que el virus podría estar en el semen y podría ser una vía de transmisión, que todavía no se describió, podemos pensar que las personas que tiene relaciones sexuales acercan sus caras a menos de dos metros, con lo cual el riesgo de transmisión es más fácil todavía por los besos, la respiración o al dormir juntos”, sostuvo el infectólogo y también miembro de la Fundación Huésped a El Sol.

En este sentido, consideró que “es posible que algunas posiciones sean más riesgosas para usuarios y trabajadoras sexuales que otras”.

Consecuencias devastadoras

Se estima que cerca del 80% de las travestis y trans de la Argentina viven de la prostitución. Según Nadir Cardozo, de la red de trabajadoras sexuales de Latinoamérica y de las mujeres transgénero, los resultados de esta pandemia serán “devastadores” para uno de los sectores cuyos derechos han sido vulnerados históricamente. 

“La población trans de Buenos Aires está compuesta de jóvenes migrantes que abandonaron sus provincias. Vienen de Salta, Tucumán, Mendoza, San Juan y el trabajo sexual es un sustento diario para pagar el techo y la comida”, dijo.

Según Cardozo, la cuarentena no hizo más que profundizar la precariedad en la que viven. “El cierre de los hoteles afectó muchísimo en todo el país. Además las que tenían un lugar tampoco se atreven a recibir clientes por miedo a los vecinos, al contagio y al estigma de contraer la enfermedad”, señaló. En este sentido recalcó que la misma situación se replica con las personas que ejercen la prostitución a lo largo y ancho de la Argentina.

Bajo la misma órbita Fátima Olivares, secretaria general en Mendoza de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina), señaló que si bien son pocas las mujeres que salen, “las que más se ven son las chicas trans que son las que se encuentran en un estado de vulnerabilidad mayor”, contó.

Reconoció que muchas se han amparado en su familia, pero otras han quedado sin nada. “La sociedad tiene una mirada tan leve de lo que pasa con nosotras. Con AMMAR las estamos ayudando con los bolsones de comida que tramitamos en Desarrollo Social de Nación y el de la provincia”, destacó.

Olivares también hizo hincapié en que muchas se postularon al  Ingreso Familiar de Emergencia y otra ya venían postulado al programa Potenciar Trabajo, que promueve la inclusión social plena para personas que se encuentren en situación de vulnerabilidad social y económica.

“La solución que vemos en puerta para las personas trans es que salga la ley de integral trans que no sólo contempla el cupo laboral, también el acceso a la vivienda, a la salud y la educación, salud, entre otros derechos”, apuntó Cardozo.

Vecinos alarmados

Cuando se declaró el aislamiento social, preventivo y obligatoria la Cuarta Sección de Ciudad siguió con movimiento, al menos durante una semana. Luego, las mujeres que ejercen las prostitución fueron apareciendo eventualmente para apelar a la solidaridad de los vecinos.

Así lo reflejan los datos de la Ciudad de Mendoza, que muestra una baja en el número de actas labradas por la contratación de servicios sexuales en la vía pública. Mientras que entre marzo y julio del 2019 se hicieron 263 multas, en el mismo periodo de este año, sólo 50.

 

 

Una residente de calle Salta y Chacabuco contó que “es común que las chicas que vemos todos los días frente a nuestras casas nos pidan ropa para sus hijos, por ejemplo. Pero durante la cuarentena más estricta nos golpearon la puerta para que las ayudáramos económicamente o con mercadería ante la difícil situación”.

Según relatan los habitantes de la zona, en los últimos meses retomaron la actividad y la presencia es cada vez más marcada de jóvenes que, como viene advirtiendo el Gobierno, son el grupo etáreo donde se producen más contagios.

“Muchas están sin barbijo, reunidas y sin cumplir el distanciamiento. Aunque el tema no son ellas, son los clientes que sin importarles nada vienen a buscarlas. Nos preocupan porque se pueden convertir en un foco de contagios. Acá se para, incluso, una chica embarazada, uno de los grupos de riesgo de esta enfermedad”, detalló la mujer que prefirió resguardar su identidad.

Desde la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, reconocieron que el problema es histórico. No obstante, durante la cuarentena la situación ha venido en baja y esperan que vaya disminuyendo la presencia en la zona.

“El programa de seguridad ciudadana Ojos en Alerta ha servido para advertir estos hechos. También los vecinos pueden hacer a denuncia al 4692219, a la base de preventores”, consideró Mario Campos, secretario de Seguridad Ciudadana.

Videollamadas para pocos

“Si sos una trabajadora sexual, considerá conectarte, enviar mensajes o usar videos y salas de chat, o tomá un descanso de tu negocio, si podés”, instó en los últimos días Avert, la organización británica de lucha contra el HIV, que desarrolla una labor similar a la de la Fundación Huésped, pero en Inglaterra. 

La propuesta es tendencia alrededor del mundo, donde muchas prostitutas sumaron estos servicios a su catálogo, además de la venta de fotos y videos. Una llamada de media hora cuesta unos 20 euros (unos $1.700) y en Argentina se cobra entre $500 y $800. En tanto, un pack con fotos y videos explícitos, unos $4.500. Todo se paga vía billetera electrónica.

En cambio, para las trabajadoras sexuales de Mendoza esta alternativa tiene un nicho muy acotado y en algunos casos quienes los ofrecen no viven en la provincia y no se dedican a la prostitución en la calle

“Los hombres que quieren tener relaciones sexuales no van a pagar por una videollamada. De última ven una porno”, sostuvo Natalia.

En coincidencia, Fátima y Nadir opinaron que si bien el servicio no es nuevo, son pocas las mujeres que cuentan con la tecnología para realizarlas. Además, las que brindan esta alternativa, por lo general, no hacen la calle.

Sin embargo, lo que sí les sumó es publicar su perfil en uno de los tantos sitios web de escort para mantener el contacto con futuros clientes. En principio los avisos son gratuitos, pero hay que pagar para subir de nivel y que el anuncio aparezca en los primeros puestos. 

Para la pospandemia, algunas esperan un cambio radical en sus vidas y otras que los hábitos que adquirieron en estos tiempos se instalen: como la organización de las citas previas, la seguridad del departamento personal y los hábitos de higiene de los clientes antes y después de cada encuentro sexual.

Cómo cuidarse

La organización Avert emitió una serie de consejos a la hora de tener sexo con alguien con quien no se vive para reducir el riesgo de contraer y propagar el coronavirus.

  • Evitar besar o intercambiar saliva con alguien fuera de su hogar.
  • Evitar las actividades sexuales que incluyen lamer alrededor del ano ya que el virus puede encontrarse en la materia fecal.
  • Usar preservativos o barrera bucal para reducir el contacto con saliva o excremento.
  • Bañarse y lavarse bien las manos y el cuerpo con agua y jabón antes y después del sexo.
  • Si se usa juguetes sexuales, lavarlos a fondo con agua y jabón y no compartilos.
  • Considerar técnicas de excitación sexual que no impliquen contacto físico, como hablar.
  • Masturbación mutua con distanciamiento físico.
  • Limitar interacciones físicas reduciendo el número de parejas sexuales que tiene en general y / o al mismo tiempo.

 

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