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6 de enero de 2010
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Ser pero no estar

Es enero y no hay nadie. Ya sé que se ve gente. Vos vas al centro y ves mucha gente caminando, un poco menos que lo habitual, pero mucha, con cara de mufa porque tiene que estar acá.

    Es enero y no hay nadie. Ya sé que se ve gente. Vos vas al centro y ves mucha gente caminando, un poco menos que lo habitual, pero mucha, con cara de mufa porque tiene que estar acá. Si ves en el centro a un tipo medianamente distendido y sonriente, no es menduco, es turista. O sea, gente hay, no es que se haya ido toda, pero parece que son habitantes virtuales de una ciudad virtual, porque no los encontrás.

    Vas a hacer un trámite a una oficina pública y pedís hablar con el director, el subdirector, el secretario, el secretario del secretario, el ordenanza o el tipo de la vigilancia de la puerta, y no están. Y vos los ves que están pero no están. Se han ido, aún quedándose. Son numerosos los negocios donde encontrás el cartelito “Cerrado por vacaciones” y a muchos que no están cerrados mejor no entrés, porque no te dan bola.

    Preguntás algo y te contestan a media voz y con una mirada que no está donde estamos, sea tienda, farmacia, zapatería, DGI, municipio o gobernación, la mirada está en una playa debajo de una sombrilla, insultando en arameo porque le tocaron días nublados. Pero no son respuestas que se den in situ, sino más bien in un situ que está en la costa. Y, si por ahí te topetás con alguien que te contesta algo coherente, seguramente te dice: “Mire, le convendría venir después de las vacaciones”.

    Es lógico entenderlos a los tipos, los agarró el cansancio que traían del 2009, más el descontrol de las fiestas, más el cansancio de saber que iban a tener que laburar en enero, más los calorones que están haciendo en nuestra provincia en los primeros días del año bebé y los tipos, decididamente, no están. Son zombies de una nueva especie, andan reptando por las calles con sus obligaciones a cuesta pero sin la más mínima intención de cumplir con ellas.

    Ayer fui a lo de mi psicólogo que me atendió de bermudas, con anteojos oscuros, el torso desnudo, un salvavidas tipo patito en la cintura y no paró de sacarme fotos con el teléfono celular mientras duró la sesión. Después me dijo, al despedirme, lo espero mañana en este mismo balneario. Traiga el tejo. La gente está pero no está, enero es un mes en el cual se dan patadas los verbos ser y estar.

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