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26 de noviembre de 2020
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Investigación

Ser generoso y confiable, clave para el éxito profesional

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Foto: You X Ventures.

Ser antipático en el trabajo no sirve de nada y cada vez está peor visto. Así lo confirma la ciencia.

Una investigación de la Universidad de California analizó la correlación entre los rasgos de una personalidad desagradable y el éxito en el ambiente de trabajo. Y concluyeron que “los individuos egoístas, engañosos y agresivos no tienen más probabilidades de alcanzar el poder que los individuos generosos, confiables y agradables”.

¿Es más probable que los individuos desagradables alcancen el poder que los agradables? “Esta pregunta es importante porque las personas muy desagradables en posiciones de poder pueden causar mucho daño. Por ejemplo, los directores ejecutivos que son desagradables y acosadores crean culturas de abuso y tienden a llevar a sus organizaciones al fracaso”, asegura el informe. 

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Y agrega que “en dos estudios prospectivos longitudinales, encontramos que la falta de agrado no predijo la consecución del poder. Los individuos egoístas, engañosos y agresivos no tenían más probabilidades de alcanzar el poder que los individuos generosos, confiables y agradables”. ¿Por qué no? Las personas desagradables intimidaban, lo que habría elevado su poder, pero también tenían relaciones interpersonales más deficientes en el trabajo, lo que contrarrestaba cualquier posible ventaja de poder que su comportamiento pudiera haber proporcionado.

“Las mujeres hemos traído otro estilo, más de diálogo y menos impositivo, obviamente esto no significa que todas las mujeres seamos así, pero sí hay una cierta tendencia a la colaboración, preferimos llegar a un acuerdo antes de imponer una decisión”, señaló la psicóloga Isabel Aranda al sitio Vogue.

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La psicóloga reconoció que la idea del siglo pasado que vincula agresividad y poder sigue latente actualmente, sin embargo, matiza que las nuevas generaciones apuestan por otro tipo de empresa: más democratizada, en la que se trabaje con más autonomía, con jerarquías más diluidas y mayor trabajo en equipo. 

“Aquellas personas que tienen lo que se llama motivación de poder –que les gusta mandar y decidir sobre la conducta de otros– cuando asumen el rol de mando es muy fácil que potencien esa conducta, porque su propia predisposición se maximiza al alcanzar el poder”, añade la experta.

 

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