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9 de septiembre de 2006
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ENTREVISTA

?Ser bombero es un verdadero sentimiento?

Hace cuatro años que Mary Funes dedica parte de su vida a servir a los demás.

    “Ganas de vivir”. Esta frase es el motor y el gran pilar que define la vida y el entusiasmo de Mary Funes, una mujer que hace cuatro años se convirtió en bombero voluntaria con el único propósito de ayudar a quienes más lo necesitan. Su historia es simple y sencilla, pero connota una importancia muy especial, ya que, siendo aún muy pequeña, sintió el deseo constante de socorrer a quienes estaban sufriendo. Estos y muchos motivos más son suficientes para que hoy esta mujer se transforme en la verdadera protagonista de esta historia de vida.

    “El amor por aquellas actividades que al realizarlas implicaban cierto grado de adrenalina siempre fue mi vocación. Siendo muy pequeña sabía que algún día iba a ser bombero, policía, andinista. En fin, sabía que iba a estar ligada a una profesión cuya concreción estuviera vinculada con el peligro, pero que, a la vez, se uniera con un sentimiento muy profundo, como el de poder asistir a la gente que lo necesita”, comentó Mary, en diálogo con Protagonistas. Proveniente de una familia de clase media, esta mujer heredó de su madre un noble sentimiento: dar amor a quienes más lo necesitaban.

    “Si tuviera que definir mi persona, diría que soy así gracias a mi madre. De ella heredé el amor por los demás y, por ello, ya desde pequeña comencé a trabajar en cuestiones relacionadas con asistir a las personas mayores. Mi sueño siempre fue ser médica, pero, por cuestiones económicas, no pude concretar mis estudios. Sin embargo, ese no fue un impedimento para cumplir con mi vocación de servicio”, manifestó orgullosa.

UNA MUJER DIGNA DE ADMIRAR. Siendo muy joven, esta mujer ligó su vida a las actividades sociales. Proveniente de una familia católica, acudió al colegio San José de las Hermanas Domínicas, donde fue madurando la importancia de solidarizarse con los más humildes. Comenzó a visitar villas de emergencia, iglesias, hospitales y asilos de ancianos, todos lugares carenciados en los que ella y sus compañeros intentaban brindar un granito de arena.

    “Arreglábamos instalaciones rotas, pintábamos Iglesias, tejíamos frazadas y hacíamos actividades solidarias para que esta gente pudiera tener un modo de vida más digno y llevadero”, recalcó emocionada. El tiempo pasó y su amor por el prójimo permaneció intacto. Así fue como comenzó a estudiar las terapias alternativas a fin de ayudar a los enfermos, a los cuales iba a visitar a hospitales o bien a sus hogares, con el propósito de sanar esa dolencia que tanto los afligía. Luego se dedicó a trabajar como profesora de Educación Física y Yoga, y continuó perfeccionándose en terapias, aunque con aquellas vinculadas a los problemas mentales. En la actualidad, esta súper mujer combina sus clases de relajación, hipnosis y meditación con su noble tarea de ser bombero voluntaria.

INICIO DE UN GRAN SUEÑO. Hace cuatro años, Mary, madre de Jonatan (30) e Iván (27) fue incentivada por uno de sus hijos para realizar un curso de bombero. Ante tal proposición, no pudo negarse: ella y su hijo mayor comenzaron el curso, convirtiéndose, un tiempo después, en dos flamantes bomberos voluntarios pertenecientes al cuartel de Godoy Cruz. “Jonatan se recibió primero y yo, unos meses después. Al hacerlo, cada bombero elige a un padrino. Yo, orgullosa, elegí a mi hijo, lo que me generó algo muy especial”, dijo feliz.

    “He tenido que realizar diversas tareas de rescate junto a mi hijo y han sido unas de las experiencias más maravillosas que he vivido. Cuando uno ingresa como bombero, todo se vive de un modo muy especial y no hay distinciones. A cada caso que se nos presenta le brindamos la misma importancia. Por eso, para mí, ser bombero es un verdadero sentimiento”, explicó, y agregó: “Muchas veces hemos tenido que rescatar a gatitos de árboles y lo hemos realizado con el mismo esfuerzo y entusiasmo que pusimos para salvar a un ser humano, lo importante es ayudar y estar, ese es nuestro lema”.

    Muchas son las actividades que esta mujer debe cumplir sirviendo a la comunidad, con el único propósito de hacer un bien, ya que estos hombres y mujeres no reciben solvencia económica alguna. Sólo se les paga un seguro de vida y, a pesar de ello, arriesgan su corazón y sus vidas para salvar a los demás.

    “Durante estos cuatro años he tenido que apagar incendios en casas, autos, galpones y pastizales, rescatar animales y personas. También me han llamado para ayudar a movilizar a personas que no pueden hacerlo solas. Inclusive, he asistido a mujeres que estaban a punto de dar a luz. Nuestra labor no consiste sólo en apagar incendios. Es ardua y sacrificada, pero cada vez que llego a la dotación siento un placer difícil de explicar, porque sé que voy a hacer algo noble por un ser indefenso”, comentó.

EL ROL DE LA MUJER. Como es sabido, la incorporación de las mujeres en actividades realizadas por los hombres no siempre ha sido muy bien visto. Y esta historia no se aleja de esa realidad. Según lo expresado por Mary, su incorporación al cuerpo de bomberos no fue una tarea fácil. “Cuando llegué, de inmediato sentí rechazo por parte de los hombres, ya que no entendían qué hacía yo ahí. Sin embargo, con esfuerzo, dedicación y mucha tolerancia, logré que me aceptaran como uno más de ellos”, recordó, añorando esos tiempos.

    Y tanta fue la aceptación que esta mujer tuvo que, al recibirse de bombero, de inmediato quedó a cargo de la guardia de la dotación, tarea no muy fácil que Mary supo enfrentar con valor y dignidad. “Recuerdo que ese día corría mucho viento Zonda y, de golpe, se activó la alarma. En ese momento me desesperé, ya que no sabía qué hacer, y mis compañeros, al ver mi desesperación, me facilitaron los cascos, la vestimenta adecuada, me dieron las instrucciones pertinentes y así fue como salí y logré cumplir mi objetivo”, expresó sonriente.

    A partir de ese día, sus compañeros varones comenzaron a aceptarla como un bombero más, entendiendo que las mujeres también pueden ser útiles para esos trabajos. En la actualidad, y gracias a la incorporación de Mary, ocho son las mujeres que comparten el cuartel junto a ella. Sin dudas, todas son dignas de valorar y admirar, no sólo por su entrega y fortaleza, sino por su fiel vocación de servicio.

APOSTAR A LA VIDA. La vida de Mary no siempre fue color de rosa, a pesar de que, cuando uno habla con ella, de inmediato se percibe a una persona alegre, entusiasta y con un espíritu jovial digno de elogiar por su capacidad de afrontar cada obstáculo que la vida le puso en su camino. “No fue una vida sencilla la mía. Hace unos años, mi hijo mayor sufrió un accidente y su cuerpo quedó inmóvil.

    A pesar de ese duro panorama, sólo junté fuerzas y me entregué a él abocándome de lleno a su recuperación”, dijo orgullosa, y añadió: “Cada mañana me levantaba y sabía que con mi amor iba a sacar adelante a mi hijo. Así fue como, con su hermano, comenzamos a hacerle rehabilitación y logramos que Jonatan pudiera recuperar la movilidad”. “Hoy es un hombre capaz de realizar todo tipo de actividad. Baila flamenco, tiene una banda musical, es profesor de rugby y, además, me acompaña en esta aventura de ser bombero”, recalcó emocionada. “Gracias a Dios, puedo decir que me considero una persona muy feliz y que siento que soy plena, ya que desde hace 49 años hago lo que siempre deseé, que es ayudar a los más indefensos”, agregó.

OTRAS ACTIVIDADES. Además de las tareas ya mencionadas, Mary también se dedica a entrenar perros para rescate. “Hace un tiempo, organicé una demostración de rescate en un incendio y a unos compañeros del cuartel les pareció importante hacer lo mismo con canes. A partir de allí me entusiasmé y comencé a vincularme con estas tareas. En la actualidad entreno a un perro labrador de ocho meses llamado Marlboro. La verdad es que me brinda muchas satisfacciones por su enorme inteligencia”, recalcó sonriente.

LLAMADO DE ATENCIÓN. La tarea de Mary, junto a la del resto de los bomberos, merece un reconocimiento muy especial por parte de la sociedad mendocina. Estas personas trabajan ad honorem, no perciben jubilación ni obra social ni, mucho menos, un sueldo fijo. Sólo trabajan impulsados por una única convicción: servir a los demás. Por ello, a través de esta historia de vida, la propuesta es hacer un llamado a los mendocinos que estén en condiciones a contribuir con estas personitas de nobles sentimientos, ya que son muchas las necesidades que padecen, entre las que se destaca algo tan importante como son sus equipos de trabajo.

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