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14 de mayo de 2007
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Semana movida para Kirchner

El pobre Sancho no tiene quien le ladre. En lo apócrifo de la cita, entre cervantina y garciamarquiana, subyace que el presidente Néstor Kirchner sigue siendo, hoy por hoy, el único político capaz de manejar los tiempos en Argentina, ya que comprendió, cuando la escalada de la crisis institucional de Santa Cruz lucía imparable, el terrible desgaste al que lo sometía frente a la opinión pública tanto tiempo perdido, represión incluida. Se olvidó de los varios y fallidos intentos de inspirar lástima y, sin anestesia, cortó por lo sano y bajó del caballo al gobernador.

    El pobre Sancho no tiene quien le ladre. En lo apócrifo de la cita, entre cervantina y garciamarquiana, subyace que el presidente Néstor Kirchner sigue siendo, hoy por hoy, el único político capaz de manejar los tiempos en Argentina, ya que comprendió, cuando la escalada de la crisis institucional de Santa Cruz lucía imparable, el terrible desgaste al que lo sometía frente a la opinión pública tanto tiempo perdido, represión incluida. Se olvidó de los varios y fallidos intentos de inspirar lástima y, sin anestesia, cortó por lo sano y bajó del caballo al gobernador.

    Ese timing tan particular es un don especial del presidente. Es el mismo concepto que en el fútbol resuelve los partidos cuando no hay individualidades que desequilibren: gana el que impone el ritmo, cadencia que ningún opositor logra hasta ahora calibrar para hacerlo jugar de otra manera y es lo que notoriamente lo distingue. Para muestra basta repasar la letra del discurso que hizo el viernes, cuando puso en marcha el Plan Productivo Nacional: nada de Santa Cruz y mucho de ideología, con la mirada puesta en las elecciones. ¿Dónde pegó el presidente? Kirchner hizo centro en las diferencias entre las pluralidades de izquierdas y de derechas, lo que no es juntar el agua con el aceite, dijo. Enseguida marcó la cancha y dividió el terreno, con un peligroso nosotros y ellos como trasfondo: “La pluralidad es que todos aquellos argentinos que pensemos en un país estratégico con inclusión social, con justicia social, con industrialización, un país sin asimetrías, sin patios traseros, con una justa distribución del ingreso, que crezca y no se concentre en unos pocos, esa pluralidad se juntará y construirá una opción política desde un lado”.

    También enmarcó su visión de las cosas desde el lado de los réprobos o neoliberales, como aprovechó para motejarlos: “Y habrá otra pluralidad, que será de los sectores de la derecha argentina, que creen que hay que concentrar la riqueza en unos pocos, que quieren un país de servicios, que hay que cuidar el gasto público porque si se hacen muchas viviendas, se desequilibran las cuentas, si se hacen muchos hospitales, se gasta mucho y esto no sirve”, añadió. ¿Quién, en su sano juicio, podría oponerse al país del ensueño y aprobar con su voto el país del oprobio? Además, el envión del presidente tuvo otro fundamento: mostrar la notoria vergüenza que sienten los políticos que deberían representar a los sectores de la llamada centroderecha por reconocerse como líderes de esa importante porción del electorado y cómo utilizan eufemismos para esconder esa pertenencia o afinidad. Al fin y al cabo, Carlos Menem y Ricardo López Murphy, cada uno con su propia historia personal y con sus insalvables diferencias de fondo, en el 2003 reunieron más de 40 por ciento de los votos de ese espectro. Cuando pronunció su discurso, Kirchner tenía muy en claro que el lunes siguiente a la ratificación de Nicolás Sarkozy como nuevo presidente de Francia, algunos referentes se escondieron, ya que no hubo ningún político en Argentina que capitalizara para sí el triunfo de la derecha en un país que, aún con sus motivaciones nacionalistas para frenar la inmigración y con particularidades sociales muy diferentes a las locales,marca cierta tendencia en Europa en relación a sus virajes. El presidente tampoco aludió directamente en su discurso al caso Skanska ni a las sospechas judiciales de coimas a funcionarios del Estado. Claro está que habló de la obra pública como uno de los fundamentos del programa económico, aunque sin abundar demasiado en una cuestión que también ha jaqueado al Gobierno desde el costado de las suspicacias, especialmente por la matriz que ha armado para adjudicar las obras y financiarlas vía fondos fiduciarios.

    En el caso de los gasoductos, la última palabra la tendrá la Justicia, que es la que tendrá que cuantificar si el valor de las tres plantas de compresión que se montaron para TGN tuvieron el costo que decían las empresas constructoras, precios que convalidó Enargas, o si el presupuesto de la concesionaria que opera el grupo Techint era el correcto. En defensa del Gobierno, el diputado tucumano Gerónimo Vargas Aignasse acaba de afirmar que una planta de 30.000 caballos de potencia en Brasil costó 1.130 dólares por HP y 975 dólares valió otra en Estados Unidos, aunque no quiso mostrarle a DYN la fuente de esas verificaciones y, sobre todo, la fecha de las construcciones, ya que los precios han sido muy cambiantes en los últimos años, sobre todo por la explosión de requerimientos de estos equipos, producto de las grandes construcciones en China y el mar Caspio.

    El legislador cuestionó a Techint y dijo que presupuestó bajo para evitar que la obra avanzara, una forma de presionar para que aumentara el precio del gas, y le imputó un sobrecosto de cinco millones de pesos por la falta de entrega a tiempo de motores. En cambio, fuentes del mercado defendieron los cálculos del concesionario como muy realistas para el momento en que fueron realizados.

    En medio de este marasmo empresarial, Argentina salió a licitar en la semana bonos a diez años, emitidos en dólares, y logró colocar los previstos 750 millones de pesos, pero a una tasa de 8,44 por ciento anual, casi al mismo precio que una licitación anterior. Infantilmente, lo único a que atinó el Gobierno fue a decir que la oferta subió, lo que no esconde que el supuesto éxito de la colocación ha sido debido a la liquidez internacional, argumento que Felisa Miceli desechó porque aquí se produce y no porque Argentina sea parte de la fiesta financiera. Extraña manera de congraciarse con los inversores, lo que no pudo disimular la ministra fue que los 1.100 millones restantes le estaban pidiendo un mayor premio que el efectivamente pagado.

    Los operadores estimaron que estos requerimientos hacia el alza se debieron a las dudas sobre las coimas, a lo que debe sumarse la intervención en el INDEC y la situación política en Santa Cruz, por la que Carlos Sancho fue sindicado como el más culpable entre todos los responsables y se tuvo que ir por la puerta de atrás de una función a la que accedió hace algo más de un año, dicen en Río Gallegos, solamente por haber sido ex socio de Néstor Kirchner. Mal de los santacruceños, hombre parco con el periodismo por temor a preguntas incómodas, timorato y algo enfermo, en esos días de horrorosa crisis institucional el ahora ex gobernador apenas logró hilvanar un simulacro de conferencia de prensa ante los medios locales, adictos y confiables. Hasta ahora, pagó con el silencio de los leales, ya que es sabido que nadie hacía (ni hace) nada en la provincia del presidente que no haya sido ordenado por la Casa Rosada.

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