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19 de septiembre de 2006
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HUMOR

Secretos

Jóvenes andinistas ascendían el Aconcagua con hambre de cumbre e intentaron una ruta distinta, no muy alejada de la normal

    Jóvenes andinistas ascendían el Aconcagua con hambre de cumbre e intentaron una ruta distinta, no muy alejada de la normal. En un momento, tuvieron que hacer una cordada, pasar a través de un profundo acarreo mediante cuerdas.Entonces, uno observó el lugar. De pronto vio algo curioso, parecían yuyos. Se dijo: “A los cinco mil metros de altura, difícil”. Pensó, entonces, que eran plumas de cóndor. La altura también lo hizo descartar esa posibilidad.

    Entonces se acercó y vio, entre plumas, el segmento blanco de una calavera. Había descubierto el enterratorio inca del Aconcagua, por accidente, como suelen descubrirse muchas cosas. Allí estuvo ese adolescente consagrado a los dioses durante más de quinientos años sin que nadie perturbara su propósito: llegar a los dioses. ¿Cuántos secretos nos reserva aún esa cordillera que fue hollada por antiquísimas culturas?

    El hombre mira al universo y trata de escudriñarle sus secretos y todavía no termina de descubrir los secretos que lo esperan en el patio de su casa. Algo habrá de ocurrir, algo: una niña para el amor que se llama vida. En fin, no la hagamos esperar más. Chau, se la sigo mañana.

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