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13 de noviembre de 2009
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FALTA DE INFRAESTRUCTURA

Se necesitan 600 millones de pesos para que OSM brinde un servicio ?razonable?

Lo afirmó el interventor Gonzalo Dávila. Asimismo, calificó como ?difícil? la situación para el verano y culpó a la casi nula inversión.

    Tanto desde Obras Sanitarias Mendoza SA (OSM) como desde el Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS) coinciden en algo. Este verano será muy delicado y se insistirá más que nunca con el uso responsable del agua. Sin embargo, el interventor de la empresa no sólo larga dardos contra el consumo que se hace en cada casa, sino que admitió que gran parte de la culpa del derroche de agua es responsable la empresa, o, mejor dicho, de los empresarios dueños de las acciones, que durante 11 años hicieron sólo 10 por ciento de las inversiones que comprometieron, lo que provoca que actualmente se necesite de una cifra millonaria para dejar el servicio en “una condición razonable”, según definió el interventor de OSM, Gonzalo Ávila.
MILLONARIO. Mientras que el Ejecutivo negocia un endeudamiento de varios cientos de millones de pesos (ver página 2), tan sólo Obras Sanitarias Mendoza “necesitaría de una inversión de 600 millones de pesos para brindar el servicio en una condición razonable”, explicó Dávila. Esto tiene su causa en el abandono al que estuvo sometida la empresa desde que fue privatizada y convertida en sociedad anónima, en 1998. Además, el abandono tiene sus consecuencias, ya que la misma empresa pasa a ser en parte culpable del derroche de agua que hay en la provincia, convirtiéndose en una de las responsables de que este verano sea “muy delicado”, como graficó la situación Dávila. Según el interventor de OSM, uno de los reclamos más comunes se relaciona con la baja presión, aunque desestimó que ese problema surja por la falta de lluvia y aseguró que, en realidad, es a causa de la falta de inversiones.
     “Tiene que ver con que no tenemos las instalaciones adecuadas”, explicó Dávila. Estos factores provocan no sólo que no se haya aumentado la capacidad de producción de agua potable, sino también que las instalaciones “están más deterioradas y tienen peor rendimiento”, a lo que hay que sumarle el crecimiento poblacional y los problemas de distribución de agua, “ya que hay cañerías que pierden o que no son suficientes para llevar agua”, esgrimió el funcionario. En ese sentido, Dávila explicó que se están haciendo pequeñas obras, “con lo que se puede”, a través de los fondos de la empresa. Algunas de ellas con el fin de mejorar la capacidad de distribución, como lo es un tramo del acueducto Bermejo, y otras que están relacionadas con la continuidad del servicio, como es el cambio de filtros de una planta de Luján.
DESPILFARRO. Los 600 millones que Dávila asegura que se necesitan se deben a la falta de infraestructura. De hecho, el ingeniero reconoció que OSM tiene una gran fortaleza en cuanto a lo que tiene que ver con lo comercial. Sin embargo, no ocurre lo mismo en cuanto a servicios. Precisamente por eso, Dávila aseguró que hay que tener en cuenta que no necesariamente deben llegar los 600 millones de pesos todos juntos –en este momento, imposible, por la situación financiera de la Provincia–, sino que pueden llegar escalonadamente. Asimismo, explicó que también se debe considerar el hecho de que muchas de las obras que se tienen que hacer pueden llevar años, como la ampliación de la planta Benegas, cuyo resultado final recién se podrá observar en tres años, como mínimo.
    Por otro lado, Dávila explicó que ese financiamiento es necesario que provenga de fuentes que estén por fuera de la empresa, ya que si estas obras se quisieran hacer con la tarifa, esta debería aumentar y “se volvería impagables”.
ESTIMACIONES. Para Dávila, la falta de inversiones también hace muy difícil calcular cuánto es el consumo promedio por personas. Por un lado, se estima que lo normal es 250 litros de agua por día, pero en Mendoza ese número trepa hasta los 450 y hasta 500 litros. No obstante, Dávila explicó que esas estimaciones no permiten discriminar realmente cuánto es el consumo verdadero, ya que las cañerías que están rotas provocan que parte de ese líquido se pierda. “Igualmente, se hace necesario un cambio de cultura”, concluyó.

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