Alerta de Defensa Civil por tormentas y granizo
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17 de noviembre de 2009
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VIOLACIÓN SEGUIDA DE MUERTE EN LAVALLE

Se acercan los alegatos por el crimen de Yanel y el acusado está comprometido

Testigos lo vieron en el mismo colectivo del que descendió la víctima. Otros sostuvieron que fue el primero en tener el celular de la chica.

    El juicio por la violación y muerte de Yanel Serapio (16), ocurrida el 21 de agosto del año pasado en La Pega, Lavalle, comenzó a ventilarse la semana pasada en la Primera Cámara del Crimen, a puertas cerradas por tratarse de un delito de instancia privada. El acusado, Hugo Darío González Vera, está comprometido de cara al veredicto. Hay testigos que lo vieron en el micro del que se bajó la víctima cuando regresaba de la escuela y otros que dijeron que el imputado, de 29 años, tenía en su poder el celular de la joven. El veredicto podría conocerse entre hoy y mañana –ayer no hubo actividad en Tribunales–, y el acusado tiene intención de declarar.

    Sabe que está jugado –aunque sus abogados defensores entienden que no hay pruebas directas para condenarlo– y argumentará que el día del homicidio mantuvo relaciones sexuales consentidas con Yanel. Esto porque hay una prueba que difícilmente pueda sortear: el ADN que se realizó con el fin de cotejar el semen hallado en la bombacha y el cadáver de la joven con la sangre de González Vera, que dio como resultado 99,9 por ciento de probabilidades de que sea de él. Asimismo, a lo largo de las jornadas, aparecieron tres testigos clave –uno de ellos de identidad protegida–, quienes, con su relato, conducirían al proceso a una sentencia condenatoria.

    Una de estas personas indicó que vio al imputado esa noche subiendo al mismo colectivo de línea en el que Serapio regresaba a su casa. Es decir, lo situaron cerca de la víctima en los momentos previos a su desaparición. Otro hombre manifestó que observó a una pareja bajarse en la parada del callejón Chacón en el mismo horario en que Yanel debía hacerlo para ir a buscar a la casa de un allegado la bicicleta en la que retornaría finalmente a su domicilio después de la escuela.

    EL CELULAR.
El teléfono celular de la joven es otra prueba con la que el fiscal de Cámara, Javier Pascua, podría sostener sus argumentaciones en caso de que solicite una condena para González Vera. Sucede que a Yanel, luego de ultrajarla y estrangularla, le robaron su celular, el que siguió activo hasta hace pocas semanas. Ese teléfono fue clave para llegar hasta González Vera, según indicaron fuentes del proceso oral que se desarrolla en el segundo piso de los Tribunales locales y que lidera el magistrado Julio Carrizo, acompañado por Lilia Vila y Víctor Hugo Comeglio. El testigo de identidad reservada sostuvo que en una oportunidad (no recordaba la fecha), un joven fue a verlo para liberar el aparato.

    Cuando el comerciante abrió el teléfono, descubrió que contenía una tarjeta de memoria. Entonces, colocó ese chip en la computadora y observó fotos de la joven que había sido violada y asesinada en La Pega. Ante esto, se comunicó con un primo de quien llevó el aparato porque lo conocía y le contó la situación. Esa fue la pista que orientó a los sabuesos hasta González Vera. Pero el acusado no era quien quiso liberar el teléfono, sino otra persona que había recibido el celular de la mano de un sujeto que se lo robó a quien hoy está en el banquillo. Para la abogada defensora Gabriela Massad, “no hay pruebas para condenar a González Vera”.

    “Hay más personas que deberían estar hoy acusadas en el juicio y no nuestro defendido, pero como fueron sobreseídas, nunca se las podrá juzgar”, explicó. De acuerdo con la información aportada por las partes del debate, hoy declararán los últimos testigos y, probablemente, cada uno dé a conocer sus argumentaciones ante el tribunal. El crimen y vejamen de Serapio conmovió a la sociedad lavallina, que se reunió reclamando seguridad y Justicia en la plaza departamental por el terrible suceso.

    La joven desapareció cuando regresaba de la escuela hacia su vivienda y fue hallada varias horas después por sus familiares en un descampado a unos 100 metros de calle Chacón. Tenía los pantalones hasta las rodillas y le habían arrojado tierra en la vagina para ocultar evidencias (ver aparte). El caso generó gran indignación y el fiscal especial Luis Correa Llano esperó seis meses para detener a quien hoy está muy cerca de una sentencia condenatoria.

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