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4 de septiembre de 2006
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INSEGURIDAD

Robo de carbón: un drama que no cesa

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En Maipú y Luján continúan saqueando el tren que transporta carbón. El Sol pudo presenciar el asalto a una de las formaciones. La historia sin fin.

    Ni la muerte del joven Mauricio Morán en Perdriel, cuando la policía trataba de controlar el robo de carbón, ni las repercusiones producidas por este caso han logrado cambiar el panorama. En diferentes puntos de Maipú y Luján aún continúa el robo del mineral al tren. Un recorrido por los barrios más conflictivos que abarca el trayecto ferroviario basta para comprobarlo. El Sol fue testigo de uno de los momentos en los que el tren era abordado por una gran cantidad de jóvenes que, con una notable agilidad, tomaron cuanto carbón pudieron de los vagones y luego lo abandonaron.

    Los vecinos, e incluso los encargados de velar por la seguridad de esas zonas, concuerdan en que esto es algo que se produce todos los días y que no se puede hacer mucho al respecto. “Hay un acuerdo tácito entre el maquinista y los ladrones. Además, la empresa no hace la denuncia, por lo que nosotros no podemos actuar tampoco”, explicaron dos oficiales que se encontraban patrullando las zonas aledañas a la vía.

IN FRAGANTI. La postal se repite todos los días en los barrios y villas que bordean el recorrido del tren que transporta carbón: grupos de jóvenes sentados al costado de las vías, aguardando con bolsas y palas la llegada del botín. Una simple visita a los barrios Nuevo Amanecer, Las Américas e inmediaciones, todos de Maipú, habla por sí sola. También pueden verse en las calles grandes montículos de carbón o en las acequias, convertidas en improvisados almacenes.

    “Una vez que toman el carbón, esperan a un rastrojero para cargarlo y llevárselo”, explicó un policía de la zona, quien agregó que se les hace muy difícil actuar contra esto. “Somos sólo dos uniformados, y en cuanto los vecinos nos ven pasar por ahí, empiezan a salir todos de sus casas. No podríamos actuar aunque quisiésemos”, agregó. Pero no es un trabajo improvisado. Los atracadores tienen muy bien estudiados los horarios. Así se pudo ver con lujo de detalles el miércoles 30 de agosto, a las 17.20, en la localidad Cruz de Piedra (Maipú). En cuanto los asaltantes avistaron el tren, abandonaron sus puestos de vigía y lo abordaron rápidamente.

    Al maquinista no le quedó otra alternativa que detener el vehículo, mientras los jóvenes saltaban de vagón en vagón tirando los pedazos de carbón al costado, para luego recogerlos. Toda la secuencia se produjo en un cruce a nivel, por lo que el atraco se produjo ante la vista de los autos que aguardaban que el tren terminase de cruzar.

LA SEGURIDAD EN EL LUGAR. En el barrio Cuadro Estación existe un descontento generalizado tras la liberación del oficial Cristian Bressant –acusado de matar a Mauricio Morán– el viernes, luego de pagar una fianza de 20.000 pesos. A pesar de esto, el policía continúa ligado a la causa imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por la función. Fuentes policiales aseguraron ser “meros espectadores” cuando, por orden del Ministerio de Seguridad, sólo pueden ubicarse a 200 metros del tren y ver, desde esa distancia, de qué manera los que delinquen pueden actuar libremente.

    “Nosotros no podemos reprimir el delito, ni siquiera cuando estamos viendo lo que se produce. Los delincuentes hacen lo que quieren”, manifestó un uniformado. El destacamento policial de Perdriel, una casilla de chapa de 3 metros de ancho por 9 metros de largo, que depende de la Comisaría 48 de Agrelo, cuenta con sólo un efectivo, recargado de tareas durante las 24 horas. Este policía custodia las salidas de los alumnos de los colegios, protege el transporte público de pasajeros y patrulla, a pie, las zonas cercanas.

ESCASOS RECURSOS. Esta dependencia policial, que estuvo cerrada varios días luego de lo sucedido el 5 de mayo, por las represalias que tomó la gente contra el destacamento, rompiendo los vidrios a pedradas, no tiene movilidad y no puede recibir denuncias por no contar con los elementos necesarios. Es más, posee una máquina de escribir en nefastas condiciones y el handy no tiene cargador de batería, por lo que el efectivo a cargo tiene que trasladarse hasta la Comisaría 48, lo que le ocasiona una gran pérdida de tiempo. Los meses pasaron y la historia sigue repitiéndose, como si en el medio no hubiesen quedado un muerto y dos niños heridos.

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