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28 de marzo de 2007
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GRAVE PERJUICIO ECONÓMICO

Robaron 3.000 libros en dos años

Este faltante fue detectado por personal de la Biblioteca Central de la UNCuyo. Alarmas y una cámara de seguridad no detienen a los ladrones

    Entre los más de 87.000 libros reunidos en los estantes de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Cuyo, en los últimos dos años se ha detectado el faltante de alrededor de 3.000. Más de tres por ciento de las unidades que han desaparecido ha sido sustraído en forma continua por varias personas. En el universo de sospechosos de estas sustracciones se podría incluir no sólo a los más de 18.500 usuarios registrados que tiene la biblioteca, sino, además, a la innumerable cantidad de gente que la utiliza.

    Esta dependencia estatal cuenta con veinte personas que trabajan permanentemente y un grupo de pasantes, quienes tampoco han quedado fuera de la lupa de control con la que cuenta este sitio, la que, obviamente, precisará más aumento. El valor económico de las piezas robadas no está del todo calculado, ya que dimensionar en pesos el precio de los libros que han sido robados será una tarea posterior al inventario que aún no se ha finalizado y que dio luz a este delito.

    Con respecto a qué tipo de textos han sido los más elegidos por los dueños de lo ajeno se destacan los del sector de Literatura. Y en relación a si los ejemplares robados son de valor patrimonial, desde la Universidad Nacional de Cuyo se comunicó que las ediciones únicas o las que son históricas se encuentran bajo llave y a salvo. La directora de esta institución, Isabel Piñeiro, fue la encargada de confirmar la información del robo de los libros universitarios y quien detalló los controles con los que cuenta la biblioteca, entre los que se incluyen alarmas en cada uno de los libros y sus respectivos detectores y un sistema de monitoreo con una cámara.

    “El problema que tenemos es que no disponemos de una persona que esté mirando el monitor de seguridad en forma constante. Además, en los últimos días se rompió la cámara”, señaló la bibliotecaria. La hipótesis más fuerte con la que cuenta la responsable de esta área de la UNCuyo es que se los deben robar para venderlos en el mercado negro, pero a la pérdida económica se le suma la pérdida de ejemplares de los que son dueños, todos quienes aportan a sostener la universidad, indicó Piñeiro.

    Ante la consulta de las librerías en las que se venden textos usados como posibles sitios donde se podrían hallar algunos de los libros sustraídos, la directora de la Biblioteca Central dijo que ellos han ido a estos comercios y no han constatado la presencia de ejemplares de la UNCuyo. “Pero aprovechamos esta triste circunstancia para pedirles a los libreros que pueden ser ofertados con textos nuestros que nos avisen de inmediato”, solicitó Piñeiro. La modalidad de biblioteca abierta, en la que se promueve el mayor contacto con los libros, sistema usado en esta institución, parece haber atraído a varios ladrones.

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