Alerta de Defensa Civil por tormentas y granizo
access_time 17:20
|
30 de octubre de 2009
|
|
SIETE JORNADAS DE INSPECCIÓN EN EL CHALLAO

Resultado negativo en nuevo intento para hallar los cadáveres de Garrido y Baigorria

Finalizó la búsqueda y el caso no sumó pruebas fuertes. Se encontraron balas, huesos de animales y objetos de vieja data. Lo mismo serán analizados.

    Era 29 de abril. La famosa década del 90 recién comenzaba y la provincia era gobernada por José Octavio Bordón. En materia de derechos humanos, sólo se hablaba de los desaparecidos durante la última dictadura militar y era difícil pensar que eso volviera a ocurrir. Sin embargo, en plena democracia, volvió a suceder: Raúl Baigorria y Adolfo Garrido eran albañiles y fueron vistos por última vez subiendo al móvil 575, un Renault 12 de la Unidad Motorizada de la Policía de Mendoza, en el interior del Parque General San Martín. Mucha gente conocía a los dos jóvenes y los vieron siendo requisados por tres efectivos.
    Todos declararon en la causa, que ya lleva casi 20 años sin respuesta alguna. Ayer, la fiscal especial que tomó el caso, Claudia Ríos, culminó las tareas de excavación en un pozo de la zona de El Challao y los resultados fueron los mismos que veces anteriores: negativos. En el lugar trabajó personal de Bomberos, Policía Científica, del Cuerpo Médico Forense, un antropólogo y la magistrada junto a sus ayudantes fiscales. El trabajo comenzó el viernes con una inspección ocular en la zona y el sábado a primera hora se empezó a excavar.
    Durante todo el fin de semana y hasta ayer a las 18, la gente sólo cesaba de trabajar cuando se escondía el sol. Cuando todos se retiraban, la zona no quedaba desierta. Allí permanecían toda la noche dos efectivos en una camioneta 4x4 de la policía, quienes resguardaban que nada ni nadie se interpusiera en la nueva esperanza que no sólo tenía Ríos, sino toda la gente que allí trabajaba, y mucho más los familiares de Garrido y Baigorria.
    Cuando el sol salía nuevamente, la gente llegaba al puesto de trabajo y, con el correr de las jornadas, muchos objetos fueron sacados del pozo: dos vainas, una de calibre 22 y otra de 11.16, botellas de gaseosas, tapas de esas bebidas, restos de huesos de animales y otros elementos que serán estudiados por el antropólogo Guillermo Campos, quien tratará de determinar la cantidad de años que llevan tapados con tierra en ese sitio. Pero algunos de esos objetos hablan por sí solos, porque confirman la data debido a que conservan las fechas de vencimiento impresas. Algunos vencían en 1994 y otros en 1995, es decir, fueron arrojados al pozo mucho tiempo antes.
POR QUÉ ESE LUGAR. Hace varios años, un testigo de identidad reservada se presentó a declarar. Su versión quedó en un anexo del expediente que pasa desapercibido para los investigadores. Pero el dato, en ese momento, parecía certero. Esa persona sostuvo en su declaración, con croquis incluido, que entrando por la vieja zona de tiro –cerca del motel San Isidro– e ingresando luego hacia el este por una calle angosta, se iba a ver un pimiento grande y que al costado de él había un pozo donde estaban los restos de los albañiles. Más de cinco años pasaron desde el relato de este testigo, pero nunca se excavó ese sitio. Esa persona sostuvo ante las autoridades judiciales que el presunto autor del hecho le había señalado ese lugar. Pero había que ir y constatar la veracidad de sus dichos. Ríos, al recibir la causa y tras leerla detalladamente, decidió armar un grupo de trabajo y realizar la medida cuanto antes.
    Así fue que se comunicó con todos los que finalmente intervinieron, hasta con el Instituto Nacional del Agua, para confirmar la existencia del pozo en ese lugar de acuerdo a las coordenadas que ella tenía. Cuando el sábado comenzaron las tareas, estaban esperanzados. Ese hueco no había sido inspeccionado. A muchos otros pozos cercanos sí los excavaron, pero ese no. Y por ese motivo, teniendo en cuenta la gran cantidad de años que transcurrieron desde aquella noche del 29 de abril de 1990, las esperanzas eran muchas.
    Pero al finalizar con los trabajos, a todos y cada uno de los que participaron en las tareas se los vio decepcionados. Querían hallar algo que permitiera avanzar con la intrincada pesquisa. Pero no fue posible, y no por falta de trabajo, sino porque quien habría escondido los cuerpos lo hizo a la perfección y no dejó rastros. Cuando todo estaba dicho y ya nada más se podía hacer, minutos antes de las 17, personal de la Municipalidad de Las Heras ingresó a la zona de trabajo y comenzó a rellenar con ripio el pozo de 9,3 metros.
    Se armó un círculo de personas que miraban fijamente la polvareda que cubría el sector y todos manifestaron: “Tantos días de trabajo excavando este lugar y en media hora lo tapan”. La sensación que se percibió en el ambiente es la misma que percibe la sociedad desde hace veinte años: impunidad. Pero los pesquisas están esperanzados con llegar a la verdad, creen que así será, para que la desaparición en democracia se esclarezca.

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.