access_time 16:20
|
29 de diciembre de 2006
|
|

Respecto a los cinco años de los cacerolazos

El analista hace un repaso de los aspectos económicos del crack argentino de diciembre del 2001. Las razones y los personajes, mirados desde el cristal de un economista

           El 20 de diciembre del 2001 se produjo un estallido social sin precedentes en nuestro país, principalmente porque las personas que marchaban al compás de las cacerolas eran ciudadanos de la clase media argentina. Si bien este estallido social tuvo ribetes políticos, las raíces del mismo eran netamente económicas. El presidente de entonces, Fernando De la Rúa, en marzo del 2001, advirtiendo un problema de confianza, decide cambiar a su ministro de Economía (José Luis Machinea, el del impuestazo) por Ricardo López Murphy.


             Este último tenía la imagen de un hombre duro, al que probablemente no le costaba nada hacer lo que había que hacer en ese entonces para afirmar la convertibilidad. Pero cuando López Murphy anunció junto a sus colaboradores un paquete de medidas que incluía recortes de gastos y disminución de deuda pública, entre otras, manifestantes (mayoritariamente, estudiantes universitarios de la UBA) salieron a protestar a las calles. Ante esta situación, De la Rúa, en vez de respaldar a su ministro de Economía y sus políticas económicas, hizo todo lo contrario, decidió despedirlo a sólo una semana de haber asumido.


        La población tomó esto como una clara señal de debilidad con lo cual, a partir de entonces, se produjo la debacle de la Alianza en el gobierno nacional. Seguidamente, el presidente nombró a Domingo Cavallo como su nuevo ministro, creyendo que el padre de la convertibilidad sabría cómo desactivarla ante la crisis social que se avecinaba. Al poco tiempo de asumir,Cavallo dijo que el peso argentino estaba sobrevaluado en 20 por ciento, lo que se interpretó como una anticipación a posibles devaluaciones en un futuro cercano.


         Por eso, la gente optó por la conducta correcta: comprar dólares, retirar depósitos y transferir sus fondos al exterior. Ya a esta altura, el gobierno nacional y los provinciales estaban contra las cuerdas, por lo cual se tomó la decisión de emitir las llamadas cuasimonedas, que circulaban conjuntamente con el peso, aunque sin respaldo de la divisa estadounidense. La Nación tenía el lecop, Córdoba tenía el lecor, Mendoza tenía el petrom, con respaldo de las garantías petroleras, y otras provincias también tenían la suya, con lo cual el sistema monetario nacional era ya un caos espiralizado.


        Rumores de todo tipo corrían a lo largo del país y ya en noviembre del 2001 la salida de depósitos del sistema fue masiva, por lo que el gobierno nacional anuncia el 1 de diciembre del mismo año el congelamiento de los depósitos por 90 días: aparece en escena el corralito. Esa fue la gota que rebalsó el vaso, dado que la medida en cuestión fijaba extracciones bancarias de sólo 250 pesos por semana, en la que también se incluían las cuentas de sueldo. El país estaba sumergido ya en una crisis social y económica sin precedentes, ante las protestas que se multiplicaban en los bancos, en el Poder Judicial y en Plaza de Mayo.


       Esto produjo la renuncia de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía y horas (sí, horas) después también se llevó puesto al propio presidente De la Rúa, quedando el país acéfalo y cayendo en un precipicio. A partir de entonces, tuvimos nada menos que cinco presidentes en doce días, entre los cuales estaba el gobernador de San Luis,Adolfo Rodríguez Saá, quien anunciaba la cesación de pagos en el Congreso de la Nación con el aplauso generalizado de casi todos los legisladores presentes en el recinto (una locura), para finalmente asumir esa responsabilidad el senador Eduardo Duhalde por vía del acuerdo parlamentario.

TEMAS:

Opinión

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.