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25 de agosto de 2010
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Recursos no renovables

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Días atrás me referí los nuevos descubrimientos que el revisionismo histórico nos aporta y con los que nos cambia la historia que uno tenía como aprendida.

Así nos enteramos de que Alexander Bell no fue el inventor del teléfono, sino un italiano llamado Meucci; que Marconi no realizó los primeros experimentos de la telegrafía sin hilos, sino Popov, que Mozart no era pobre como se suponía y que Judas parece que no lo traicionó a Jesús. Y nos seguimos enterando, ahora parece ser que Edison no fue el inventor de la lamparita eléctrica, sino un alemán llamado Henrich Göbel treinta años antes de que Edison la patentara. Porque, eso sí, Edison la patentó, y se mando un negoción tan grande que termino con la creación de la General Electric. Sin embargo, Edison no hizo tanta plata con la invención de la lamparita eléctrica, hizo plata con la invención de la lamparita eléctrica que se quema. O sea, la guita no está en el invento, sino en la renovación del invento. Vamos a un ejemplo: uno de los negocios más poderosos del siglo pasado y de este es la fabricación y venta de automóviles, sin embargo, el negocio más grande es el del petróleo, o sea, el alimento de los automóviles. Las cámaras fotográficas son caras, es cierto, pero es un gasto mínimo si lo comparamos con la plata que gastamos en rollos o en memoria para las cámaras fotográficas. La industria de los repuestos es muchas veces más lucrativa, mucho más lucrativa que los aparatos para los que los repuestos han sido creados. Y fíjense cómo la historia y esta sanata que estoy diciendo dentro de ella son cíclicas: Edison inventó allá en 1879 un aparato que permitía sacar copias de las cartas y lo llamó mimeógrafo. Es el antecedente de las máquinas multicopias de nuestros días. Una de ellas es la impresora de nuestra computadora. El negocio de las empresas fabricantes de impresoras no es vender impresoras, es vender los cartuchos que alimentan esas impresoras. Edison sabía, sabía mucho de tecnología, pero más sabía de negocios. Por eso, no me explico por qué siguen fabricando bombas atómicas, ¿Cómo van a matar a tanta gente de golpe? ¿Y las balas que se quedan sin vender, sin usar, sin aplicación? Acuérdense: el ojo del amo engorda el ganado, el que termina siendo el ganado gordo de un amo tuerto.

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