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20 de octubre de 2009
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Real Academia

Dieron su veredicto los miembros de la Real Academia del Idioma, que son los vagos y vagas que se encargan de analizar las palabras que hablan los hispanos parlantes para ver en qué modifican el diccionario.

Dieron su veredicto los miembros de la Real Academia del Idioma, que son los vagos y vagas que se encargan de analizar las palabras que hablan los hispanos parlantes para ver en qué modifican el diccionario. Me compré un diccionario baratísimo, el único problema es que las palabras no vienen por orden alfabético. El idioma español es uno de los ricos, dicen los que lo han probado, es hablado por 400 millones de personas en todo el planeta, algo así como el siete por ciento de la población mundial y, hasta ahora, el diccionario general abarcativo consta de 87.000 vocablos.


     Empiezo por el primero a ver adónde llegamos hoy. A capella: Dícese de la obra coral que se canta sin acompañamiento. A posteriori: Dícese de… No, es una broma. A los miembros de la Real Academia hay que creerles todo lo que prometen, porque no hay duda de que son gente de palabra. Ellos se la pasan desculando hormi… perdón, describiendo palabras y sacan sus conclusiones de vez en cuando. Pues bien, terminan de aceptar nuevos vocablos que, por el uso frecuente, se han ganado su lugar.


     Varios tienen que ver con la era cibernética que nos rige: son palabras desde ahora aceptadas en nuestra lengua: digitalización, chatear, internet, salvapantalla ( todo junto) y software. También son aceptados vocablos como bungaló, bulímico y abrefácil ( todo junto). La renovación llega a algunas expresiones, (para mí llega tardíamente en algunas), por ejemplo, ahora está aceptada la expresión “matar al mensajero” ( ¿cuántos mensajeros fue necesario matar para que aceptaran la expresión), alborotar el gallinero (que es lo que está ocurriendo con River), gol de oro (que vendría siendo un anacronismo, porque la FIFA termina de eliminar esta posibilidad en sus torneos) y terapia ocupacional (que es la que les encantaría tener a los desocupados).


    Los señores de la Real Academia, que están tratando de crear una sala de terapia intensiva para las palabras graves, han dado su veredicto. El próximo será en el 2013. Yo pienso que, si bien las modificaciones nos incluyen, los mendocinos nunca nos veremos representados por diccionarios que no incluyan palabras como: camote, pericote, a peteco, culillo, coscacho, sopaipilla, chupalla, angarilla, poto y güevón ( con g).

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