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2 de agosto de 2006
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Raúl Castro, arropado por el partido

Fidel Castro ha dicho que su hermano es el sucesor natural. El Partido Comunista puso en marcha un secretariado para asegurar el relevo institucional

        Tras casi medio siglo en el poder y a punto de cumplir 80 años, Fidel Castro se ha visto obligado, por primera vez, a delegar sus funciones, provisionalmente, en su hermano Raúl (foto), su sucesor designado, que estará arropado en esta tarea por destacados cuadros del buró político y del Gobierno cubano. “Que no se preocupen los vecinitos del norte (EEUU), que no pretendo ejercer mi cargo hasta los 100 años”, dijo Castro, en tono de broma, durante un discurso el 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional. Tras escucharlo hablar ese día durante más de cinco horas en dos discursos, pocos podían esperar que una crisis intestinal con hemorragia obligara a una complicada intervención quirúrgica que lo llevaría a delegar las funciones de la jefatura del Partido, el Consejo de Estado y las Fuerzas Armadas por primera vez en la historia de la Revolución.


       En un hecho inédito en Cuba, Castro ha utilizado los mecanismos previstos en la Constitución cubana, que en su artículo 92 señala: “En caso de ausencia, enfermedad o muerte del presidente del Consejo de Estado, lo sustituye en sus funciones el primer vicepresidente”. Raúl Castro, de 75 años, es el sucesor designado y legal del líder cubano, por sus cargos de vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, segundo secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Fidel Castro ha afirmado en varias ocasiones que considera a su hermano menor como “el compañero más capaz, por su experiencia y méritos” para sustituirlo cuando sea el momento, aunque ha admitido, recientemente, que existe un problema generacional debido a la avanzada edad de Raúl Castro.



       Para afrontar el reto que supone asumir la responsabilidad del poder, Raúl Castro estará arropado por dirigentes del buró político del Partido Comunista y miembros del gobierno de su hermano. Jueces mexicanos, bajo presión política MÉXICO (EFE). La Corte Electoral de México se halla bajo una fuerte presión de dos grupos políticos que se atribuyen el triunfo en los impugnados comicios del 2 de julio, aunque los analistas confían en que designará al presidente electo con plena independencia.


       Los siete magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial (TEPJF) soportan, según comentaristas, presiones de la coalición Por el Bien de Todos, que respalda al izquierdista Andrés López Obrador, y del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), que postuló a Felipe Calderón, ganador del escrutinio oficial. El analista John Mill Ackerman, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo a Efe que la asistencia de Calderón a una audiencia con el TEPJF, el domingo, representa “un mecanismo de presión”, aunque señaló que “todo está en el marco de la ley”. Calderón y otros líderes del PAN recalcaron ante el tribunal que su triunfo fue legítimo e instaron a “reflexionar” si la elección va a ser calificada por los jueces “teniendo en cuenta la ley o las manifestaciones de la calle”, como las convocadas por López Obrador.


      Mill Ackerman, estadounidense naturalizado mexicano, aseguró que López Obrador ha convocado a sus seguidores a las calles “para reaccionar a las presiones que los dirigentes del PAN han ejercido sobre el TEPJF desde hace varias semanas”. Por su parte, la coalición Por el Bien de Todos pidió, el fin de semana, a los magistrados ordenar el recuento voto a voto de los comicios y “no ceder a las presiones ni someterse a criterios formales”. López Obrador alega que el 2 de julio hubo un fraude que favoreció a Calderón, quien lo aventajó por 0,58 puntos porcentuales en el escrutinio del autónomo Instituto Federal Electoral (IFE). El líder izquierdista impugnó los resultados ante el Tribunal Electoral, que tiene plazo hasta el 31 de agosto para resolver las quejas y hasta el 6 de setiembre para señalar al presidente electo, en caso de declarar la validez de las elecciones.


      El presidente electo, que sucederá en el cargo a Vicente Fox, del PAN, deberá tomar posesión el 1 de diciembre por un período de seis años. Para el analista Edgar Corzo, experto en legislación electoral e investigador de la UNAM, son “normales” las actuaciones de Calderón y López Obrador, y coincidió con Mill en que el proceso “transita por el carril institucional”. “Los magistrados electorales afrontan un momento delicado y complejo, máxime si se tiene en cuenta que la democracia mexicana es aún joven, pero confío en que habrán de tomar sus decisiones con plena independencia y apegados a la ley”, dijo Corzo a Efe. Fidel Castro, que en marzo del 2003 afirmó que se mantendría en el poder hasta el final de su vida, se había volcado en los últimos meses en garantizar la continuidad de la Revolución más allá de su vida.


       A finales del pasado año,durante un discurso cargado de simbolismo, en la Universidad de La Habana, el líder cubano advirtió de los riesgos que podía sufrir la Revolución, y se preguntó quién se encargaría de mantenerla en el futuro. El encargado de ahondar en el proceso fue Pérez Roque, una de las figuras que disfruta de mayor confianza dentro del grupo cercano a Castro. En diciembre, durante la clausura del Parlamento, el canciller habló de la necesidad de salvar la Revolución cuando la muerte de Castro “deje el hueco que nadie puede llenar y que tendremos que llenar entre todos como pueblo”. Poco después, se informó públicamente del proceso de fortalecimiento del Partido Comunista de Cuba, el único legal de la isla, y la “fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”, según la Constitución cubana de 1976.


        En junio, Raúl Castro afirmaba que “únicamente el Partido Comunista de Cuba, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder”. “Para eso trabajamos, y así será. Lo demás es pura especulación, por no decir otra palabra”, añadió el vicepresidente. Hace apenas unas semanas, el V Pleno del Partido Comunista refrendaba sus palabras y elegía un secretariado de doce miembros, liderado por los hermanos Castro e integrado por cuadros de una edad media de 50 años y con experiencia en el trabajo de partido.



       El Secretariado, que había sido eliminado en 1991, velará por “la correcta aplicación de la política de cuadros, tanto del propio partido como de las demás instituciones de nuestra sociedad”. Según algunos observadores, con la recuperación de este órgano del Partido, Castro pretende asegurar el relevo institucional, en el que serán también fundamentales cuadros experimentados en tareas de gobierno, como Lage o Pérez Roque, de generaciones más jóvenes.

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