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31 de julio de 2006
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Radiografía del poderoso Hezbolá

El movimiento de resistencia libanés es el único que le ha hecho frente a Israel en los últimos años. Pasado y presente del Partido de Dios

         El partido chií libanés Hezbolá es uno de los movimientos clave para entender los últimos veinte años del conflicto de Oriente Medio, durante los que se ha convertido tanto en el enemigo más enconado de Israel como en una fuente de problemas para algunos regímenes árabes. Calificado como grupo terrorista por Estados Unidos e Israel y de movimiento de resistencia por parte de varios países de Europa, goza de la admiración y del apoyo de la mayoría de los pueblos árabes, que lo consideran un modelo de lucha frente a la pasividad de sus gobiernos. Una simpatía que salta fronteras e, incluso, barreras religiosas y que no sólo ha atraído el apoyo de comunidades cristianas árabes, sino que ha llevado a estrechar la brecha que divide a suníes y a chiíes.


       Fundado oficialmente el 16 de abril de 1985, las raíces de Hezbolá (Partido de Dios) se remontan a la primera invasión del sur de Líbano, en marzo de 1978. Ese mismo año triunfaría en Irán la revolución islámica, liderada por el imán Ruhola Jomeini, uno de los principales inspiradores del movimiento chií libanés. El vacío dejado por las milicias palestinas en su huida al norte fue cubierto por los militantes jomeinistas (pasadaran), que llevaron ayuda material y moral a la desamparada comunidad chií libanesa en plena guerra civil de Líbano (1975-1990).



       En 1982, año de la segunda invasión israelí a Líbano, algunos de esos grupos chiíes, arrastrados por la vorágine del conflicto fratricida, participaron en muchos de los atentados que ensangrentaron a Líbano. Entre ellos, el que en octubre de 1983 segó, en Beirut, la vida de casi 250 marines estadounidenses, integrantes de la fuerza multinacional exigida por Israel. De esos grupos chiíes violentos se escindió un rimero de clérigos formados en Irán –entre los que se encontraba un jovencísimo Hasan Nasrala, actual secretario general de Hezbolá– que trabajaron para unir a las facciones y fundar un mando único, presentádose al mundo, dos años después, como el Partido de Dios.


      Este nuevo grupo fue concebido ya como un movimiento de resistencia, con una rama política y social y un brazo armado, militarizado y jerarquizado, entrenado para el combate guerrillero. Se formó un Consejo de Shura, integrado por siete miembros que, desde la clandestinidad y con el apoyo económico iraní, comenzó a levantar un entramado de asistencia social clave para ganarse la fidelidad de la población. La directiva, organizada como un gobierno, creó fondos de ayuda a las viudas, a las víctimas de los ataques israelíes y a los huérfanos, redujo el coste de la asistencia médica, creó escuelas y, como llegó a reconocer un ministro libanés en la década de los noventa, se convirtió “en un Estado dentro del Estado”.


      Al finalizar los noventa, y tras un enfrentamiento fratricida con los hermanos chiíes de Amal, bastión de Siria frente a la influencia de Irán en Líbano, en el que salió derrotado, el Partido de Dios decidió salir de la clandestinidad e integrarse en la política de posguerra libanesa. Eligió un secretario general que diera rostro al Consejo de Shura y, en 1992, decidió presentarse a las elecciones parlamentarias, las primeras desde el estallido de la guerra, en las que consiguió una docena de escaños, junto a Amal. Asimismo, Hasan Nasrala, designado ese mismo año secretario general del partido tras el asesinato a manos de Israel de su predecesor,Abbas Musawi, profesionalizó aún más la resistencia e introdujo la variante de los cohetes Katyusha, que cambiaron el signo de la guerra con Israel.


       En mayo del 2000, la presión de los guerrilleros de la Resistencia Islámica, brazo armado de Hezbolá, obligó a las tropas israelíes a abandonar el sur de Líbano tras más de veintidós años de ocupación, entre el jolgorio de todas las comunidades libanesas, que apoyaron al Partido de Dios. Seis años después, Hezbolá mantiene cerca de 30.000 guerrilleros uniformados y se cree que puede movilizar casi el mismo número, entre veteranos y reclutas. Posee un poderoso arsenal de armas ligeras, vehículos militares, miles de Katyusha y algunos misiles de mayor alcance, capaces de llegar a Tel Aviv.



        Su red de asistencia es tan extensa que envuelve a casi todo Líbano y de ella se benefician tanto suníes como cristianos. Asimismo, mantiene una ininterrumpida presencia en el Parlamento y tiene varios ministros en el Gobierno. Pese a ello, su popularidad había descendido en los dos últimos años entre algunas comunidades libaneses, afectada por la retirada de las tropas sirias de Líbano y el debate sobre la oportunidad del desarme. Una popularidad que ha vuelto a dispararse y un debate que ha quedado postergado tras la nueva operación de Israel contra Líbano.

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