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6 de junio de 2007
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Radicales y no tanto

Ya se veía venir, como cuando hay Zonda en altura. El radicalismo no sólo era un partido, sino que también estaba partido y con lo ocurrido el fin de semana me parece que la partición no tiene vuelta atrás. Son los vaivenes de la política, lo que ayer era amigo hoy puede ser adversario.

    Ya se veía venir, como cuando hay Zonda en altura. El radicalismo no sólo era un partido, sino que también estaba partido y con lo ocurrido el fin de semana me parece que la partición no tiene vuelta atrás. Son los vaivenes de la política, lo que ayer era amigo hoy puede ser adversario. Este asunto de las fidelidades en la política parece tener menos alcance que las de Gran hermano. Los iglesistas, por llamarlos de alguna manera, habían quedado más desconcertados que turco con hijo ñato con la avanzada de la Concertación y parecían esperar una fuente de inspiración que los inspirara.

    Pues el viernes inspiraron bien fuerte y lanzaron su fórmula para la gobernación: Iglesias-Sanz. No es poca cosa, si tenemos en cuenta que fue Iglesias el que le dio otra fisonomía al radicalismo en Mendoza y el que lo llevó a ser ganador. Recuerdo cuando en el cierre de la campaña pasada Roberto Iglesias salió a respaldar abiertamente a quien era su delfín, sin imaginarse que se iba a transformar en una ballena y que no precisamente iba a buscar los paisajes de Puerto Madryn, sino un poquito más al sur, en los pagos de Santa Cruz.

    ¡Cómo son los tiempos de distintos! Por aquella época, nadie le sacaba de la cabeza a Iglesias la imagen de Cobos y ahora andan los dos intentando saber cómo hacer para sacarse la imagen del otro de la cabeza. Pero la cosa parece estar definida, hay intervención en el partido radical, hay fórmuhumola del partido radical y es una fórmula fuerte, a tal punto que los cobistas se ajustaron bien los cinturones.

   Interna no va a ver, así que tendrá que haber otro partido que represente a las huestes del Cleto y entonces la interna va a ser la elección general.Vuelven los suspiros de alivio en las filas iglesistas y se nota un dejo de preocupación en los cletistas. En los próximos días, seguramente, eso que termina de producirse va a producir también cientos de declaraciones a favor o en contra de ambos. Es una contienda electoral. Dos grupos decidieron tomar por distintos caminos. ¿No me digan que no se trata de un auténtico cambio radical? A propósito, ¿Biffi pasará a llamarse Kiffi?

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