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13 de septiembre de 2020
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Investigación por el secuestro extorsivo seguido de muerte

Quién es el quinto detenido del caso Aliaga y qué declaró

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Washington Yamil Rosales. El hombre que marcó el lugar donde hallaron el cadáver.

Washington Yamil Rosales, chofer de la empresa de la familia detenida, fue el hombre que se quebró y confesó. Había hablado como testigo sobre los movimientos de la firma y los vehículos que utilizaban los sospechosos. Datos reveladores: dijo que no tuvo nada que ver con el crimen.

La causa por el secuestro extorsivo seguido de muerte del empresario Diego Alfredo Aliaga (51) está atravesando los días más destacados. Tiempos de resoluciones después de que se confirmara su identidad y el asesinato, de acuerdo con una primera hipótesis, por sofocamiento. El cadáver no presentaba lesiones de arma de fuego y ni cortes compatibles con armas blancas, y al hallarle un trapo en la boca los forenses llegaron a esa conclusión mientras esperan por informes finales.

El fiscal de la causa, Fernando Alcaraz, va a modificar el avoque de imputación contra cuatro de los detenidos en las próximas horas y definirá la situación del quinto sospechoso, el hombre que aportó el dato más importante de la instrucción casi seis semanas después de la desaparición del ex despachante de aduanas: le dijo a los detectives el lugar exacto donde habían enterrado a la víctima a medio metro de profundidad, entre unas jarillas.

Ver también: Video: el cuerpo de Aliaga estaba enterrado medio metro

Este sujeto, considerado una de las partes fundamentales para deshacerse del cadáver de Aliaga, fue quien "confesó" que lo habían depositado en la localidad de Costa de Araujo, camino a Gustavo André, en Lavalle. El jueves por la tarde, detectives de Investigaciones y los funcionarios judiciales cavaron en el lugar con tierra removida que les habían marcado y dieron con los restos de Aliaga.


A partir de este momento, todo comenzó a circular alrededor del quinto hombre, quien se encontraba la semana pasada internado en un hospital por la picadura de una araña.

Es un empleado de la empresa de transporte Solcito, propiedad de la familia Barrera (la que se encuentra en la cárcel desde cuatro días después de la denuncia), uno de los choferes, quien primero declaró en la causa como testigo junto a otros empleados.

Fuentes judiciales consultadas por El Sol confiaron que se trata de Washington Yamil Rosales, quien decidió hablar de un delito cometido ante los policías y judiciales cuando las pruebas lo comprometieron.

Ver también: La participación de un quinto hombre en el secuestro del empresario

Las fuentes agregaron que es el personaje que condujo la camioneta marca Mercedes Benz Sprinter tipo furgoneta de pasajeros naranja y con capot blanco donde presuntamente trasladaron a la víctima oculta y retenida hasta un galpón de calle Jujuy de Ciudad.

Luego, sostiene la reconstrucción del Ministerio Público, hubo un cambio de rodado -pasaron a un Renault Fluence gris que a nombre de Sacolle-, para terminar en Lavalle horas después de la desaparición, ocurrida durante la mañana del martes 28 de julio.

Rosales, de más de treinta años, fue uno de los tres empleados de la empresa Solcito, administrada principalmente por los procesados con prisión preventiva Diego Barrera y Bibiana Sacolle, socios de Aliaga, que declaró como testigo en los primeros días de instrucción del fiscal Alcaraz.

El nuevo detenido habló de los movimientos de Barrera (50) y Sacolle (46), los vehículos que utilizaban ellos y también los hijos de la mujer, Lucas (26) y Gastón Curi (28) - ambos también en la cárcel y procesados- y la relación laboral que los unía. Estos datos fueron importantes para la causa debido a que, desde un inicio, el móvil para atacar a Aliaga fue económico.

El desarrollo clave

Las cámaras de seguridad captaron varios vehículos en la casa donde habrían abordado y secuestrado al empresario Aliaga. Esa morada, ubicada sobre calle Bandera de los Andes 9840, fue la escena principal a investigar después de la desaparición. Y los aparatos fílmicos ubicados en la zona fueron determinantes para identificar a las personas que ingresaban y salían del inmueble. 

Rosales, junto a los otros dos empleados, coincidieron en declarar que Gastón Nicolás Curi era el que habitualmente conducía un Chevrolet Celta rojo dominio KVM 021, auto que fue ubicado la mañana del 28 de julio. Este joven, ese día, lo vieron en la propiedad de calle Bandera de los Andes varias veces: ingresó temprano, se retiró a las 8.49 y pasó frente al domicilio a las 9.40.

A las 9.57, el Celta rojo fue detectado otra vez en la puerta de la vivienda, después en un callejón ubicado en la zona (10.01) y finalmente vuelve a ingresar a la propiedad a las 10.32. Para los detectives, Curi, confirmado por los testigos, manejaba ese Celta y realizó maniobras de "campana" en las inmediaciones donde redujeron al empresario. Además, está señalado como quien compró el teléfono y realizó la llamada extorsiva a la familia del empresario. 

Ver también: Caso Aliaga: a quién apuntan como el comprador del celular

Rosales también habló del galpón ubicado sobre calle Jujuy 440 de Ciudad, donde los administradores del lugar, Barrera y su mujer, guardaban la flota de vehículo de la firma Solcito. En esa zona las cámaras de seguridad tomaron la camioneta Sprinter naranja en la que habrían trasladado al empresario Aliaga antes de llevarlo hasta Costa de Araujo.

Los pesquisas consultados por este diario señalaron que, probablemente, Aliaga estuvo cautivo en ese inmueble capitalino (las antenas de celulares ubicaron su celular y también de Gastón Curi, además de Rosales) durante algunas horas. Ese galpón fue allanado el lunes 3 de agosto por la noche por los efectivos de investigaciones. En su interior encontraron papeles quemados y una importante cantidad de vehículos.

Además de la Sprinter y el Celta, el sospechoso también habló sobre el auto que utilizaba el otro hijo de Sacolle, Lucas Curi. Este joven, quien de acuerdo con otros declarantes del caso se mostró con ojos llorosos y medio quebrado el día que desapareció Aliaga ante personas que trabajaban en diversas refacciones en Bandera de los Andes, se movilizaba en un VW Golf blanco dominio LEW 783, el que fue filmado el 28 de julio a las 11.27 ingresando a ese lugar.

Washington Rosales también declaró como testigo que Sacolle se movilizaba habitualmente en una camioneta Dodge Journey negra dominio ILQ996. Ese vehículo está a nombre de la mujer de 46 años y fue secuestrada en el barrio Dalvian el 3 de agosto, cuando se produjeron las detenciones masivas en la propiedad de los Barrera, ubicada en los lotes 19 y 20 de la manzana 41.

Por último, aportó detalles sobre la empresa en la que trabajaba, Solcito. Esa firma funcionaba hace más de 20 años y Barrera y Sacolle dijeron que era su único medio de vida, aunque no les creyeron.

El llamado quinto detenido sostuvo que los propietarios nunca les pagaban el sueldo a tiempo, les adeudaban salarios y "el giro comercial de la firma se encontraba resentido con la situación de aislamiento y distanciamiento" por la pandemia del coronavirus, sostiene la causa.

Es más, trascendió que la empresa no atravesaba su mejor momento. Pasó a tener una nómina salarial de 16 empleados en junio del año pasado a 2 en febrero de este año.

Así las cosas, después de su declaración y los aportes que hizo como testigo, Rosales comenzó a ser uno los investigados como partícipes de la logística que tuvo como objetivo hacer desaparecer el cuerpo de Aliaga.

Hace pocos días, cuando notó que la visita de los sabuesos policiales eran más constantes y le confirmaron que lo tenían ubicado en la zona del galpón de calle Jujuy el día que el empresario desapareció, aportó los datos reveladores. Es más, los pesquisas señalaron que, de no tener una confesión, jamás hubiesen hallado los restos.

Ante los investigadores, Rosales aseguró informalmente que no tuvo nada que ver con la muerte de Aliaga.

Desenlace

Diego Aliaga desapareció el martes 28 de julio después de pasar la noche con dos mujeres y su amigo y socio Diego Barrera en su casa del Barrio Palmares de Godoy Cruz.

Ese día por la mañana tenía una inspección en la casa de calle Bandera de los Andes, donde iba a potenciar la apertura de un centro de rehabilitación para discapacitados con Barrera y Sacolle.

En la Justicia federal creen que Barrera y su familia, más otras personas, redujeron y retuvieron a Aliaga en esa propiedad ubicada en Rodeo de la Cruz por problemas económicos que tenían. Esto está relacionado a una millonaria deuda en dólares que tenía Barrera con Aliaga.

El hermano de la víctima, Gonzalo Aliaga, comenzó a llamarlo a su teléfono celular pero no les respondía. La única respuesta que recibía era un mensaje de WhatsApp: “Qué pasó Gonza, no puedo hablar”.

Los pesquisas creen que los secuestradores de Aliaga utilizaron su teléfono hasta un día después de la captura y enviaron ese tipo de mensajes a las personas que lo llamaban porque lo buscaban intensamente.

El jueves 30, mientras realizaba la denuncia, Gonzalo Aliaga recibió un llamado extorsivo: “Dejá de revolver el avispero y andá juntando un palo verde que ya te vamos a llamar”.

Ver también: "Dejá de mover el avispero y andá juntando el palo verde"

La estrategia para despistarlo terminó por complicar a los sospechosos: debido a esa única comunicación, la causa pasó a la Justicia federal.

Ahora, con el hallazgo del cadáver y el nuevo detenido, pasará a secuestro extorsivo seguido de muerte, que prevé como pena única la prisión perpetua si son hallados culpables.

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