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17 de julio de 2006
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Quién decide en Líbano

El Gobierno de Beirut ha quedado muy debilitado al no poder controlar las acciones bélicas de Hezbolá contra Israel. La crisis de poder en el Gobierno libanés

       El Gobierno de Líbano, antisirio, parecía impotente este fin de semana frente al ataque violento a su país por parte de Israel y ante la determinación del movimiento chiíta Hezbolá de amenazar con una “guerra abierta” contra el Estado judío. La captura por parte de Hezbolá de dos soldados israelíes encendió una gran crisis y hundió al Gobierno de Beirut en un pantano, en medio de una ofensiva israelí que paralizó el aeropuerto de Líbano, destruyó rutas clave y mató a gran cantidad de civiles libaneses.


      El Gobierno libanés, que incluye a dos ministros de Hezbolá, negó cualquier participación en los actos del movimiento chiíta y demandó un “alto el fuego completo e inmediato”. Según el punto de vista de Israel, el Gobierno de Beirut es culpable de permitir que la milicia de Hezbolá opere en el área fronteriza entre Israel y Líbano, que sigue siendo volátil a pesar de la retirada de las fuerzas israelíes del sur del vecino país, hace ya seis años.


        El primer ministro libanés, Fuad Seniora, dijo que Líbano está siendo castigado por algo sobre lo que el Gobierno no tiene conocimiento ni control. “El Gobierno libanés dejó muy claro que no tenía información sobre esta operación y no asume responsabilidad; de hecho, la desconocía”, declaró el viernes a la emisora CNN. El tema del desarme de los militantes de Hezbolá, que patrullan el límite sur de Líbano con Israel, desde hace tiempo puso presión sobre el Gobierno antisirio de Beirut. El Gobierno encabezado por Seniora siempre “reafirmó su apoyo a todas las resoluciones internacionales y su compromiso de extender su autoridad a todos los territorios libaneses”.


       La comunidad internacional ha estado presionando a Líbano para que implemente la resolución 1.559 de la ONU, que fue aprobada en 2004 y demanda que Hezbolá deponga las armas. Importantes políticos libaneses, como Saad Hariri, el líder de la mayoría parlamentaria, instaron a la comunidad internacional a frenar la “agresión” israelí. Una gran cantidad de líderes libaneses antisirios, como el influyente dirigente druso y parlamentario Walid Jumblatt, fueron aún más lejos y denunciaron el control del país que tiene Hezbolá.


      “La decisión de hacer la paz o la guerra debería tomarse sólo en el Gobierno”, dijo el dirigente. Jumblatt denunció la “escalada” de Hezbolá y dijo que la milicia está siendo usada por Damasco como una herramienta para “desestabilizar a Líbano y expulsar a nuestro Gobierno”. Líderes de Hezbolá reiteran que sus combatientes son necesarios a lo largo de la frontera para defender a Líbano de la agresión israelí, a pesar de que la mayoría parlamentaria sostiene que esa tarea debería ser desempeñada por el Ejército libanés y que las guerrillas de Hezbolá, a la larga, deberían ser incorporadas a los cuerpos de Defensa nacional.



      De acuerdo a expertos libaneses, la incapacidad del Gobierno libanés de controlar a Hezbolá aumentó los temores de que se produzca una división de poder aún más profunda entre los libaneses que la ocurrida el año pasado, cuando Siria retiró sus tropas de ese país. Según Jumblatt, la cuestión clave ahora para el Gobierno es quién “toma las decisiones sobre la paz y la guerra en el país”.

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