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11 de julio de 2006
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RECESO ESCOLAR INVERNAL

Qué hacer con los chicos en vacaciones

El tiempo libre de los niños puede convertirse, para algunos padres desprevenidos, en un caos. Algunos consejos para evitar el torbellino de actividades y las típicas peleas que las vacaciones generan

     Algunos padres, ante la incertidumbre que les representan las dos semanas de vacaciones de invierno de sus hijos, caen en una desesperada carrera que incluye visitas al shopping, cine, espectáculos, cientos de litros de gaseosas, kilos de hamburguesas y misiones de salvataje emprendidas por abuelos, tíos y otros parientes. Otros entran, decididamente, en pánico y dejan que los chicos tomen el control de la casa, que en un par de días se asemeja a un campo de batalla.



     Sin embargo, y aunque parezca una utopía, no es necesario que esto ocurra. Para ello, la coordinadora del Centro Infanto-juvenil Número 3 de Maipú, Adriana Dolengiewich, dio algunas pautas que pueden ayudar a los papás a organizar el tiempo libre de sus hijos y a disfrutar con ellos de unas semanas sin horarios ni obligaciones.


 CADA FAMILIA, UN MUNDO.


       Para la coordinadora, cada familia representa una situación particular, y por eso es difícil generalizar a la hora de dar un consejo. De todas formas, la primera consigna es no ingresar en el circuito de consumo que propone el mercado y que el adulto no se obligue a perder el ritmo de sus actividades cotidianas para garantizar que el chico se divierta las 24 horas del día. La psicóloga explicó que este es el origen del estrés en el que caen algunos padres. “La idea es organizar con los niños programas que durante la época de clases no pueden realizar.


      Por ejemplo, que pasen más tiempo con sus amigos. En esto, una alternativa es ponerse de acuerdo con los otros papás”, argumentó la psicóloga.


TIEMPO DE EXPRESARSE.


     Dolengiewich aseguró que las horas extras de descanso de los chicos pueden abrir una posibilidad para que los papás detengan un poco su ritmo, se den la oportunidad de escucharlos y compartir con ellos. Para la psicóloga, a la hora de organizar un paseo, es bueno tener en cuenta que los lugares al aire libre pueden ser una buena opción, sobre todo para diferenciar el tiempo de ocio del escolar, que implica que los niños permanezcan mucho más tiempo en ambientes cerrados.


EL DIFÍCIL CONSENSO.


     El consenso es otro aspectos problemáticos y puede convertirse en lo más cansador del descanso. Esto ocurre, sobre todo, en las familias en las que hay chicos de distintas edades, ya que los planes con un niño no suelen coincidir con los de un adolescente. Por eso, para la psicopedagoga Nancy Caballero, cuando se hace tan complejo llegar al acuerdo, lo mejor es tratar de evitarlo. Esto no significa que cada uno haga lo que quiera dentro del grupo familiar, sino que es válido aprender a respetar los tiempos de los demás, sobre todo, no perder de vista la consigna de que las vacaciones son para todos y, antes que nada, se trata de una etapa de rélax.


      Para Caballero, es importante evitar el tipo de programas como el de asistir todos juntos a un centro comercial. “En estos paseos, en realidad, no se comparte nada. El tiempo libre debería aprovecharse para afianzar vínculos, por eso es preferible encontrar un tiempo constante para compartir durante la semana que salir todos los días durante las vacaciones y ni siquiera entablar una charla”.


EL OCIO TAMBIÉN SE APRENDE.


      La consigna de disfrutar del tiempo libre parece simple, pero no lo es, a tal punto que ha inspirado su propia literatura. El éxito de los perezosos y El placer de no trabajar, de Ernie Zelinski, y Pedagogía del ocio, de Rovira y Trilla, son algunos de los títulos de especialistas que se han dedicado a estudiar el fenómeno

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