Tembló en San Luis y se sintió fuerte en Mendoza
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26 de diciembre de 2011
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Qué calor

Buenos días, a pesar de todo.

Una de las frases más pronunciadas en este momento es: "¡Qué calor que hace!" Me emociona, me conmueve por su ingenio. Hay que tener mucha creatividad e inventiva para lograr articular semejantes palabras de esa manera:  "¡Qué calor que hace!" Y con signos de admiración, loco, que no es poca cosa. No cualquiera usa los signos de admiración en estas épocas. Yo creo que entre las frases más destacadas de la humanidad deberían ser incluidas  estas: "Perdónalos, Dios mío, no saben lo que hacen". "Vísteme despacio que estoy apurado". "Tú también, hijo  mío". "La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". "Haz lo que yo digo y no lo que  yo hago". "Por cada cinco que caigan de los nuestros caerán cinco de ellos". "Síganme, no los voy a defraudar." "La casa está en orden". "El que apueste al dólar pierde" y "Qué calor que hace". He llamado ayer por teléfono a  la casa del señor Bonifacio Clima, para hablar con él, le planteé mis dudas y me dijo:  "Mire, Sosa, yo cumplo con  el calendario.

El calendario dice que estamos a fines de diciembre, que ya es verano, y a mí me corresponde hacer  calor". Es más, me dijo que esperaba que le dieran un premio anual por presentismo, porque el Clima ha estado presente en todos los días del año, hay que reconocérselo.

O sea, que es lógico, natural, procedente, que haga calor en esta época, para que hagan sus negocios  las heladerías, las ventas de rollitos, los balnearios, y se derrita Papá Noel.

Claro que debo reconocer, en consideración a mis semejantes, que las temperaturas que estamos soportando son algo exageradas. Sensación térmica de 45 grados. ¿Qué es eso? ¿Es una exageración de Febo? Con más de 35  grados, ya la cosa es insoportable. No es cuestión de gastar diez grados más al divino botón. Esas temperaturas  cúspides han logrado cosas muy curiosas: que los pericotes les pidan gaseosas heladas a los mozos de la Peatonal,
que algunos osados duerman la siesta dentro de la heladera, que otros pidan asilo político en Mac- Kenzy, que las acequias se transformen en balnearios under, que los frigoríficos habiliten camas cuchetas, que el que tiene aire
acondicionado llore desesperadamente si tiene que salir de su casa.

Yo creo que hay que contrarrestar la canícula  con comparaciones que nos beneficien; por ejemplo: piense que tiene que soportar un discurso de seis horas de Fidel Castro, que tiene que ver nuevamente el último partido de la Selección contra Bolivia, que está presenciando un concierto para pandereta solista, que su suegra le está contando lo linda que era la nena antes de conocerlo a usted, que es un peón de campo que en estos momentos está cosechando perejil en La Rioja, que es  un camello que tiene en su lomo a un Berebere y está atravesando el desierto del Sahara.

Si lo hace, seguro que concluirá que lo que nos está pasando es nada, es una chuchería. Además, puede que alguna nube con alma caritativa nos halague con algún chapuzón de temporada.  Sin piedra, por favor. 

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