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4 de noviembre de 2009
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PYMES: ¿Jinetes del Apocalipsis?

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El título de este artículo no tiene por finalidad brindar un panorama apocalíptico de la realidad de las Pequeñas y Medianas Empresas del país, pero sí mostrar gráficamente los principales condicionamientos que enfrentan en la actualidad y que inciden directamente sobre sus posibilidades de crecimiento futuro, resumiéndolos en cuatro grandes sectores, como cada uno de los caballos del relato bíblico. Tampoco se busca definir el concepto, ya que daría lugar a diferentes opiniones.

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La idea no es brindar un panorama negativo acerca de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), pero sí mostrar los condicionamientos que enfrentan en la actualidad. Tampoco es intención definir el concepto de PYMES, ya que ello podría dar lugar a diferentes opiniones. Sin embargo, es innegable el papel fundamental que cumplen estas empresas en cualquier economía de mercado, tanto en el aspecto productivo, como de generación de empleo.

En este último caso, casi el 90 por ciento de la actividad económica de la Argentina pasa por las pequeñas y medianas empresas. Como puede advertirse, una porción muy significativa de la economía se mueve a través de las PYMES, con lo cual no es difícil aseverar que el destino y el rumbo de ellas estén definiendo el futuro mismo de la economía del país.

Sin embargo, no resulta sencillo esbozar un análisis único para un universo que puede resultar heterogéneo, pues hablar de PYMES implica englobar desde una pequeña empresa unipersonal hasta una organización formal, pasando por innumerables sociedades de tipo familiar.

Pero, y a pesar de la limitación expuesta, se pueden detallar cuatro grandes limitantes a los que este vasto sector de la economía debe enfrentar, y que son precisamente los que motivaron el título del presente artículo. Indudablemente, cada uno de esos factores tiene una preponderancia fundamental, que puede poner en riesgo el desarrollo y crecimiento esperado de las PYMES. Vamos a identificar los factores o limitantes como:

 -La presión fiscal
 -El sistema financiero
 -La inseguridad jurídica
 -La burocracia


 1. La Presión Fiscal. A nadie le pasa inadvertido que la presión fiscal en la Argentina ha estado en constante aumento desde la última década, a punto tal que en ese período ha pasado de un histórico promedio de entre 14 a 16 puntos del PBI, al actual casi 30%, medido en los mismos términos.

Lo expuesto no es otra cosa que decir que la Presión Fiscal se ha duplicado en los últimos diez años. Para tener una idea de la cuantía que tal avance de la recaudación ha tenido en la economía argentina, baste decir que, los 80.000 millones de pesos que le ingresaron al Estado en 2002, se estima, para 2009, serán 400.000 millones. Lo expuesto implica en los hechos, que nunca, en dos siglos de historia, el sector privado ha tenido que soportar una presión fiscal de tal magnitud.

Si bien, desde el punto de vista del Estado, la situación aludida puede parecer muy beneficiosa y alentadora a niveles macro económicos, desde el punto de vista de las Pequeñas y Medianas Empresas, no lo es tanto.

Por cierto, a medida que más y más recursos se traspasan desde el sector privado al sector público, los particulares tienen menos disponibilidad para abastecer al mercado de capitales (a los cuales deben acudir las PYMES como medios de financiamiento) y las empresas, menores recursos para inversión y capital de trabajo.

Lo antedicho nos lleva a decir que, en muy breve tiempo, el Gobierno deberá pensar en una amplia reforma tributaria, que lleve en el corto y mediano plazo un alivio de la situación expuesta, la cual resulta indispensable para que, actuando en forma conjunta con otras medidas económicas, se logre un crecimiento real y sostenido de la economía.

De no ponerse en práctica este tipo de reformas, no sólo no se logrará tal crecimiento, sino que, además, el Estado deberá seguir insistiendo con inocuas medidas paliativas, tales como subsidios, moratorias, regímenes promocionales o similares, que nunca resultan verdaderamente efectivas ni una solución de fondo.

2. El sistema financiero. Otro de los briosos caballos que les toca jinetear a las PYMES es el difícil acceso a los mercados financieros, y en su caso, el alto costo que deben soportar.

Como ya es sabido, muchas empresas pequeñas y medianas se encuentran fuera del sistema, ya sea porque los números de sus balances no resultan atractivos, porque se incluyen como informadas en sistemas de morosidad, porque sus cuentas se encuentran embargadas por el Fisco o registran deudas con este o porque sus antecedentes en el corto y mediano plazo no les resultan favorables.

Además, y aún sorteando los escollos apuntados anteriormente, los costos, que en muchos casos superan el treinta por ciento anual, resultan excesivamente altos para cualquier mercado competitivo, con rentabilidad muy acotada.

A los costos estrictamente financieros, debe sumarse el de una serie de impuestos distorsivos, que los hacen aún mucho más inalcanzable, como el impuesto a los sellos, el denominado vulgarmente Impuesto al Cheque o la tan reciente e inconstitucional medida de muchos Fiscos provinciales, de apropiarse, vía retenciones o percepciones, de los dineros que los contribuyentes depositan en sus cuentas corrientes.

Si bien es cierto que muchas empresas deciden no tomar recursos del mercado de capitales, lo cierto es que cualquier economía que pretenda alcanzar un crecimiento sostenido en el tiempo, necesita del financiamiento, por lo cual, el Estado también tendría que tratar de domar este caballo en el menor tiempo posible.

3. La inseguridad jurídica. Podríamos definir a la inseguridad jurídica, como todos aquellos conflictos que recaen en forma directa sobre las empresas, ya sea como consecuencia de falencias en el sistema legal, por el cambio intempestivo de las reglas de juego o el abuso en la interpretación y aplicación de ciertas normas. Obviamente que todas estas circunstancias le implican a las PYMES fuertes erogaciones como consecuencia de juicios, honorarios y costas judiciales. Dentro de este ítem se incluyen la andanada de juicios laborales. Nuestra Provincia cuenta con uno de los índices relativos más altos de judicialidad en ese campo, habiendo dado incluso lugar a denuncias como consecuencia de un actuar abusivo en la materia. Lo expuesto atenta en forma significativa en la radicación de nuevas inversiones, principalmente del exterior o de empresas locales, que miran con desconfianza la posibilidad de ampliar su plantas, explorar nuevos mercados o intentar el lanzamiento de nuevos productos.

4. La burocracia. Vamos a definir la burocracia, no desde el concepto de Max Weber, como un tipo ideal donde se maximiza la eficiencia de la organización ni tampoco como el peyorativo popular de “administración lenta e ineficaz”, sino más bien, como el exceso de regulaciones, documentación a presentar y tiempos involucrados en las mismas, cada vez que una empresa necesita realizar cualquier tipo de trámites necesarios para el normal desenvolvimiento de su actividad.

Lo peor es que muchas veces ni siquiera queda claro cuál es el fin u objetivo perseguido por los distintos niveles del Estado en el cumplimiento de las exigencias impuestas. Algunos informes de consultoras privadas ubican a Argentina en el sexto lugar entre los más burocráticos, de una importante lista de países desarrollados y en vías de desarrollo, e innumerables empresas señalan a este factor como una de las principales causas de restricción en la expansión de los negocios.

La compleja maraña de regulaciones involucra los más variados aspectos, desde la posibilidad de ingresar inversiones del exterior, lograr una matrícula en un organismo oficial, inscribir un contribuyente en la AFIP, lograr un certificado de no retención o habilitar un comercio en cualquier municipio o Ente del Estado.

Lamentablemente, este es un mal que no sólo afecta al sector público, sino que muchos organismos privados o bajo control del Estado han adoptado para sí.

En alguna oportunidad se intentó imponer una ley llamada desregulación, pero en el mediano plazo, como era de esperar, la burocracia la convirtió en “letra muerta”.

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