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9 de enero de 2007
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PROVINCIA NO EUTANÁSICA

Por la presente quiero manifestar mi apoyo al Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza y hacer un llamado a la reflexión a nuestros legisladores que (no por primera vez) aprueban una disparatada ley.

     Por la presente quiero manifestar mi apoyo al Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza y hacer un llamado a la reflexión a nuestros legisladores que (no por primera vez) aprueban una disparatada ley. Me refiero, entre otros, al proyecto de ley que ha tenido media sanción del Senado sobre el turismo aventura, cuando, como en este caso, aquellos que conocen, son profesionales y trabajan en la actividad, no fueron consultados oportunamente.

    No resulta lógico que la presidencia de una comisión para el tratamiento de una ley que regiría los destinos turísticos de la provincia sea conducida por una importante artista plástica. Yo no me atrevería, en mi caso, a opinar sobre arte porque mis conocimientos sobre la materia y el reconocimiento propio de esa falencia me lo impiden.

    Por ejemplo, para llevar a cabo la ley de marras en Puente del Inca, zona donde vivo y trabajo, sería necesario, en primer lugar, que la Municipalidad de Las Heras colocase contenedores para la basura para evitar la rotura de las bolsas, la proliferación de moscas, insectos y roedores que ello implica. También sería necesario que el Estado construyese un centro de salud, ya que tampoco existe, ni para pobladores ni para turistas.

   La prestación de emergencias en la zona la brinda el Ejército Argentino y, sin temor a equivocarme, no creo que el municipio realice algún convenio para tratar la problemática animal, cuando no logra resolver la problemática humana. Para casos de extrema gravedad, se me ocurre que un perro o un gato debería ser trasladado a un centro de mayor complejidad en ambulancia. Sin embargo tampoco hay, excepto en época de temporada de Aconcagua.

   El aumento (sobre todo de perros) se produce en la zona de Puente del Inca cuando, al inicio de las temporadas de Aconcagua, junto con mulas y vacas, llegan al lugar los canes. Al finalizar la misma, seguramente porque les gusta el paisaje, la mayoría de los perros se queda (en realidad son abandonados por los dueños). Y cada año hay más perros y gatos, y cada vez hay menos control por parte de los responsables.

   Por último, sería importante que se instrumentara un 0800 para este tipo de casos no analizado por los genios que nos representan al momento de promulgar una ley que, lamentablemente, no se condice con la realidad que nuestro país hasta ahora nos muestra, y así, quienes sepan del tema, puedan participar a tiempo y sin perder el tiempo.

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