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18 de noviembre de 2009
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EDUCACIÓN

Prevenir las adicciones a las ?nuevas pantallas?

Las actuales tecnologías deparan originales peligros. Cómo detectarlos y qué hacer al respecto

    Mientras los acusamos de tener mucho tiempo de ocio, los niños y adolescentes de hoy parecen estar muy ocupados en sus quehaceres tecnológicos, algo que algunos piensan que no es malo siempre que no dejen de realizar las actividades de la vida cotidiana. Pero, los adultos ¿tenemos claro que las nuevas tecnologías, junto a su enorme potencial comunicativo y educativo, también encierran riesgos?

    CONSUMIENDO CULTURA. Recordemos que en los años 60, la Unesco generalizó el concepto de “industrias culturales” para referirse a todas las actividades de producción y comercialización, que incluyen los sectores editorial, el de las artes escénicas, el fonográfico, las artes visuales, el cine, la publicidad, el video, las artesanías, la televisión, las revistas, la radio y la prensa.

    Estas industrias culturales ofrecen objetos y experiencias de consumo a través del mercado, y las incluimos en la vida cotidiana a partir de nuestros gustos y sensibilidades. Los consumos culturales ocupan un lugar central en la organización del tiempo libre de las personas y, estudiando la forma de apropiarnos de la cultura, sobre todo a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), comprendemos más acerca de cómo se han alterado y continúan modificándose las formas de ser y convivir.

    LAS NUEVAS PANTALLAS. Los medios de comunicación apoyados por las TIC buscan optimizar la comunicación humana pero también sumergen a niños y adolescentes precozmente en un mundo que, reservado hasta no hace mucho con cierta exclusividad a los “mayores”, hoy, paradójicamente, los muestra participando en esferas culturales y sociales que a los adultos les resultan poco familiares (chats, blogs, redes sociales, buscadores de emociones, second life y demás). Ni la ciencia ni la tecnología son neutras, y estas nuevas y muy diversas formas de acceso a las llamadas “nuevas pantallas” (videojuegos, internet y celulares), al ser parte constitutiva de la misma sociedad, no presentan una vida online muy distinta de la offline.

   CONSUMIR EN LA GALAXIA INTERNET. Internet ocupa un lugar muy importante en el intercambio de información y de conocimientos, pero, según la Unesco, los usuarios de internet no superan 5% de los seres humanos que habitan el planeta. Para aprovechar los beneficios de internet se requiere, en primer lugar, saber leer y escribir, y 1.000 millones de personas todavía son analfabetas (dos tercios son mujeres). Para poder desarrollarse, internet necesita electricidad, y la tercera parte de la humanidad no la tiene, de la misma forma que es imprescindible para conectarse contar con una línea telefónica, y la mitad de la humanidad no tiene teléfono.

    En definitiva, internet sólo va a beneficiar a los países que disfrutaron de la anterior revolución tecnológica y que les proporcionó las infraestructuras. No olvidemos que el ciberespacio que hoy navegamos no nace por razones filantrópicas, sino como un negocio, y es así como continúa evolucionando en términos generales. Se hacen cada vez más notorias las disputas entre las compañías de telecomunicaciones por el control de las redes, la fusión de los macroservidores, la defensa de las patentes privadas y el hostigamiento contra el software libre, entre otros, y esto es así porque los poderes económicos transnacionales saben que cada vez obtendrán más ganancias.

    Finalizando el 2007 se conocieron más datos sobre el ya indiscutible crecimiento de internet, a través de los resultados del estudio Generaciones Interactivas en Latinoamérica. El análisis, impulsado por Telefónica y desarrollado por la Universidad de Navarra y EducaRed, encuestó en su primera fase a 21.774 escolares de entre 6 y 18 años pertenecientes a 160 escuelas de Argentina, Guatemala, Colombia, México, Brasil, Chile, Perú y Venezuela. Estos escolares latinoamericanos entrevistados poseían en 95,8%, al menos, una computadora y 82,9% utilizaba internet en casa, y, a pesar del reinado de la televisión (por tiempo dedicado y por número de televisores en los hogares), eligieron en primer lugar navegar en la red.
Otro dato revelador en relación con el acceso a internet fue que 86,6% lo hacía desde los cibercafés, dato similar al aportado por otros estudios para América latina.

    LA GENERACIÓN-I. Hace varios años que Microsoft habla de Generación- I (o Generación Internet), en la que incluye a los niños nacidos a partir de 1994, y se caracterizan, según los autores de un estudio realizado por Yahoo (2004), por ser adolescentes motivados por lo digital, más consumidores de internet que de televisión, se sienten ciudadanos del mundo, están absortos en sí mismos, para ellos el tiempo es algo que el dinero no puede comprar, están obsesionados con las marcas, son creadores de tendencias, les gusta estar conectados en cualquier momento, y parece imponerse entre ellos la cultura de “hacelo vos mismo”.

    Los adolescentes serían los consumidores más frecuentes de internet, y, si bien es de gran utilidad para la educación, la utilizan, generalmente, para el chateo, la mensajería electrónica, los juegos en línea, blogs, fotologs y la navegación en páginas pornográficas, entre otras visitas. Aunque los niños y adolescentes conocen cuáles son los riesgos potenciales en línea y las precauciones que deben tomar (encuesta cualitativa de Eurobarómetro 2007), la mayoría prefiere intentar resolver los problemas que se presentan por sí mismos o con amigos, y sólo hablaría con los padres como último recurso en los casos más graves.

    En Argentina, según el estudio exploratorio sobre el control de menores en el uso de internet realizado por Prince & Cooke, 83% de los niños entre 7 y 14 años accede a internet sin el control de sus padres, quienes, por lo general, se sienten “incapaces de involucrarse en lo que hacen y, por lo tanto, muchas veces confían en que están estudiando o haciendo sus deberes”. Esta lejanía de los padres lleva en numerosas oportunidades a que sus hijos pasen del uso al abuso.

    LOS CIBERENREDADOS. Sabemos que el cerebro del adolescente es especialmente vulnerable y proclive a los excesos, debido a que las regiones que controlan los impulsos y la motivación no están totalmente formadas a edades tempranas. Si a esto le sumamos una sociedad que no forma en el esfuerzo y la responsabilidad, como sucede ante cualquier abuso, también se puede quedar atrapado en la red. Por ser internet una herramienta relativamente nueva, las conductas patológicas relacionadas con ella son las últimas en agregarse a la lista de las ya conocidas.

    Se ha manifestado en casi todos los países y, si bien entre las adicciones sin sustancia sólo se incluye la adicción al juego, actualmente se la denomina Síndrome de Adicción a Internet (IAD) o Trastorno Adictivo a Internet (TAI), calculando, quienes la denuncian, que lo padecen entre 6% y 10% de los cerca de 190 millones de usuarios en Estados Unidos, y están en riesgo de sufrirlo 30% de los menores de 18 años en Corea del Sur, un país donde 90% de las casas está conectada a la red.

    ENFERMAR JUGANDO. Conocemos historias sobre jóvenes surcoreanos muertos después de jugar durante horas a juegos online. Un varón de 28 años murió en el 2005 después de pasar casi 50 horas seguidas en un cibercafé, jugando a los juegos Starcraft y World of Warcraft. Las noticias de entonces mencionaban que lo habían despedido de su trabajo por no acudir, debido a su afición desmedida por los videojuegos. Un adolescente adicto a estos juegos reconoció: “Estaba tenso, angustiado, ansioso hasta que conseguía empezar una nueva partida. Muchas madrugadas terminaba con ganas de llorar, incluso me llegué a abofetear a mí mismo varias veces”.

    Con más de 54 millones de entradas en Google, World of Warcraft (cuya traducción es algo así como El Mundo del Arte de la Guerra) es un juego multijugador masivo en línea, en el que están registradas más de once millones de personas en todo el mundo. En este tipo de juegos, el usuario crea un avatar (personaje virtual) con el que participa en aventuras, luchas y obtiene recompensas.

    ¿AFICIÓN O ADICCIÓN? Según algunos investigadores, en Argentina estar “colgados” al teléfono celular o internet ya no es un hecho aislado. Se calcula que 12% de los adolescentes abusa de estas tecnologías y no sabemos aún cuantos de ellos terminarán convirtiéndose en casos patológicos. Las consecuencias no distan mucho de la esclavitud a las drogas: el fracaso escolar y social, las alteraciones de la conducta y el encerramiento progresivo en sí mismo. Pero, considerar el riesgo de caer en una adicción no es unánime.

    Vaughan Bell, psicólogo clínico del Instituto de Psiquiatría de Londres, en su trabajo ¿Es internet buena para nuestra salud mental? (2007), defendió la idea de que es imposible ser adicto a internet, por las mismas causas por las que no podemos ser adictos al lenguaje, al periódico o a la radio. Sostiene que al ser internet un medio de comunicación y no una actividad, no puede ser ni bueno ni malo para la salud mental, y debería apuntarse más a distintos problemas subyacentes, como la soledad, la falta de sociabilidad, la ansiedad o conductas obsesivas.

    Otros, como el doctor Leonard Holmes, pionero de la ciberterapia, se preguntan cómo se puede hablar de un uso patológico de internet si aún no sabemos a qué llamamos un “uso normal”, más aún cuando dentro de unos años todos estemos conectados a internet como hoy lo hacemos frente a la televisión. En síntesis, para algunos investigadores, los trastornos del control de impulsos (como el juego patológico), o los trastornos de la conducta alimentaria pertenecen a categorías diagnósticas diferentes de la de los trastornos relacionados con sustancias.

    Cada vez sabemos más acerca del lugar que ocupa la biología del cerebro humano y su relación con las conductas abusivas. Al jugar en línea o al chatear se realizan actividades agradables que hacen producir al organismo narcóticos endógenos, sustancias altamente adictivas como la dopamina (relacionada con los circuitos de recompensa), la noradrenalina (relacionada con la excitación) y la endorfinas (también conocidas como hormonas de la felicidad). El desafío para muchos investigadores es la generación de una cultura adictiva que afecta a todos los niveles sociales, y las acciones no deberían seguir restringiéndose exclusivamente a las toxicomanías, como si fueran el único problema.

    Está claro que las drogas son un problema social en todo el mundo, pero, si la lucha contra la droga tiene poco éxito, es porque no se abordan los factores existenciales de las personas. Las conductas adictivas y las adicciones,, en general son un anestésico a la fatiga de vivir, un intento por huir de la realidad. José Luis Cañas, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, insiste en que la conducta adictiva es el síntoma de un profundo vacío existencial previo y defiende el concepto de las adicciones sin consumo de droga. Lo que ya pocos discuten es que en el origen, tanto de las conductas de exceso como en las adicciones, se encuentran familias que no asumen sus responsabilidades y abandonan la cercanía afectiva.

    Desconectar al niño no es la solución, pero la falta de asistencia en momentos en que internet se ha convertido en un paraíso sin ley es equivalente a abandonarlo en la calle durante una noche oscura. En general, internet es un bien, como lo son la imprenta, el teléfono y la televisión. Es un avance tecnológico que admite un buen uso y un mal uso, un uso experto y un uso inexperto. Es también un gran desafío educativo en una época en la que se realizan muchos progresos que no siempre van acompañados de la sabiduría y la prudencia necesarias. Cuando estos adelantos se gobiernan adecuadamente, pueden generar un bien para toda la sociedad. En caso contrario, acaban favoreciendo su corrupción y empobrecimiento.

    TRATAMIENTO. Uno de los principios en el que se fundamenta la prevención y tratamiento de las adicciones es que el problema no está en la droga, sino en la persona, y muchas veces favorecido por su entorno próximo. Independientemente de la droga que consuma o la adicción que presente, es el síntoma de un malestar mayor individual y social. El tratamiento se adecua a cada persona, ya que, utilizando una dinámica grupal (con su propia familia, con otras personas afectadas y con amigos y amigas) se hace un seguimiento individualizado. Se realiza un tratamiento integral, con las áreas personal, familiar, social y académica, poniendo énfasis en las dificultades concretas que aparecen en cada caso.

    LA NUEVA INTERNET. Dicen los expertos que la internet que viene cambiará aún más la vida de la gente. Será más amigable, interactiva y fácil de usar que la actual, porque entenderá el lenguaje corriente de las personas. Estará en la PC, la heladera, el celular, la tele y el centro musical. Esta web 3.0, como ya la llaman, arrancaría en el 2010. ¿Estaremos preparados para orientar al nuevo “niño web” para que no se pierda en el ciberespacio?

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