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13 de junio de 2018
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Psicología

¿Por qué tenemos sueños eróticos?

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Al igual que el resto de sueños, los eróticos no se pueden controlar y cada persona los vive de forma diferente. No hay una interpretación estándar aplicable a todo el mundo.

Si hay una cosa que tenemos en común los seres humanos, son los sueños. Aunque no los recordemos todos soñamos. Cuando dormimos, nuestro sueño atraviesa una serie de fases, de más a menos profundas. La fase del sueño en la que aparecen fantasías en forma de historias es la llamada fase REM. Todas las fases tienen una función fisiológica importante: reparar el organismo y consolidar funciones cognitivas, como la memoria.

Por tanto, soñar es algo inevitable, sea cual sea el contenido: pesadillas, sueños eróticos, tener la capacidad de volar, perder los dientes o ser un superhéroe, por ejemplo. Tal y como señala Ana Belén Carmona Rubio, psicóloga, sexóloga y profesora del máster en Sexología de la Universidad Camilo José Cela, en Madrid, “tener sueños eróticos es algo natural: la sexualidad forma parte de nuestra vida, por tanto es lógico que algunos de nuestros sueños tengan este contenido”.

Si indagamos un poco más en por qué tenemos sueños eróticos podemos comprobar que no hay una respuesta única dada la complejidad de los sueños. Silvia Carpallo, sexóloga, periodista y autora del libro El orgasmo de mi vida, se remonta a Freud. “Decía que en los sueños eróticos cumplimos un deseo frustrado o interpretaciones más simples, que vienen a decirnos que la sexualidad es una parte importante de nuestro día a día y por eso también aparece en nuestros sueños”, explica. Otra teoría que añade Carpallo es que a veces los sueños eróticos aparecen en una época de menor frecuencia sexual, “como una forma de buscar ese desahogo, ya que incluso pueden tenerse orgasmos en sueños, tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres”.

Al igual que el resto de sueños, los eróticos no se pueden controlar y cada persona los vive de forma diferente, en general con normalidad e incluso con placer y satisfacción. Sin embargo, Carmona especifica que en algunos casos se viven con malestar por diferentes motivos como verlos como algo sucio, inadecuado o como una infidelidad. “A veces hemos recibido consultas de personas angustiadas por tener sueños de contenido erótico, o mujeres angustiadas por saber que sus parejas tienen sueños eróticos cuando duermen, buscando ayuda para poder controlarlos o inhibirlos. Algo imposible, claro. En estos casos, el trabajo que podemos realizar los profesionales de la sexología es desentrañar los motivos por los que las personas viven con angustia soñar o pensar, para desmontarlo, pues la mayoría de ocasiones hay malentendidos, poca información o información errónea que hace que se vivan como algo amenazante”, aclara la experta.

En la literatura encontramos mucha información sobre la interpretación de los sueños y un punto en el que coinciden la mayoría de los autores es que no hay que tomar los sueños al pie de la letra. “Por ejemplo, si soñamos con una expareja, puede ser porque la echamos de menos, pero también porque lo que echemos de menos sea la frescura o la impulsividad del sexo con esa pareja de la juventud, que no siempre es igual que el que se tiene con una pareja estable años después. Igualmente, aparecen en nuestros sueños personas inesperadas, como personas de nuestra familia, que no implican una atracción sexual, sino a lo mejor un conflicto no resuelto. No hay una interpretación estándar aplicable a todo el mundo, sino que depende de la persona que sueña, de sus circunstancias, de lo que le haya pasado ese día, de su relación o su visión de esa persona, y de su autoconcepto de sí mismas”, añade Carpallo.

Para afrontar una posible culpabilidad, las expertas recuerdan que los sueños no se rigen por las reglas de la realidad y no podemos interpretar el subsconciente como la parte consciente.

“Los sueños o fantasías no necesariamente muestran deseos que una persona quiere llevar a la práctica. A veces se trata de contenidos que sólo son estimulantes porque son imaginados, pero no se busca nada más. En otras ocasiones puede que lo que se sueñe o fantasee coincida con deseos, pero tenemos la capacidad de regular nuestro comportamiento y tomar decisiones: no todo lo que se desea se lleva a la práctica, pues algunas veces puede no ser lo más conveniente”, apostilla Carmona.

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