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22 de julio de 2020
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‘Cuarentena non-stop’

¿Por qué es importante hacer una pausa?

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El contexto de incertidumbre, exigencias laborales y estrés- producto del escenario de pandemia-puede provocar un ‘desgaste’ en uno mismo y con los demás.

De alguna manera la cuarentena ha potenciado la convivencia familiar, y en algunos casos, mujeres profesionales que pasaban tiempo fuera de la casa han tenido una oportunidad, ya sea por encontrarse en licencia laboral de forma excepcional o por estar trabajando en la modalidad Home Office, de poder pasar más tiempo con su pareja y sus hijos. A priori esto parece ser un beneficio inesperado dentro de todo lo grave que resulta esta crisis. Es la oportunidad de recomponer vínculos, de recuperar el tiempo perdido, de estar más en contacto con los hijos. En síntesis: cualquiera pensaría que esto supone una ‘gran ventaja’.

La realidad que se ve de forma recurrente en las consultas con las pacientes es que sí lo es. Más tiempo es sinónimo de poder tener mayor oportunidad de diálogo, de reencontrarse, de rearmar una dinámica a nivel familiar que estaba perdida o secuestrada por los tiempos y las demandas laborales. Sin embargo, esta moneda tiene otra cara.

La ‘cuarentena non-stop’

Este término hace que con el tiempo lo que antes era considerado como una ventaja ahora se repiense. ¿Qué es lo que pasa? Se está observando un "desgaste" a nivel de las relaciones, un "agotamiento" de la convivencia. Por supuesto, que hay que ponerle comillas para entender que son términos coloquiales y no corresponden a una terminología medica específica.

Este "desgaste" a nivel de la convivencia tiene muchos factores que lo alimentan y que lo sostienen. Por una parte, para las personas que hacen teletrabajo, es difícil separar el tiempo del trabajo de otras tareas que también son importantes como las tareas de cuidado y educación de los hijos así como las relacionadas propiamente con las domésticas, los tiempos compiten y pelean entre sí por nuestra atención. Por otra parte, está el "estrés económico" que se encuentra afectando a todos los elementos de la propia economía y por tanto las familias, uno de estos elementos macroeconómicos también se encuentran sometidos a esta tensión.

Otro factor importante es todo el tiempo de convivencia bajo el mismo techo. Es muy común que las personas traigan a consultorio a la irritabilidad como un motivo de consulta. Se empieza a contestar mal, a recalcar los errores de los demás, algunos pacientes tienen una angustia por todo lo anterior y además, sentimientos de culpa ya que no quieren transmitir todas sus preocupaciones a sus hijos.

Por último, uno de los factores clave del estrés crónico que es la incapacidad para saber cuándo todo esto se termina, como si se estuviera en bucle constante en el que un día es igual a otro.

Entoces, ¿qué hacer?

Desde un punto de vista clínico, cabe preguntarse en qué se traduce todo lo anterior.

Además de la irritabilidad como un síntoma, lo que se empieza a configurar son los elementos clínicos de un ‘Cuadro Adaptativo’, o ‘Trastorno Adaptativo’, que consiste en nada más que la respuesta fisiológica a una situación de estrés sostenido.

Son comunes síntomas como la dificultad para conciliar el sueño, sentirse cansado o no recuperado por la mañana, sintomatología de tipo ansiosa como puede ser sensación de palpitaciones, falta de aire, cambios en el apetito lo que para algunas personas es comer de más para otras puede ser la pérdida de esas ganas y con ella, la baja de peso.  Además, y como esto le está sucediendo a todos los miembros de la familia de alguna o de otra manera, comienza a hacerse evidente que se resientan  las relaciones en la casa. También a nivel del campo subjetivo, cambia la “cantidad” y el “color” de los pensamientos, es decir, se empieza a pensar más y el contenido de pensamiento se vuelve negativo.

Es en relación con todo lo anteriormente comentado considero muy importante tener en cuenta una especie de ‘antídoto’ para esta situación que está afectando los vínculos en el hogar, y en este sentido, reconocer el valor de la pausa.

Trabajamos y atendemos las necesidades de los demás de forma constante y esto lleva a una sensación subjetiva de alienación, de pérdida de contacto con uno mismo, de desconocimiento de las propias emociones y de aquellas respuestas que damos al otro. ¡Hay que parar el bucle sin fin que genera toda esta situación!

En pos de mantener una relación saludable es importante acordar con el resto de la familia, un momento, el cual dependerá de las propias necesidades que se tienen para retomar el contacto con uno mismo. Para algunos, siempre respetando las disposiciones de las autoridades, una pequeña caminata por ejemplo puede ser un despeje y un momento de reflexión que les permita, repensar las situaciones que vivimos de forma cotidiana y poder manejar las propias respuestas emocionales, para otros puede ser un momento de lectura, o cualquier otra actividad.

Cuando hablamos de una actividad para hacer una pausa, quisiera hacer una aclaración, es una actividad ACTIVA ya que ver una serie, o dormir, es un descanso PASIVO. El descanso o recreo pasivo no permite que uno pueda hacer este trabajo de tener una pausa saludable ya que la conciencia se suspende, dejamos de pensar.

Por tanto, es importante que nuestro momento para hacer una pausa y un recreo sea con una ACTIVIDAD. Así también, esta actividad debe ser algo propio de uno, no algo que comparta con alguien más: debo estar solo. Si por ejemplo mi pausa fuera hablar con una amiga por teléfono en realidad tampoco estoy haciendo el trabajo de parar la cabeza. Unos minutos solo para uno es el antídoto para todo lo anterior.

Por último, es importante pensar que de forma cotidiana, las relaciones son lo que cada uno hace de ellas, la suma de todas las contestaciones que doy, la suma de todas las respuestas que obtengo definen esa relación y determinan el rumbo que estas toman. Hacer una pausa es volver al presente, al ‘aquí y ahora’, pensar lo que es importante para uno mismo y así,  permitirse - a partir de la suma de todos esos presentes- diseñar el propio futuro.

Por: Dr. E. Arias Van Lierde. Medico Psiquiatra. Mp: 9286. Director de “Bienestar en Línea”.

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