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22 de febrero de 2021
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Opinión

Por ahora, más cruzados que nunca

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Todavía no parece estar claro si el perokirchnerismo mendocino le imprimirá cambios a esa estrategia cerrada de enfrentar el proyecto de reforma de la Constitución que ha elaborado el gobierno de Rodolfo Suarez.

Hay unos cuantos factores que la principal oposición debe estar teniendo en cuenta si es que el oficialismo redobla su accionar y decide avanzar detrás de un plan que deje peor parado de lo que ya está su adversario frente a la sociedad, con los temas exclusivos de Mendoza, con el mendocinismo, para ser más claros.

Si se corporiza un referéndum en torno a la necesidad de la reforma bajo el principio de que por esa vía se gastará menos plata en la política, en sus asesores, en sus bolsones improductivos y nocivos para el buen desempeño del Estado, el movimiento liderado por la senadora Anabel Fernández Sagasti podría volver atrás, permitir y permitirse una discusión más seria sobre los cambios propuestos por el gobierno.

Ya el hecho de haber quedado emparentado con un no a los proyectos que el Gobierno –con picardía– presenta como beneficiosos para la provincia en su conjunto ha hundido un poco más las chances de mantenerse a flote dignamente tras una elección de medio término que ve, con razón, adversas.

El sólo hecho de que alguien en el peronismo esté pensando en revisar la estrategia y dar la discusión al proyecto de Suarez –solamente porque, de esa manera, el movimiento podría frenar o detener, al menos, en parte, la caída que se evidencia en su imagen frente a buena parte de la sociedad– da cuenta de ciertas diferencias que se evidencian internamente en la forma de conducción que hoy se ha asumido.

Frente a tal demanda de barajar y repartir otra vez, la conducción se inclina por pedir calma. En términos electorales, el kirchnerismo se ha planteado primero responder satisfactoria y acabadamente sin matices a lo que considera el núcleo de seguimiento leal y duro. Y clausurar, con ello, alguna posible fisura en el bloque, o fuga, en ese nicho de adherentes y militantes que constituye el piso de votos K en Mendoza. Más adelante habrá tiempo de moderar las posiciones y que Fernández Sagasti, el as de espadas y garante del ADN K, vaya mutando a otras posiciones más compatibles con algún sector de la clase media provincial.

Por el momento, la única clave pasa por aferrarse a la conducción nacional de los Fernández. Por eso, en ese contexto, el kirchnerismo festeja que Suarez, aunque no lo haya decidido oficialmente, piense en unificar las elecciones con la Nación. Si el oficialismo saca cuentas y concluye en que el rechazo al Gobierno nacional que existe en Mendoza le terminará jugando a su favor y en el de los candidatos a diputados y senadores, lo propio hace el kirchnerismo pero analizando que lo mejor que le puede pasar en un contexto decididamente malo es aferrarse a lo que se creía, al menos, hasta antes de que estallara el escándalo de las vacunas robadas distribuidas entre amigos y militantes del poder: que el plan de vacunación más una mejora en la economía serían factores que se moverían en su beneficio.

El plan de vacunación contra el Covid –antes del escándalo que eyectó a Ginés González García de Salud– y algunos indicios de reactivación económica conducían al gobierno de Alberto Fernández a forzar una postergación de las PASO y las intermedias de agosto y octubre. Una de las alternativas que Juntos por el Cambio podría aceptar, del menú que se ofrece para modificar el cronograma electoral, es correr las elecciones un mes cada una: setiembre, las PASO; noviembre, las generales. “Eso lo podríamos apoyar desde la oposición, aunque no todos pensamos igual. Pero, la idea es no dar una sensación de inflexibilidad y que a todo le decimos que no”, admitió una fuente consultada del bloque opositor.

Por el momento, como está dicho, el kirchnerismo transita la etapa de la fidelización y la de la aferrarse a las bondades que le puede traer, por añadidura, la gestión nacional y el hecho de que la senadora Fernández Sagasti se mueve como una suerte de facilitadora en Mendoza, intermediaria de los intendentes frente al Gobierno central, y el más ambicioso de los objetivos: que se la identifique como una gobernadora paralela, con poder y llegada a lo más alto del Ejecutivo nacional.

Es posible que hacia el fin de semana se concrete la visita del ministro de Obras de la Nación, Gabriel Katopodis. El funcionario se reunirá con Suarez y también con algunos intendentes. Como previa de la llegada del funcionario, su cartera difundió, antes del fin de semana, un listado de obras que se financiarán con el Presupuesto nacional a lo largo del 2021.

Según la Nación, de 338.000 millones de pesos en inversión en obras en todo el país, a Mendoza llegarán un poco menos de 9.000 millones, lo que significa casi 2,5 por ciento de toda la torta. Este dato –el del porcentaje– seguramente será tomado por el oficialismo para señalar que Mendoza, una vez más, ha sido postergada porque ni siquiera se cumple con la cuota de la coparticipación federal de impuestos, de 4,1 por ciento.

No obstante, el perokirchnerismo reaccionará con que ese monto significa un incremento de 119 por ciento respecto de lo que se envió a Mendoza en el 2019, durante el último año del macrismo.

Todo, de acuerdo con el cristal con que se lo mire, como siempre y como manda el sentido común de la política. El otro sentido común, el más significativo y que importa de verdad, hay que buscarlo entre la gente, en la calle, en las familias, en los trabajos, donde se siente todo como es en verdad.

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