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25 de julio de 2006
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POLÍTICAS HÍDRICAS COHERENTES

Sólo en General Alvear y San Rafael contamos con 180.000 hectáreas bajo riego, de las cuales una gran parte está afectada, en mayor o menor medida, por las complicaciones ambientales que acarrean las aguas claras.

     Esto es: lavado del suelo, aumento de la salinización, suba del nivel de las napas freáticas, pérdida de fertilidad, etcétera. Este problema es una directa consecuencia del embalsamiento de las aguas de los ríos Diamante y Atuel. Ahora bien, nadie puede negar los beneficios que, en su tiempo, trajeron las obras de ingeniería realizadas sobre estos ríos, ya sea como generadores de energía eléctrica, como reguladores de los caudales o como una forma de incrementar la superficie irrigada y, por ende, la productividad agrícola de la región.


     Como contrapartida, y debido a un mal manejo del recurso hídrico, los embalses han provocado los ya mencionados inconvenientes debidos a las aguas claras. Por esta razón existe una prioridad, advertida desde hace tiempo por instituciones técnicas como el INTA y el Departamento General de Irrigación, para proceder a la eventual impermeabilización de los cauces derivados de estos embalses, al menos en lo que respecta a los canales primarios y secundarios.


     Entonces existe un problema (el efecto de las aguas claras) y existe una solución (la impermeabilización de los cauces de riego). Con los 120 millones de pesos que obtuvo la provincia por la venta de 37 por ciento del paquete accionario de Hidroeléctrica Nihuiles SA se podría dar una solución total y permanente a este problema que afecta al oasis sur de nuestra provincia. Sin embargo el Gobierno provincial ha tomado una decisión (entiendo que más política que técnica) de construir un dique en la confluencia de los arroyos Las Tunas y Santa Clara, en Tupungato.


     Esta obra tiene una relativa importancia energética (se estima una generación anual del orden de los 100 Gwh/año, lo que equivale a la quinta parte de Potrerillos), aunque su rol como reguladora y almacenadora permitirá el riego de unas 10.000 hectáreas que hoy no cuentan con una provisión de agua asegurada durante todo el año. La nueva presa es de vital importancia para el Valle de Uco y, por supuesto, que sería necio de mi parte negarme a su construcción. Sin embargo, creo que nuestro deber como funcionarios es establecer prioridades.


      Y hoy, la prioridad no es el Dique Las Tunas sino solucionar los desastres que están provocando las aguas claras en 180.000 hectáreas de San Rafael y General Alvear. 

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