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14 de octubre de 2009
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MEDIOAMBIENTE

Playa de Palma, la primera zona turística adaptada al cambio climático

La subida del nivel del mar y el aumento de la temperatura son problemas a los que tendrá que enfrentarse el mundo en las próximas décadas. El Proyecto de Reforma hará de esta zona de la costa de Mallorca, España, un lugar sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

La subida del nivel del mar, el aumento de la temperatura, la disminución de las precipitaciones y el incremento de los fenómenos meteorológicos extremos son algunos de los problemas a los que tendrá que enfrentarse el mundo en las próximas décadas y que el Proyecto de Reforma de la Playa de Palma ya tiene en cuenta para el diseño de la que será la futura reconversión de esta zona hacia un lugar totalmente sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Playa de Palma ha sido desde los años 60 un destino turístico de referencia en España y muy popular en el extranjero, especialmente en Alemania y Gran Bretaña.


    Situada en la costa sudoeste de la isla de Mallorca, en Baleares, esta zona de diez kilómetros de costa se ha caracterizado por ser un lugar de visita irrenunciable durante los descansos estivales. Cada año pasean por la arena de la Playa de Palma alrededor de un millón y medio de personas (las mismas que visitan toda la isla de Cuba) que se hospedan en las cerca de sus 40.000 plazas hoteleras y se añaden a los 30.000 residentes. Ahora, tras cincuenta años de expansión urbanística, la zona está masificada de edificios que fueron construidos sobre los años 60 y que han quedado obsoletos, por lo que se necesita de una pronta intervención que convierta Playa de Palma en un destino turístico innovador, pionero y totalmente sostenible.


     Cubrir los edificios con un revestimiento que mantenga la temperatura, utilizar las ruedas viejas para hacer asfalto, retirar las bolsas de plástico de los comercios o crear más sombras con árboles son algunas de las medidas que harán de Playa de Palma un lugar acorde con el medio ambiente. La reconversión de Playa de Palma es un proyecto único en el mundo por su carácter global, que pretende incidir sobre áreas muy diversas, que está dirigido por el equipo internacional de arquitectos West 8, que lidera el holandés Adriaan Geuze.


     La gerente del Consorcio de la Playa de Palma, Margarita Nájera, tiene claro que se trata de un proyecto de futuro y que, como tal, ha de tener en cuenta que las condiciones actuales no serán las mismas que habrá en el 2020, cuando está previsto que se finalice. Por ello, Nájera aseguró en una entrevista a Efe que una de las claves que hacen destacar este proyecto sobre el resto es que se va a realizar adaptando la zona al cambio climático. El consorcio cuenta para eso con la colaboración del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), que se encarga de analizar los distintos escenarios que podrían darse en las próximas décadas como resultado del calentamiento global.


    Por ejemplo, se están diseñando las calles creando gran cantidad de espacios con sombra –gracias a los edificios y al arbolado, que permitan refugiarse de las altas temperaturas, y, además, dado el posible aumento del nivel del mar y del oleaje, se remodelarán los dos puertos de Playa de Palma. Pero el proyecto, que cuenta con una inversión inicial de unos 3.683 millones de dólares para los próximos diez años, no se centra sólo en la adaptación al cambio climático, sino que también pretende mitigar sus efectos. Así, se está diseñando todo un entramado de estrategias para reducir la carga ecológica de la zona y lograr el objetivo “balance cero” en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, que afecta a ámbitos como el de la energía, agua, residuos y movilidad. La idea es lograr en Playa de Palma la neutralización de los GEI (como el dióxido de carbono) en las actividades locales, para lo que se intentará reducir su emisión y compensarla con el uso de energías renovables.


     Está previsto conseguir una reducción de 50 por ciento de las emisiones con eficiencia y la instalación de fuentes de energía renovables en los edificios. Además, para compensar 75 por ciento de las emisiones que sí se realicen, se instalarán energías renovables integradas en la zona. El 25 por ciento restante se compensará con una inversión en renovables fuera del ámbito de la Playa de Palma. El escenario energético actual de Playa de Palma se caracteriza por la poca diversidad en sus fuentes, aspecto que cambiará con la llegada del gas a la isla procedente de la península a través del gasoducto, que entrará en funcionamiento en un corto espacio de tiempo.


    En el apartado del agua, se está trabajando en distintas estrategias que van desde la obtención de la misma con la creación de una nueva depuradora que abastezca de agua potable la zona y su distribución con la mejora de la red de saneamiento de agua, hasta la gestión de su calidad en función del uso que se hará de ella. Se está planteando el agua como un “recurso escaso” y, por ello, se intentará reducir su consumo en cada uno de los edificios y maximizar su eficiencia, arreglando toda la infraestructura de tuberías para disminuir tanto el consumo, como las pérdidas (que suponen alrededor de 40 por ciento del agua que se gasta). Nájera apunta que “el problema es que muchas tuberías son muy antiguas y los materiales se han deshecho, por lo que se pierde muchísima agua”.


     Además, se quieren eliminar completamente los vertidos al mar, ya que se han detectado abocamientos de aguas residuales procedentes de embarcaciones y tuberías. Otra de las medidas que se adoptarán será “gestionar la demanda de los ciudadanos”, explica la gerente del consorcio, “incorporando mecanismos en los edificios que, manteniendo el confort de las personas, permitan reducir el consumo”, tales como sistemas de evacuación separada en los baños (con dos botones diferentes en función de si se necesita una descarga de agua ligera o completa) y utilizando para el riego agua depurada.


    Por otra parte, se va a hacer un “cambio radical del concepto de residuo”, indica Nájera, para rechazar la idea extendida de que el crecimiento económico va asociado a un incremento de los mismos. Actualmente, se generan en torno a 80.000 toneladas de residuos en Playa de Palma al año, de las que 90 por ciento se considera rechazo y no se recicla. Por ejemplo, residuos que hasta ahora eran desechados, como es el caso de las ruedas de los autobuses, se utilizarán en este caso para la fabricación de asfalto.


 SEGUNDA PIEL.Además, se realizará una rehabilitación de la estructura hotelera con criterios sostenibles para conseguir edificios eficientes, tanto residenciales como hoteleros, que ahorren energía y agua. Para ello, se va a dotar a los edificios de un revestimiento, “una especie de segunda piel”, apunta Nájera, que permita eliminar humedades y pérdidas eléctricas y de agua, así como mantener la temperatura sin necesidad de utilizar sistemas de refrigeración o calefacción. Otra de las áreas en las que incidirá el consorcio es en la creación de un nuevo modelo de movilidad, en el que los peatones y bicicletas recuperen el espacio público en detrimento de los vehículos privados, que podrán acceder a la zona pero no circular por ella.


     La idea del Consorcio es disminuir sensiblemente el tráfico, diseñando un escenario orientado hacia un “balance cero en carbono” en los desplazamientos locales y potenciar un sistema de transporte público atractivo, eficiente y no contaminante, como el tranvía. El proyecto también tiene entre sus objetivos el de conservar la biodiversidad terrestre y marina de la zona, la cual ha sufrido una fuerte presión por la explotación agrícola, por la expansión urbanística y por el tráfico marítimo. Asimismo, se está estudiando cómo mejorar la calidad de las aguas terrestres y marinas y su uso adaptado a la variación futura de los recursos.


     La directora del Imedea, Beatriz Morales, señaló en una entrevista a Efe que el enfoque de este asesoramiento es especialmente relevante dado que “es la primera vez que se contempla en un mismo estudio la calidad de las aguas marinas, las subterráneas y las continentales” (como humedales o estanques naturales). No obstante y a pesar de estos avances, el grupo ecologista balear GOB considera que no se está profundizando en una verdadera reconversión de la zona en temas ambientales y acusan al consorcio de dedicar la mayor parte del presupuesto a la rehabilitación de las infraestructuras y de los equipamientos más que al objetivo de convertir la zona en un lugar sostenible.


     El presidente del GOB, Maci Blázquez, asegura que la clave para alcanzar la verdadera reconversión reside en “esponjar” Playa de Palma, “retirando de la oferta aquellos edificios que hayan quedado obsoletos”. De esta manera, la presión humana y urbana no sería tan fuerte. Por otra parte, los ecologistas apuntan el tema de la energía como uno de los más importantes y, concretamente, la utilizada para los desplazamientos. Blázquez critica que “la mayor parte de los desplazamientos que se realizan a Baleares se hacen avión, un medio quince veces más costoso en gasto energético que el barco” y cuyas compañías “están exentas de pagar impuestos indirectos por combustible”.


     Es por ello que considera que, si, realmente, se quiere respetar el medio ambiente, habría que potenciar los medios de transporte más ecológicos por ejemplo o promover otros cambios en la demanda, “como estancias en la isla más largas que evitaran desplazamientos”. Al margen de las críticas y del estado inicial de la reconversión quedan once años para ver acabado este proyecto, para poder pasear por una Playa de Palma sostenible a la vez que turística.

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