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10 de julio de 2015
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La investigación de la Fiscalía Especial

Piottante-Libedinsky: a nueve años del doble crimen

<p>Pasa el tiempo pero el hecho sigue siendo noticia. El l&iacute;der de la investigaci&oacute;n cree que Mauricio Javier Su&aacute;rez (41), el &uacute;nico imputado e identificado, no actu&oacute; solo.&nbsp;</p>

El policía de Motorizada Héctor Rolando Mercado (41) fue el primer testigo de la causa NºP-66.775/06. La mañana del jueves 13 de julio del 2006 patrullaba con un compañero la movilidad 1375 y se encontró con la escena del doble crimen de calle Barcala 484 de Ciudad.

Un día antes, el psicólogo Flavio Heriberto Piottante (39) y su paciente, Analía Estrella Libedinsky (31), habían sido atacados por un conocido y asesinados a tiros y a golpes, respectivamente, en una de las habitaciones de la propiedad-consultorio ubicada a metros del cruce con calle Chile. Llevaban 12 horas sin vida cuando los hallaron.

“...Encontramos dos personas de sexo femenino, una de ellas recostada sobre la vereda. Eran como las ocho treinta horas. Desciende el cabo Arias Orlando a verificar la situación. En ese momento pedimos por frecuencia una ambulancia. En ese instante, el comando nos dice que nos desplacemos a Barcala y Chile por un posible doble fallecimiento y les contestamos que ya estábamos en el lugar porque habíamos visto a las mujeres. Se me acerca el cabo Arias, Orlando y me dice que la situación es complicada, porque la mujer que estaba en la vereda le pregunta ‘dígame si están muertos’... Ingreso al domicilio de Barcala 484 que estaba abierto. En el interior se escuchaba la voz de una mujer que decía ‘no, mi hijo no’... Vimos a una mujer mayor llorando arrodillada sobre un cuerpo que estaba tirado. Nos acercamos y vimos a un masculino y a un femenino. Los dos se encontraban con sangre en distinas partes del cuerpo”.

El relato del efectivo de la Comisaria Cuarta continúa con la descripción de que lo alcanzaron a divisar en el lugar minutos después del descubrimiento de los asesinatos. Es impactante. En poco más de una carilla, resume el shock que presentaron esas mujeres cuando ingresaron al domicilio. Se trataba de la madre y la pareja del hombre ejecutado, Beatriz Llin (75) y Andrea Natacha Troncoso (42).

Papeles revueltos y tirados, sillas corridas, sangre en las paredes, huellas de zapatillas Adidas marcadas en el piso y de dedos en un interruptor de luz, un ovejero alemán que no ladraba y dos cadáveres a centímetros de distancia, uno boca arriba, el del varón, formaban parte de la escena. Hubo corridas por la pequeña habitación. Las víctimas se resistieron.

Luego llegaron los funcionarios del Ministerio de Seguridad, como el por aquellos días titular de Investigaciones, Carlos Salas, y el primer fiscal que tuvo la causa, Daniel Carniello. Estaban frente al doble asesinato más impactante perpetrado en la provincia en los últimos años.

El domingo se cumplen 9 años de este hecho, y poder hallar al único sospechoso identificado “es la sangre en el ojo” de gran cantidad de investigadores policiales y judiciales. Mauricio Javier Suárez, nacido el 23 de mayo de 1974, sigue siendo el prófugo número uno de la provincia, a pesar de que no hay efectivos que lo busquen ni datos certeros sobre qué rumbo tomó cuatro días después del doble homicidio.

Mauricio Suárez.

Muchas preguntas, pocas respuestas con respecto al móvil, porque no hay detenidos. Pero, para los detectives, Suárez mató por celos. Lo hizo porque no soportó que Piottante iniciara una relación sentimental con su ex mujer y madre de su hijo, Andrea Troncoso. El psicólogo y la mujer compartían la misma profesión y trabajo: la cárcel de Boulogne Sur Mer.

Pero, el fiscal especial que lidera actualmente ese expediente, Santiago Maximiliano Garay, tiene algo muy claro: Suárez no actuó solo. Se basa en las pruebas incorporadas en los últimos años –hay una huella dactilar cerca de una llave de luz que no es de las víctimas ni del prófugo– y por cómo se produjo el ataque.

“Si el agresor fue uno, por qué no mató a las dos víctimas con el arma de fuego. ¿Se tomó el tiempo para disparar y luego para estrangular a la mujer?”, cuestiona el magistrado cada vez que toma contacto con los cuerpos del sumario que heredó hace más de cinco años de Eduardo Martearena –en febrero del 2010–, cuando fue nombrado fiscal especial.

¿Podría zafar?

Las novedades de importancia que presentó el expediente fueron tres en los últimos cinco años: los resultados de los cotejos de ADN entre cabellos y rastros hemáticos que se levantaron en el teatro del hecho (setiembre del 2010), la búsqueda del acusado con policías en nuestra provincia (junio del 2011) y los allanamientos en la casa de Luján de Troncoso y de la familia de Suárez en Las Heras (diciembre del 2012). Ninguna fue alentadora.

Santiago Maximiliano Garay, fiscal de la causa.

El resultado de las comparaciones genéticas lo beneficiaron. Cuando allanaron la casa donde estaba parando Suárez al momento de los homicidios, encontraron un bolso con diversas prendas de vestir y hallaron un vello púbico en su ropa interior. El ADN se cotejó con la sangre que estaba en la casa y fue negativo.

Por su parte, un dato surgido en la instrucción sostenía que Suárez se escondía en una casa de Mendoza. Un grupo de policías estuvo realizando tareas de inteligencia cerca de la propiedad, pero nada, ni un rastro.

Hace poco más de dos años, el fiscal allanó la casa de Troncoso, en Vistalba. Secuestró diversos elementos de electrónica, principalmente, notebooks. Lo mismo en la casa de los padres de Suárez, en el barrio Cirsubdoz.

Hubo sospechas de que el presunto homicida se estaba comunicando con sus allegados a través de correos electrónicos. Sin embargo, los profesionales de Delitos Tecnológicos revisaron todo pero no hallaron pruebas en los aparatos.

Este año también llegó el dato de la fiscalía de que Mauricio Suárez está escondido en un país sudamericano con otro nombre. Pero no hay presupuesto para iniciar rastrillajes minuciosos de estas características tanto de seguimiento de comunicaciones telefónicas y de redes sociales como de horas hombre.

A Suárez nadie lo vio en la escena pero está prófugo. Dos días después del hallazgo de los cadáveres, se juntó con un amigo y le dijo una frase que podría haber cambiado la historia. Sólo las antenas de celulares de la zona de Barcala y Chile lo ubicaron el día del hecho en un radio de más de 500 metros.

Esto, sumado a que dejó la provincia el domingo 16: su auto, un Fiat Uno, fue hallado cerca de la Terminal de Ómnibus.

La escena del crimen, la mañana del 13 de julio del 2006.

El funcionario del Ministerio de Seguridad que tardó dos días en hablar

El domingo 16 de julio a las 20.28, es decir, tres días después de hallados los cadáveres de Flavio Piottante y Analía Libedinsky, compareció espontáneamente ante el fiscal Daniel Carniello un testigo que pidió ser de identidad reservada. Lo identificaron como “A”.

Se trataba de un amigo de Mauricio Suárez, quien trabajaba en el Ministerio de Seguridad como jefe de Logística. Con el paso de los días, se conoció que era Diego Coronel –hoy director de Administraciones de la Comuna de Godoy Cruz– y que se había juntado con su amigo Suárez el viernes 14 –y madrugada del sábado 15– en un bar de calle Arístides. De su declaración se desprende:

“Sólo sé que una persona que es allegada a la pareja de la víctima me dijo: ‘Me mandé una cagada y me tengo que ir del país’, esta persona se llama Mauricio Suárez”... Y agregó: “Yo no puedo decir de manera fehaciente que es o no el culpable, pero hablando con los que viven con él, hablamos de venir a declarar”.

Para los detectives, si el dato llegaba antes, Suárez no hubiese tenido tiempo para escapar. Es más, el sábado durante la mañana estuvo con otros conocidos y el domingo 16 al mediodía almorzó con su padre en Las Heras.

 




 

 

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