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12 de diciembre de 2006
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Pinochet sigue dividiendo a todo Chile

La muerte del ex dictador corrupto ha despertado el recuerdo de su más terribles delitos, pero también la admiración de miles de ciudadanos que lo consideran un salvador

         Corrían las lágrimas por las caras de los seguidores de Augusto Pinochet, mientras, desde el otro bando, descorchaban, este domingo, botellas de champaña o tocaban bocinas para festejar la muerte del ex dictador. Los que consideran a Pinochet el “salvador del país” piden hoy banderas a media asta y funerales de Estado, pero el otro bando aún sangra por el exilio, la tortura, las ejecuciones, desapariciones y el hambre por la política de represión y de “shock” neoliberal aplicados a fines de los 70.


        Lágrimas de dolor, champaña: división... Una postal repetida del golpe de Estado que derrocó al presidente socialista Salvador Allende el 11 de setiembre de 1973, cuando sus detractores bebían licor francés y la izquierda derramaba lágrimas y sangre por la interrupción del “sueño socialista en democracia”. Vinieron crímenes que el mundo jamás perdonó, como el del cantautor Víctor Jara, cuyas manos –de guitarrista– fueron brutalmente destrozadas por culatazos militares. Muchos culpan al régimen de Pinochet por acelerar la muerte del poeta Pablo Neruda, quien, enfermo de cáncer, gritaba desde su ventana al mar “los están matando a todos, los están matando a todos”, y murió tras ser perseguido en su ambulancia por una patrulla militar.


       Miles de hijos de Chile conocieron el exilio, especialmente en el mundo de la cultura: Inti Illimani, Quilapayún, Patricio Manns, Illapu, Isabel y Ángel Parra (hijos de Violeta), los novelistas Luis Sepúlveda e Isabel Allende. Muchos se fueron con la oprobiosa “L” que les impedía volver al país. Paradójicamente, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) declaraba, hace pocos días a DPA, que le deseaba “larga vida” a Pinochet para que respondiera por sus crímenes. Las entidades de derechos humanos no celebran la muerte del militar retirado –que antes de perecer recibió la extremaunción–, ya que lo querían procesado y entre rejas.


      Queda pendiente el tema de si habrá funerales de Estado, pero este domingo se conoció una encuesta del diario La Tercera que señala que 55 por ciento de los chilenos opina que no deberían rendirse honores al ex presidente. El estudio indica que sólo 27 por ciento está de acuerdo con que tengan lugar funerales de Estado. En tanto, 72 por ciento de los encuestados se declaró en desacuerdo con que el Gobierno declare duelo oficial ante el fallecimiento del ex senador vitalicio.


       La opinión fue más positiva en el sentido de que reciba honores del Ejército en su calidad de ex comandante en jefe de esa fuerza (1973-98), ya que 51 por ciento se declara de acuerdo con esa posibilidad. Desde que Pinochet dejó La Moneda en 1990, el plan para su funeral ha cambiado varias veces debido a sus condiciones de salud y su situación judicial, teniendo en cuenta que a los casos de violaciones a los derechos humanos se sumó en el 2004 una causa por corrupción.


        Ya está definido que los restos del ex dictador serán cremados por su propia protección, pero se desechó la idea de que queden en la Escuela Militar (donde se forman los más altos oficiales) porque esto marcaría a las futuras generaciones y se podría convertir en punto de peregrinación o de protestas. En definitiva, se estima que sus cenizas quedarán en el ámbito familiar. Hasta 1998, cuando abandonó su cargo militar, estaba previsto un funeral de Estado con sepultura en la Escuela Militar.


       Pero los planes cambiaron en el 2000, luego de que Pinochet retornara a Santiago tras 503 días de arresto domiciliario en Londres, cuando –bajo procesos judiciales–, sólo se aceptó decretar duelo nacional y realizar los funerales correspondientes a un ex jefe del Ejército. En el 2004, al estallar el caso Riggs (referido a sus millonarias cuentas secretas), se modificó el acuerdo con el Ejército y se determinó que no habría duelo nacional y que, en caso de muerte, no asistiría el presidente de la República sino el ministro de Defensa, cargo que actualmente ocupa Vivianne Blanlot.


      Lo anterior liberaría a la actual mandataria, Michelle Bachelet, de rendir homenajes a Pinochet, algo que, tal como había adelantado en su campaña, la violentaría y violentaría a millones de chilenos que hoy no lloran la muerte del ex dictador.

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