access_time 11:13
|
10 de noviembre de 2009
|
|
PRECARIA SITUACIÓN

Piden una casa para su hijo, que será trasplantado del hígado

Dramático pedido de los padres de Alam, un niño en grave estado de salud que necesita un trasplante urgente de hígado.

    Cae la tarde en calle Monteagudo al 1900, en el barrio San Francisco del Monte en Guaymallén. En la casa más pobre y pequeña de la cuadra, a Mirna Oropel (23) se le nota que la vida le pesa demasiado. “Estoy cansada, muy cansada, me quedan muy pocas fuerzas”, dice. Mientras llora lágrimas silenciosas debe pensar en por qué la vida se ensañó con ella y su familia. Esta menuda madre de dos niños hace tres años comenzó una relación de pareja con Juan Godoy (32), seguramente con ilusiones de progresar y de salir de una existencia de pobreza. Hoy, sus únicas pertenencias materiales son unas bolsas con ropa y el cochecito de Alam (1), nada más.
    Lo poco que tenían se los robaron cuando tuvieron que quedarse quince días en el Hospital Notti. Alam es el desvelo de Mirna y Juan. En términos médicos, el pequeño padece una atresia de vía biliar extrahepática con cirrosis que lleva a insuficiencia hepática. El pequeño, de ojos y piel teñidos de amarillo, necesita un trasplante urgente de hígado. Uno de sus dos padres será el donante. Pero más allá de la esperanza que puede implicar la posibilidad de esa complicada cirugía, los médicos no dan seguridades de que Alam pueda atravesar con éxito la operación. Para llegar a esa instancia, este niño, su hermanita de cuatro meses y sus papás necesitan vivir en una casa y no en una pieza, amontonados con tres personas más.
POBREZA EXTREMA. Mirna, Juan y sus hijos alquilaban una casita en Las Heras cuando comenzaron su convivencia. Cuando tuvieron que quedarse quince días en el Hospital Notti por los problemas de salud de Alam, no pudieron pagar la renta y el propietario les tiró todas sus cosas a la vereda. Los pocos muebles que tenían y la carretela y el caballo con los que Juan trabajaba les fueron robados. Desolados y en la calle, se fueron a vivir de prestado a San Francisco del Monte, en Guaymallén, a una humilde vivienda que sólo se compone de una habitación y un reducido espacio que se utiliza como baño. Siete personas conviven hacinadas en esa casa que no es una casa. Los Godoy; la abuela Eva; Marcos, su pareja, y Priscilla, una hermana menor de Mirna, en edad escolar.
    Adentro, las pertenencias son escasas: una vieja mesada, una cocina destartalada, una mesa de fórmica, un par de sillas, un banco improvisado y varios colchones amontonados en un rincón; además tienen un televisor y un equipo de música prestados y el único lujo de la casa: poseen gas natural. No hay una sola cama en esa casa. Todos duermen en el piso, incluido Alam, a pesar de sus dolencias. Juan tiene el primario incompleto y no consigue trabajo estable, sólo algunas changas en la construcción y en la limpieza de acequias. Mirna se dedica las 24 horas a sus dos hijos. Cuando todos se levantan en la mañana, el desayuno consiste en un té y un pedazo de pan para cada uno.
     El almuerzo es la comida del día más difícil de conseguir. Para la merienda hay que conformarse con un mate cocido y una tortita u otro pedazo de pan. A la cena, obligatoriamente, la pasan de largo. Hay días en que todos pasan hambre, salvo Morena, la bebé que toma la leche de la teta materna.
LA ENFERMEDAD. Alam Daniel nació el 17 de mayo del año pasado. A los quince días se puso amarillo, lo llevaron al Hospital Notti, donde le hicieron los estudios de bilirrubina que resultaron normales. Los médicos le dijeron a Mirna que pasados unos días iba a recobrar el color natural. Sin embargo, eso no sucedió. Continuó con tonalidad amarilla predominante, orina de color amarillo fuerte y heces blancas. Con un mes de vida estuvo internado quince días, durante los cuales fue intervenido quirúrgicamente para realizarle dos procedimientos: una biopsia de hígado y un estudio para comprobar si le faltaban unas vías que van del intestino al hígado, por donde se expulsan toxinas. Efectivamente, no las tenía y debieron “fabricárselas” para que ese mecanismo pudiera funcionar correctamente.
    Los especialistas que trataban a Alam le prescribieron, además, varios medicamentos para que pudiera expulsar toda la bilis que tenía en el cuerpo pero, según los análisis clínicos que se le practicaron, eso no ocurrió. Médicos y padres siguieron luchando en sucesivas internaciones para que el niño pudiera normalizarse, pero, hace poco, Mirna y Juan recibieron la peor noticia: Alam debía ir sí o sí a trasplante. Ya fueron enviados, incluso, los informes al Hospital Garrahan de Buenos Aires, donde será operado. Todo porque su hígado no funciona, se ha agrandado, lo mismo que el bazo, además de tener principio de cirrosis.
MUY GRAVE. Pero el niño de mirada triste sufre otros padecimientos que agravan su situación. No puede caminar porque “tiene tan inflamada la pancita, que le cuesta avanzar, se cansa rápidamente y se cae”, dice Mirna, su mamá. La abuela materna, Eva, agrega: “Además ya tiene problemas en los riñones. Y nos sorprendió mucho cuando la médica nos dijo que la criatura tiene cirrosis, otro cuadro muy delicado. Entonces, la incertidumbre se va agigantando y por ahora no hay solución, sumado a que los papás no tienen trabajo”. Eva sufre a la par de su hija y de su nieto: “Tanto ella como el bebé necesitan algo más digno y tener la posibilidad de que este llamado solidario a alguna persona le toque el corazón. Dicen que hay que pegar gritos, pero hemos golpeado puertas en un montón de instituciones y nada.
    Ni siquiera nos enviaron una asistente social desde la Municipalidad para que constatara la situación. Lo pedimos nosotros y no vino nadie”. Una de las puertas que tocaron fue la del área de Desarrollo Humano de la Municipalidad de Guaymallén donde sólo les dieron, y por única vez, una bolsa con mercaderías. De allí los derivaron al Instituto de la Vivienda de la Comuna pero el funcionario que los atendió ni siquiera se tomó el trabajo de inscribirlos en un registro: “Nos dijeron: ‘ya no te podemos solucionar nada’”, cuenta Eva.
EL PASO CLAVE. Actualmente, la familia Godoy se prepara para la siguiente fase de atención de su hijo, la del trasplante. La médica Graciela Sayed, jefa de Gastroenterología del Hospital Notti, ya les ha comunicado que pronto deberán viajar a Buenos Aires. Previamente, tendrán que realizarse las pruebas que determinarán si el papá o la mamá son compatibles con Alam para donarle una parte de su hígado.
CÓMO IR. Viajar a Buenos Aires representa un problema irresuelto porque los Godoy, literalmente, no tienen un peso y las puertas que golpearon tanto en la Municipalidad de Guaymallén como en el Gobierno provincial nunca se abrieron para ellos. Ni siquiera pudieron obtener un certificado de discapacidad para poder utilizar el transporte público en forma gratuita. Todas las semanas, durante tres días consecutivos, Mirna lleva a Alam al Notti para sus controles médicos. La plata para el pasaje de colectivo surge de la caridad ajena o de alguna pequeña changa que consigue Juan.
LA VUELTA. Si el proceso del trasplante transcurre normalmente, Alam volverá con su familia a Mendoza pero ya no a vivir en esa pieza. Un trasplantado necesita una casa con ambientes especialmente adaptados para estar debidamente aislado y en condiciones de asepsia total. Esta es la mayor preocupación de Mirna y Juan, quienes no saben qué harán al regresar. De allí su pedido urgente para que alguien los escuche, ponga manos a la obra y les brinde una vivienda adecuada. Mirna, ¿cómo vivís esta situación? Con incertidumbre total, amargura todo el tiempo, siempre yendo al hospital. Lo único que hacemos es ocuparnos de Alam, nada más, estar todo el tiempo con él. Y uno no para nunca de pensar. Y más con lo que me queda por esperar en el hospital porque no sé si sale o no mi hijo.
    Me lo dijo la doctora. ¿Qué te dijo? Que el nene capaz que se quede en la operación porque es muy compleja. Yo lo único que quiero es que lo que le quede de vida a mi hijo lo pueda vivir bien. No se lo podemos dar nosotros por eso pedimos que nos ayuden. Juan, como padre, ¿cómo estás sobrellevando todo esto? Uno no sabe qué hacer, no le dan trabajo, golpeás puertas por todos lados y nada. ¿Pretenden que uno vaya a robar para mantener a sus hijos? Yo no voy a hacer eso, sólo quiero un trabajo digno para poder mantener a mi familia. Y para que Alam esté bien.

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.