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16 de noviembre de 2012
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Crítica de la semana

Pérez y un duro trabajo para seducir o engatusar

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<b>Por Marcelo Torrez. </b> Al gobernador, que regresa el domingo de China, lo espera un escenario complicado, pese a que en octubre logró mejorar su nivel de aceptación.

Este fin de semana llegará Francisco Pérez de su periplo de más de diez días por el Gigante Asiático. El gobernador ya debe estar avisado que deberá hacer un esfuerzo importante para encantar con lo que él se encantó en China: con  las  inversiones prometidas y los negocios que se le ofrecieron entusiastas en el ramo de los vinos, el petróleo y el transporte público ferroviario.

Sucede que su viaje a ese país y sus resultados se presentan tan lejanos para parte de la sociedad como la cantidad de  kilómetros y kilómetros que debió volar para ir por ellos. El escenario que lo espera no es el mejor: un país al borde de otra  muestra de descontento y las organizaciones que representan la fuerza laboral en Mendoza evaluando cómo y de qué manera canalizarán  las presiones por el fastidio, el golpe inflacionario y el gravamen al trabajo en que se ha convertido ese demonio del Impuesto a las Ganancias, pese al gesto de Cristina Fernández de dejar fuera, por ahora y sólo por ahora, de la imputación el medio aguinaldo que las empresas y el Estado pagarán el mes que viene.

En cierta manera, nada ha cambiado en una docena de días para él  y su impresión que tiene la gente de él. Si bien en octubre logró mejorar levemente el nivel de aceptación –de acuerdo con mediciones de humor e imagen a las que  accedió este diario, como la del analista Elbio Rodríguez–, ese 35 por ciento que dice que está bien lo que hace y  que lo banca en un todo (imagen positiva), es muy exiguo si se traslada en votos en favor de los candidatos que tendría su gestión si hoy fuera evaluada: perdería entre 6 y 7  puntos respecto de lo que lograba un año atrás. cuando accedía a la Gobernación de la mano de una arrolladora Cristina.

El pequeño salto en su imagen de octubre se debió, en parte, a  que logró manejar por primera vez la  agenda política en temas duros, paradójicamente, como siempre han sido las reformas institucionales, políticas y electorales, englobadas todas en la de la Constitución. Hay una razón, según explican los mismos encuestólogos y sociólogos: "No se trata del tema que impuso, eso es lo de menos; lo que se vio en el gobernador fue firmeza y seguridad en un rumbo, que es lo que se espera siempre de un gobernador mendocino, aunque  equivocado: defender un trazo y no andar a los banquinazos".

Pero aquella onda positiva para Pérez parece haberse disipado una vez que el Ejecutivo entendió que, en medio de su pulseada contra radicales y demócratas, había anulado la  estrategia opositora que buscaba acorralarlo con el desdoblamiento, la boleta única y el financiamiento estatal de las campañas electorales para todos los partidos, sin distinción.

Es que Mendoza comienza a estar cada vez más pendiente de los asuntos que golpean a nivel nacional,  despegándose de aquella época, quizás, que la hizo célebre por semejar a una isla, en todo sentido. Y si bien conserva algunas  particularidades, como esa de pretender para sí misma un conductor fuerte, que la haga creer independiente con identidad, ha comenzado a padecer los mismos síntomas que mueven el humor nacional.

Las manifestaciones del 13 de setiembre y la más cercana, del 8 de este mes, son una prueba de esto. Mendoza ya no es aquella isla, a  Pérez le corresponden las generales de la ley y si hay fastidio nacional por el mal llamado  Impuesto a las Ganancias, por las restricciones  cambiarias, por los números del INDEC y su cuasi eterna burlona y provocadora inflación estabilizada en un 0,8 por ciento, lo propio está sucediendo aquí.

La globalización de los  acontecimientos y las comparaciones con otras jurisdicciones  hacen mella en el gobierno de Pérez, quien todavía  es visto como un político que recién da sus primeros pasos justo al frente de la Gobernación, nada más y nada menos.  Elbio Rodríguez sostiene que el público mendocino se comporta de la siguiente manera al evaluar a su gobernador: lo primero que se tiene en cuenta es la impresión que le causa y luego procesa y busca en su interior las formas y  maneras para sostener su visión. Pasó con Julio Cobos: su gobernación en términos de gestión resultó ser muy mala en resultados concretos. La mayoría de sus áreas estuvieron negativamente evaluadas, como sucedió en educación, seguridad y salud, por caso. Pero su imagen positiva era superior a 60 por ciento. Sin embargo, el mendocino no eligió, cuando llegó el momento, a quien él había señalado como su sucesor. Lo condenó y se lo hizo sentir cambiando de rumbo.

El escenario es complejo para el Gobierno, se sabe. No es ingenuo, por eso el gesto de Cristina al sacar  el Impuesto a las Ganancias del medio aguinaldo de diciembre. Es un paso, como dijimos aquí una semana atrás, hacia una  decodificación del malestar de esa clase media  que ha vuelto a estar en los primeros planos para todo el mundo.

En Mendoza, como sucede en el resto del país, el Gobierno tiene un porcentaje de seguidores fanático, inamovible,  convencido, al que no hace falta hacer esfuerzos para  seducir. Ese porcentaje oscila en el 30 por ciento, en más o en menos,  según Rodríguez. Pero hay otro tercio que no comulga con el kirchnerismo ni con el gobierno de Pérez, y el  tercio restante que va y viene según su estado de ánimo y su situación actual. Este último segmento es el que decide una elección.

El perfil de ese ciudadano es el de una clase media baja que, años atrás, cuando Néstor Kirchner logró  enderezar el país, vio que pudo hacer planes y proyectarse. Consiguió trabajo o aseguró el que tenía y mejoró sus ingresos. A su compañera o compañero, esposo o esposa, le pasó lo mismo y vio, poco a poco, cómo sus hijos  comenzaron el camino del autosustento o emprendieron una carrera universitaria.

Ese 30 por ciento, por fijar un número, si se quiere, es el que hoy está disconforme, molesto porque está sintiendo los efectos de un programa que ya no lo  contiene. La inflación hace añicos sus ingresos y la proyección ahora es algo difusa. A su lista de disconformismo sumó la inseguridad, las falencias en el sistema educativo, los desajustes que deja ver el sistema de salud y el descubrir  que el proyecto lo ha abandonado. Y lo ha hecho sentir. Sumando los antioficialismos, anti- K, en síntesis, con este otro 30 por ciento que piensa con lo que tiene para llegar a fin de mes y así maneja su humor respecto del Gobierno, la  relación es 6 a 3 negativa para Pérez y Cristina.

Por a eso Pérez, que regresa el domingo de China, lo espera un trabajo arduo, y dependerá de su visión, lectura y análisis que haga del momento. Si la realidad coincide con lo que sus colaboradores ven de lo que está pasando en  Mendoza. De nada sirven los sueños que trae si derivan en cuentos que sólo permitirían  aliviar y calmar, no para solucionar los problemas de fondo, que posiblemente pasen más por un cambio de actitud y de compromiso para con las  demandas.

Ese 30 por ciento que el Gobierno ha perdido y al que nunca le entregó su alma –sino que se la prestó, tanto a él (por Pérez) como a Cristina en un momento determinado– hoy no tiene quién lo represente. Es cierto, la  oposición sigue en otra sintonía,  pero con corear esa realidad no lealcanza al oficialismo como para contarla de su lado.

Esa gente, deben entenderlo tanto el Gobierno como la oposición, no es de su propiedad, no es  de nadie, lo que para algunos será bueno o malo, pero esta responde sólo a sí misma. 

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