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2 de diciembre de 2019
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Astrología

Pasando de la idea a la acción

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Es un punto que todos en algún momento de la vida enfrentaron. La angustia de saber cuál es el objetivo y no animarse a dar ese paso necesario para lograrlo.

“Pasando de la idea a la acción” suena a título de best seller para emprendedores, y es que, invisiblemente, esta frase guarda escondida la premisa: “Si no puedes hacerlo, yo te digo cómo”.

El asunto es que esa sería la premisa si el libro estuviese escrito por humanos; nosotros buscamos recetas y guías, pero, al parecer, el universo no. Y cómo nosotros comandamos nuestra vida pero no la energía y el funcionamiento de los sistemas en los que estamos insertos, no hay una fórmula mágica para sobreponerse a un fracaso ni a una pérdida ni a un dolor ni al miedo.

¿Por qué nos cuesta tanto amar nuevamente después de un fracaso matrimonial?¿Por qué nos cuesta visitar a un nuevo cliente cuando hemos recibido varios rechazos? ¿Por qué nos cuesta realizar ajustes a nuestro emprendimiento después de los primeros meses? ¿Por qué cuesta tanto innovar? La respuesta es simple: porque nos da miedo.

Una de las consecuencias del miedo es la parálisis, y no hay que ser neurocientífico para validar esta frase, simplemente, hay que ser humano. Todos vivimos a diario parálisis por miedo, todos sabemos lo que significa evaluar con el pensamiento una y otra vez opciones posibles para un problema o resultados esperados para una acción. Somos seres evaluadores por naturaleza, lo que no significa que seamos racionales, nuestro mecanismo de evaluación está ligado a la sobrevivencia, evaluamos automáticamente lo que nos puede dañar. Y aquí yace la trampa.

¿Cómo detectamos lo que nos daña? Por lo general, de las siguientes dos formas: por experiencia propia o por experiencia de otros. La lógica, ahora sí racional, nos dice que si tenemos un mecanismo que procesa en automático, deberíamos poner atención a la materia prima con la que lo alimentamos, porque, dependiendo de eso, sería el producto que obtengamos. Dicho más simple: Si como miedo, vivo miedo. Si como desgracia, experimento desgracia. El cerebro y su capacidad de pensar, llamémosla mente, es un mecanismo que no se detiene nunca, y su función es comer ideas/información y crear opiniones/juicios. Cuando estamos charlando estamos incorporando información y estamos creando juicios. Cuando vemos televisión, vemos imágenes con situaciones/información y creamos opiniones. Para la mente, “todo” es información, todo es comestible. Si no ponemos atención en nuestra rutina, a lo que hablamos, lo que escuchamos y lo que hacemos, después tenemos indigestión mental y estamos estresados, temerosos, angustiados y desmotivados.

¿Cómo pasar de la idea a la acción? Simplemente, poniendo más atención, primero, a lo que hablamos, cuáles son nuestras opiniones, sobre todo en relación con nuestra propia vida, nuestros planes, nuestras necesidades, nuestras actividades y, fundamentalmente, cuál es la opinión que tenemos sobre nosotros mismos. No es necesario ser nuestro propio enemigo, de eso se encargan otros. Observe sus verdades, cómo cree que el mundo funciona y atrévase a cuestionarlas, no sólo en palabras, sino más bien en acciones. La única forma de salir del mundo de las ideas es haciendo. Todos tenemos la capacidad de evaluar racionalmente, pero eso requiere, primero, conciencia y libertad de elegir desde dónde vamos a evaluar, desde qué rol, desde qué mirada, y, para eso, debemos conocer el contexto y la situación. Y, si estamos cegados por nuestra verdad, nunca logramos ver lo que nos rodea. Tal vez, esta sea la única gran lección que, sin dudas, el 2020 nos dará: Pasar de la idea a la acción, con el precio que se deba pagar.

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