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19 de noviembre de 2012
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Raúl Celso Quiroga Aiello

Paro nacional: dos perdedores

      Llamativamente, en escasos días, se realizan movilizaciones en contra de las políticas llevadas adelante por el Gobierno nacional, movilizaciones que tienen el aspecto del aprovechamiento de los otrora defensores a muerte del modelo y de sus enemigos más feroces. Ya nadie quiere llamar las cosas por su nombre, nadie intenta decir la verdad en esta lucha de poderes, en la que los únicos perjudicados son los trabajadores, carne de cañón en cualquier manipulación que se realiza desde los centros de poder gremial y político. Específicamente me refiero al paro de mañana. Vamos a los ejemplos claros de los últimos años: con un Hugo Moyano ultrakirchnerista hasta la medula, un Luis Barrionuevo acérrimo enemigo del camionero en la vereda opuesta –tratando de quitarle el comando de la CGT a cualquier precio– y una CTA dividida y separada de este escenario por los mismos miembros de la conducción de Hugo Moyano, quienes hoy, al necesitarse mutuamente, vuelven a ser cómplices de un acto, que, seguramente, no desean compartir, pero sí les sirve para mostrarse.

      Se suman a esta demostración los representantes del campo, siempre alejados de las centrales obreras y sus luchas muy particulares, las que los llevaron a unirse allá por el 2008 para hacer frente a lo que consideraban una pérdida de sus privilegios y conquistas de siempre. Se trata de la oligarquía ganadera, sojera, o como quiera llamarla, organizada, siempre bien posicionada en cualquier ámbito o gobierno, incluyendo (o sobre todo) los de facto. Políticos incapaces de generar opciones e ideas que pudieran ser superadoras al modelo y que quedaron postrados y sin reacción después del último y contundente triunfo del oficialismo. Ahora, todos reunidos, unidos no por sus convicciones, sino por el espanto de saberse perdedores en forma separada, y el acompañamiento de los grandes capitales que podríamos llamar monopólicos, que intentan hacerse ver como víctimas de un sistema perverso que no respeta ninguno de sus poderes, y no dejan ver que son ellos los que no permiten que la ley se cumpla y respete. Los trabajadores –bien, gracias– en manos de grandes dirigentes que no tienen ningún respeto por su pensamiento y que juegan su espacio de poder en cada maniobra que realizan, sin importarles las consecuencias ni quiénes son sus acompañantes.

      A esta juntada les faltan únicamente los defensores de los gobiernos de facto, que, seguramente, deben estar infiltrados en sus filas. Acá hay más que un paro, acá hay intereses mezquinos que no permiten conducir a un diálogo entre las partes involucradas; en este caprichoso paro hay un interés formado por un importante número de eternos dirigentes que, perpetuados en sus sillones, siguen jugando con sus representados, que, seguramente, como todo cambio importante y significativo, tiene su tiempo, pero, de una vez por todas, deben saber estos terribles dirigentes que no tienen la vaca atada, y los trabajadores están empezando a pensar que un país mejor es posible; se fue viendo en los últimos nueve años que hay errores, seguro; cosas por mejorar, temas por tratar, seguro; pero lo que debemos dejar es de ser títeres en este juego de intereses que van en contra del bien común. Lo más llamativo es que se están encarnizando más a medida que llega el 7 de diciembre. Un dato para tener en cuenta: todas las discusiones que ocurran luego me parece que serán más razonables y lógicas; estas que estamos teniendo ahora dan la impresión de estar fogoneadas por algunos interesados en perjudicar al Gobierno, y, reitero, no son los trabajadores, aquellos que con su esfuerzo hacen este país más grande (a quienes separo de algunos dirigentes), pero debemos aprender que no somos parte de esta guerra, somos sus víctimas. 

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