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25 de noviembre de 2006
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Paranoia: la peor enemiga de la gestión

El Gobierno no puede sacarse de encima la perturbadora causa de los barrabravas y otras en manos de los fiscales especiales. Los gestos de apoyo que ha recibido de parte de Kirchner han sido un remanso para Cobos y su elenco. La concertación está viva, dicen, pero el pacto con el presidente no alcanza para darle plena tranquilidad

       Un encuentro con el presidente Néstor Kirchner y otro que tuvo su delfín Alfredo Cornejo con Alberto Fernández, los dos el miércoles en la Casa Rosada, mejoraron el humor del gobernador Julio Cobos. Fue notable cómo los operadores del radicalismo K mendocino, después de aquellos conciliábulos, desparramaron la buena nueva de que siguen en carrera todavía porque el señor del poder en Argentina –según lo que dicen– los tiene en cuenta para asociarlos a la fórmula que terminará encabezando él o su esposa, la senadora Cristina Fernández, para octubre del año que viene.


      Y ayer, la visita que hizo Alicia Kirchner para repartir algunos recursos en el Este, fue leída como la ratificación y confirmación de que el único delegado del presidente en Mendoza se llama Julio Cobos. Para amargar aun más el momento que vive el peronismo local. Como acostumbrados que estamos a una política rastrera, de baja estofa y de poca monta, este tipo de señales y gestos de los hombres fuertes del país para con nuestro gobernador o para con su operador rápidamente se transforman en hechos notables.


      Tanto que pueden llegar a definir acciones varias, medidas afiebradas y hasta algún viraje de estrategias en los movimientos políticos opositores a la entente concertadora. Como los que ocurren en el grueso del peronismo, por ejemplo. Esos efímeros encuentros en la Rosada, cargados de mimos hacia la gestión mendocina, sacaron por unas horas la preocupación oficial en torno a la inquietante investigación que vincula a barrabravas de Godoy Cruz con funcionarios del Gobierno y dirigentes del club. La paranoia gubernamental, junto al clásico estilo conspirativo que rodea a toda la actividad política, ha llevado a elucubrar teorías no hechas públicas todavía, como que la causa investigada por el fiscal Luis Correa Llano ha reunido a medios y Justicia contra la administración Cobos en un intento por desestabilizarla con vistas al 2007.


        Las afirmaciones del presidente de la Corte, Jorge Nanclares, en el sentido de que el periodismo no ha violado el secreto de sumario al difundir las famosas escuchas que destaparon la pesquisa y que ambos –medios y jueces– persiguen lo mismo han multiplicado aquella visión en algunos hombres del Gobierno. Está claro que todo el elenco gobernante debiera estar más atento y preocupado por los graves problemas de gestión, como se ve en el área de la seguridad pública, que en aquella causa en la que se cansan de martillar que no tienen nada que ver. Pero es inútil. Los ministros de las áreas más sensibles enloquecen por lo que se dice de ellos en los medios y no por el resultado de sus políticas, claramente ineficientes. El rebote que ha tenido la causa de los barrabravas en la prensa nacional ha mantenido en vilo a los hombres más cercanos al gobernador.


       La sola mención del nombre del diputado Alfredo Cornejo en el suplemento deportivo de un diario porteño los ha puesto en guardia. De ahí el apoyo que, aparentemente, Kirchner y Fernández –especialmente este último– le habrían dado al gobierno radikirchnerista mendocino por la infundada campaña en contra que le hacen los medios. Así se interpreta en el entorno del gobernador la repercusión de la investigación de Correa Llano y de otras, como la del Vale Más, la del supuesto enriquecimiento ilícito del titular del Casino, Miguel Alonso, o la de la maniobra impositiva que habría beneficiado a Repsol en casi un millón de pesos y que roza a importantes funcionarios de Hacienda. Ahora bien, más allá de las especulaciones y lecturas que hace el Gobierno sobre este tipo de hechos y de la suerte que tendrán las causas en la Justicia, todo tiene y tendrá consecuencias políticas.


       En el peronismo, por ejemplo, el sector quizás más ortodoxo, el que proviene del amstuzcismo y que hoy batalla por imponer a Celso Jaque como candidato a gobernador, rechazando cualquier sociedad con el radikirchnerismo de Cobos, analiza una jugada riesgosa con la posibilidad de algún estruendo nacional: de confirmarse la mención de Alfredo Cornejo o alguna participación que pueda llegar a comprometerlo en el expediente judicial de los barrabravas, sin mediar trámite alguno pedirán a la Cámara de Diputados de la Nación que licencie al diputado hasta que aclare su supuesta vinculación. “Si acá en Mendoza licenciamos a Beatriz Pedernera porque no puede justificar viáticos gastados, qué se puede decir de Cornejo. Debe explicar esa situación”, confió un dirigente del sector. El pedido ya casi lo tienen escrito y lo dirigirían a Alberto Balestrini, el presidente de la Cámara Baja nacional.


       En apariencia y por lo que se sabe, Cornejo no debería estar tan preocupado, porque, según lo que ha trascendido al menos hasta ahora, el diputado habría sido mencionado por Daniel El Rengo Aguilera, jefe de la barra brava tombina –actualmente detenido–, cuando, en diálogo telefónico con el policía a cargo de los operativos que custodiaban a los hinchas, se enteró de que no podía ingresar a los estadios en Buenos Aires por la vigencia de la Ley de Admisión. “Hablen con Pérez Botti, con Cornejo, con Alberto Fernández”, habría pedido desesperado El Rengo para que le permitieran el ingreso. “De ahí a que yo lo conozca o que tenga alguna relación con esta gente, es un disparate”, respondió Cornejo, en diálogo con este periodista y muy molesto, intentando tomar distancia de los escándalos.


        El desenlace de la pesquisa perturba y mucho al Gobierno. Por eso es que los gestos de apoyo recibidos en estos días desde la Rosada fueron el bálsamo que esperaba Cobos y su gente. A lo que se sumó la resolución judicial de Servini de Cubría, suspendiendo la intervención del partido que se había dispuesto desde el Comité Nacional durante la gestión del renunciante Roberto Iglesias.


         Si desde el peronismo no concertador se rechaza –en voz baja, claro– el acercamiento del presidente con Cobos, desde lo que queda del iglesismo se han levantado voces que acusan que el acuerdo de Kirchner con el gobernador, incluso, llega hasta algunas esferas de la Justicia federal. “Desde allí no saldrá nada que perjudique a Cobos, por eso es que Servini ha rechazado la intervención, por presiones del Gobierno nacional”, han dicho los dirigentes iglesistas más cerrados. Pero, lejos de estos espasmos indignados de algunos, en el radicalismo mendocino se buscará la unidad.


       César Biffi es el dirigente que más garantías les da a los iglesistas de ser contenidos en el partido sin perder todo lo que han resignado hasta el momento. El problema que tiene Cobos es que Biffi no sería del mayor agrado de la Casa Rosada. Allí temen que, una vez que alcance la gobernación, el godoicruceño con los iglesistas y otros radicales no kirchneristas asuman una estrategia opositora muy distinta a la del fiel Cobos y su escudero Cornejo.

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