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16 de septiembre de 2006
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¿Para qué sirve la Concertación?

Kirchner, desde la Nación, lanzó la propuesta. Usa recursos y comparte las mieles del poder. Cobos fue seducido. ¿Cuál es el plan de ambos mandatarios? El país que se vacía de poder como de oposición.

    La Concertación, como novedoso modelo político que busca acuerdos para encontrar soluciones, bien podría ser entendida como una forma de terminar con la oposición, o con algún vestigio de ella. Está claro que el presidente Néstor Kirchner, con su formidable método para construir poder, al lograrlo, vació de contenido la discusión política en Argentina. O, al menos, la condenó a sólo algunos aspectos, todos a propuesta del propio presidente, que parece ser quien define de lo que se habla y de lo que no se habla en el país.

    Hace ya bastante tiempo que intentar discutir o advertir sobre el peligro que se cierne sobre la República cuando se socava el Congreso o se seduce a opositores con la táctica del beso de la mujer araña es una cuestión destinada sólo a unos pocos.Unos pocos en todo sentido: sólo un puñado de dirigentes políticos, sociales, intelectuales se animan a hablar en voz alta y lo hacen a través de un puñado de medios, siempre los mismos.

    Para la derecha reaccionaria, transitamos el momento del miedo. “Vivimos en la Argentina del miedo”, vociferan quienes encarnan la representación del ala más rancia de la derecha: piden seguridad a través de la mano dura, de la tolerancia cero; exigen modificaciones cada vez más prohibitivas en los códigos y siembran terror con sus planteos.Hay otra derecha, la del poder económico que vivió su tiempo de gloria en la década pasada, que considera –con razón– que les cambiaron las reglas de juego.

    Uno de sus exponentes, por ejemplo, estuvo en Mendoza, horas atrás, y deslizó algunas frases que permiten interpretar cómo juegan. Francisco de Narváez, por caso, fue el que aseguró que hay empresarios que no hablan por miedo, que no discuten por miedo, por temor a represalias. En los 90, estos exponentes del poder económico tampoco hablaban, se servían del Estado produciendo pobreza y marginación. Este costado del estilo K, al que se le suma su política de reivindicación de los derechos humanos y de los ingresos de los jubilados, por caso, es lo que le ha sustentado un nivel de aceptación y aval social extraordinario, como pocos presidentes en la historia argentina.

    Lo que preocupa es el avance envanecido, omnímodo sobre las instituciones. La única oposición seria de Kirchner, oposición entendida como aquella que señala que no todo lo que se hace está bien, parece estar hoy sólo en algunos medios de comunicación. Muy pocos. Los dedos de una mano alcanzan para contarlos. Con Julio Cobos, el primer concertador plural que aceptó el convite del mandatario del país, está pasando algo parecido. Es notable que ya algunos de sus ministros, y hasta el propio jefe de Estado, han comenzado a dar señales preocupantes e inequívocas de cierto costado claramente intolerante al seleccionar periodistas y medios cuando deben responder por sus actos o conductas en el servicio público.

    Cobos ha llegado a manifestar en público que hay periodistas que analizan su gobierno “con mala leche”. El presidente, por su lado, sin dar conferencias de prensa, sólo habla con los simpáticos y graciosos cronistas de CQC, a los que se les permite llegar al jefe de Estado sin recibir golpes de parte de los monigotes que hacen las veces de sus custodios. Y opta por dirigirse a los ciudadanos a través de los actos transmitidos por TV, en tribunas encendidas, en donde nadie pregunta nada, pero en las que descarga toda su furia contra las opiniones que no le son favorables o contra los movimentos preelectorales de la oposición, reservándose sólo para sí ese derecho en un clima de plena campaña.

    Osvaldo Bayer, escritor, periodista y reconocido intelectual, pasó esta semana por Mendoza y habló un poco de todo esto. Dejó una aseveración terminante: “Acá falta una verdadera democracia”, sostuvo, y enumeró las falencias y deudas que la administración Kirchner tiene en momentos en que la cuestión financiera o económica no debieran enarbolarse como excusas para diagramar políticas públicas que garanticen la igualdad de oportunidades y apunten a la equidad.

   Para Bayer, no hay democracia plena en Argentina si siguen existiendo los pobres estructurales y el alto nivel o porcentaje de jóvenes sin futuro, sin educación, que se aburren en las villas de los principales conglomerados urbanos del país. Este debate no es posible en la Argentina de esta Concertación plural que no permite disensos, pese a que se diga lo contrario. Pero, además, hay cuestiones de estilo que siembran dudas sobre el temple que se necesita para conducir el país o la provincia. Personalidades típicas que no admiten que la gente sepa que necesitan ayuda cuando se encuentran en situaciones críticas para resolver.

    Lo confunden con la debilidad. Y el resultado puede ser imprevisible. El fastidio que envolvió al gobernador al promediar la semana tuvo que ver con algo de esto último. El lunes, cuando fue visitado por el peronismo para conformar en la provincia la famosa Concertación, Cobos advirtió que el sistema de transporte público de pasajeros peligra, de no tomarse medidas duras como, por ejemplo, un incremento en el precio del boleto. Para algunos fue abrir un paraguas, para otros un pedido de apoyo político que avale o que permita distribuir las cargas del costo de la decisión.

    “Yo no le tengo que pedir apoyo político a nadie”, se quejó, enérgicamente y molesto, ante un periodista por la descripción de la escena que hizo este diario. Entonces, ¿qué es la Concertación? ¿Acaso no es un ámbito en donde deben discutirse este tipo de decisiones sensibles que afectarán a tanta gente? El peligro que se corre es que este tipo de ámbitos, en donde se muestra a la sociedad la supuesta convivencia democrática y civilizada de oficialismo y oposición, se convierta sólo en un espacio en donde oficialismo y oposición terminen negociando cargos y repartiéndose políticamente la provincia con vistas a las próximas elecciones.

    Tanto Cobos y el radicalismo que lo acompaña, como también los partidos que forman parte del Frente para la Victoria, con el PJ a la cabeza, no han sabido explicar acabadamente qué persiguen dentro del nuevo espacio. Especialmente el peronismo, que ha sido llevado allí dentro obligado por consignas en las que no cree, tanto como tampoco creen en él ni Cobos, ni el presidente. Una de las explicaciones más llamativas que se dieron, después del encuentro concertador del lunes en la Casa de Gobierno, fue la de Adolfo Bermejo, el presidente del justicialismo: “La Concertación servirá para ponernos de acuerdo en sacar rápido las leyes que necesita la gente”, dijo sin más. Casi una falta de respeto a la inteligencia de la misma gente a la que se dirigió.

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