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9 de mayo de 2021
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Columna

Vivir es otra cosa

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Fatboy Slim reunió a 6.000 personas en el primer show sin protocolos en Inglaterra.

(Se recomienda leer esta nota escuchando la canción Free, un himno de la música house producido por Mood II Swing que en 1997 llevó a la fama a su intérprete Ultra Naté).

Cuando Fatboy Slim puso en su cabina de DJ el tema “Free” por Ultra Naté, el Circus estalló. Las cinco mil almas que llenaban el boliche reventaron en un grito, cantando eso de: “Si das más de lo que tomaste/ la vida puede ser tan buena/ vení y probá ahora/ Es el momento /porque sos libre para hacer lo que quieras/ tenés que vivir tu vida”.

Todos se abrazaban, todos se besaban, algunos se subían a los hombros de sus amigos, todos bailaban. La noche anterior había pasado lo mismo cuando Yousef, el DJ que había organizado la movida, “The First Dance”, puso la misma canción: “Tenemos que vivir juntos en este mundo/ si abrimos nuestros corazones/ el amor puede comenzar”.

Bailar porque hay un mañana.

Al día siguiente, entre los distintos puestos de comidas, chicos y chicas pedían sus hamburguesas y sus bebidas, se volvían a abrazar recordando la noche, esperando los shows de esa tarde en la carpa del Parque Stenton, la gran presentación de la banda The Blossom.

Estos tres días no ocurrieron en 2019. Fueron el fin de semana pasado.

Ni los cinco mil presentes en los shows de viernes y sábado en el Circus, ni los seis mil del festival en el Parque Stenton llevaban barbijos ni máscaras. No hubo distancia social ni miedo. No hubo vecinos soplones ni institutos oficiales de la delación en funcionamiento. No tenían miedo de que cayera justo el policía al que no se le pagó la coima y los escracharan por televisión o los llevaran a la hoguera al grito de “estás matando a tus abuelos” porque los tres encuentros fueron organizados por el Estado. En Liverpool el gobierno británico está realizando el ERP (nada que ver con el terrorismo argentino, Programa de Investigación de Eventos según sus siglas en inglés). La idea es cómo volver a la normalidad después de la peste.

Sí, están pensando en el después.

Hay un mundo que no está encerrado, pensando en el después.

Las medidas fueron claras.

Para asistir a cualquiera de los encuentros los participantes debían presentar un test negativo hecho el día anterior en los cuatro centros de testeos previstos especialmente para eso y el último viernes, cinco días después del show, debieron presentarse para hacerse otro test. Además, los investigadores estudiaron la calidad del aire y su movimiento dentro del lugar. Por ejemplo, cómo y dónde poner ventilación si es necesario.

O sea, están creando un protocolo para que la vida continúe.

Porque continúa.

Por la edad, sólo Fatboy Slim estaba en condiciones de ser vacunado. El personal de seguridad, que no participó del experimento, usó barbijos y entre los jóvenes había científicos con sus anotaciones y pequeños monitores en jaulas de alambre en las paredes.

El estudio comenzó el 16 de abril en un teatro en Liverpool, con 300 invitados. Continuó con miles de espectadores en los partidos de fútbol en Wembley y sigue este martes, con la entrega de los Brit Awards, los premios ingleses a la música. Habrá shows de Dua Lipa, entre otros, y de los 4.000 asistentes, sin barbijos ni distanciamiento social, 2.500 serán trabajadores esenciales que dedicaron todo su esfuerzo a ayudar a los demás para pasar lo peor de la peste que fueron especialmente invitados.

Todo es monitoreado como en los shows de Liverpool.

El último paso de la experiencia será el 15 de mayo donde 21.000 espectadores verán la final de la Copa F.A. en Wembley y darán así el paso al esperado 21 de junio, fecha en la que todos los límites del contacto social serán levantados, ya sin prohibición para límites de personas que puedan estar bajo un mismo techo, en una casa, en una obra de teatro o en un trabajo. Para eso necesitan un 70 u 80 % de la población vacunada, bajo número de muertes –en estos días, los muertos por coronavirus en Gran Bretaña no llegan a las dos cifras- y un bajo número de hospitalizaciones y contagios.

Lo están consiguiendo.

Gran Bretaña tuvo, dicen los expertos, una política errática en cuanto al manejo de la pandemia. Fueron los que nos hicieron conocer eso de “inmunidad de rebaño” que se mostró insuficiente y llenó de pacientes las UTI inglesas. Hasta el primer ministro Boris Johnson lo pasó bastante mal. Cuando se dieron cuenta ya era un poco tarde pero igual no tuvieron inconvenientes en cambiar la estrategia. Hubo semanas de cierre estricto pero lo último que se cerró y lo primero que se abrió fueron las aulas primarias y secundarias, pese a las presiones de los sindicatos de docentes.

Hoy Gran Bretaña muestra la vacunación más eficiente de Europa. La primera en recibir la vacuna en el mundo fue una señora de 90 años, Margaret Keenan, el 8 de diciembre del años pasado en el Hospital Universitario de Coventry, en el centro de Inglaterra.

Esta semana se supone que los 32 millones de personas de riesgo habrán recibido al menos una dosis de las vacunas.

No hubo escándalos.

El orden -que permaneció inalterado- fue residentes y trabajadores de las residencias de ancianos, personal médico y mayores de 80 años. Se siguió después por grupos de edad hasta los mayores de 50 años.

No hubo nadie que se adelantara en la fila.

No hubo mascotas de políticos ni funcionarios ni camioneros.

No hubo robos de vacunas, ni extravíos ni vacunatorios vip ni quiebra de la cadena de frío.

Cuando se hizo público que el epidemiólogo que promovió la cuarentena, Neil Ferguson la había violado para ver a su novia, tuvo que renunciar y no, no lo destinaron a ninguna embajada.

No hubo azafatas llorando, y cuando pusieron la dosis número 10 millones no hubo festejos patrióticos ni camisetas de fútbol.

¿Por qué –preguntará quizás el lector habitual si es que ha llegado hasta acá y no dejó todo para bailar “Free”- dedicarse a lo que ocurre allá en vez de contar la cantidad de trapisondas que el contenedor de gatos rabiosos que nos gobierna ha protagonizado acá, otra vez, esta semana?

Porque otra vida es posible y con tanto mirarnos el ombligo del horror nos estamos olvidando.

Porque ver qué hicieron los demás sirve para entender que el problema no fue sólo la peste. Fue, especialmente, cómo se la enfrentó.

La peste le tocó a la humanidad. El Frente de Todos nos tocó sólo a nosotros. Llovido sobre mojado.

Si no miramos otros ejemplos, vamos a terminar naturalizando situaciones que no deben naturalizarse.

Si no recordamos deberes y obligaciones de los gobiernos en democracia, vamos a terminar naturalizando a estos peleles como un respetable gobierno democrático.

Y no, no se debe.

Por eso es que no naturalizamos que la pareja de Fabiola nos grite y nos rete desplazando hacia nosotros los gritos y los retos que la megamechera le inflinge a él.

No naturalizamos que el Estado abra una línea telefónica para denunciar que están mandando chicos a la escuela. (Releo la línea que escribí y no puedo terminar de caer en el horror del que se trata: el Estado abrió una línea telefónica para denunciar que están mandando chicos a la escuela).

No naturalizamos que las chicas pobres formoseñas se escondan en el monte para que no les pongan un chip que les prohíba el embarazo.

No naturalizamos que el ministro de Economía intente separar de su cargo a un funcionario de menor jerarquía, lo arregle con la pareja de Fabiola que está de acuerdo y entre los dos no puedan hacerlo porque una facción de la coalición –a esta altura, colisión- no lo quiera y aquí no ha pasado nada.

No naturalizamos que 44.940.000 personas, su salud mental, sus bienes y su destino dependa de los caprichos de la política con mayor imagen negativa del país.

No naturalizamos que el Procurador del Tesoro y su esposa hayan sido vacunados como “personal de salud” y que la ministra de Salud –obviando que ni el Procurador del Tesoro ni su esposa son personal de salud- diga muy oronda: “Es un funcionario de alto rango, si tiene un problema de salud, es un problema de Estado”. Y que no haya nadie para preguntarle ¿y la esposa de Zannini, qué pito toca?

No naturalizamos que se festeje que el doble de familias en el país necesiten de la ayuda del estado porque si no se mueren de hambre.

No naturalizamos que el Jefe de Gabinete no se presente por casi 300 días a brindar informes a la Cámara de Diputados, siendo que está obligado constitucionalmente por el artículo 101, que dice que debe hacerlo bimestralmente.

No naturalizamos que en abril de 2021 el consumo de carne vacuna en Argentina fue el más bajo de los últimos 100 años, en el gobierno que hacía campaña diciendo que volvía el asado y que hoy largó a sus seguidores a militar rabiosamente la polenta, alimento por lo demás exquisito pero no si es único y obligatorio.

No naturalizamos que nos encierren mientras se juntan en patota para no inaugurar casas que no hicieron y no mostrar unidad porque si tenés que llevar a todos a una foto para exhibir “unidad” es que tenés de todo menos eso.

No naturalizamos que haya velorios de primera para ellos y de tristísima soledad para nosotros.

No naturalizamos que aprovechasen la pandemia para curritos y currazos con vacunas y tests, dejándonos a merced del virus por esa angurria que les viene de nacimiento.

No naturalizamos que la pareja de Fabiola hable de los “esfuerzos” que hizo el Estado en pandemia, contando cómo repartió plata –de los ciudadanos- e insinúe que es hora de que la población haga su esfuerzo, olvidándose de los 90 mil negocios cerrados, las 45 mil pymes fundidas, la pobreza del 42% y los 3 millones de desocupados. Y claro, especialmente, olvidándose de los casi 70 mil muertos, el precio que el virus cobra gracias a la impericia gubernamental.

Nadie dice que el coronavirus no mata, sí puede decirse que no estuvimos en las mejores manos ni con las mejores estrategias. Y no es hablar con “el diario del lunes”. El domingo, cuando todo estaba ocurriendo, lo dijimos. De nada sirve el encierro si al mismo tiempo no se testea, no se aísla y no se siguen los casos. Había una montaña ahí enfrente y en vez de ver cómo la pasábamos, nos escondimos en nuestras casas.

Ocurrió lo obvio.

Cuando salimos, la montaña siguió allí adelante. Por decir eso los seguidores del gobierno de científicos, más el gobierno, más los científicos, nos trataron de “antivacunas” y hasta de “terraplenistas”. ¿Y ahora viene la pareja de Fabiola que quiere que naturalicemos que el esfuerzo lo hizo “el Estado”? Como si él y los suyos hubieran hecho al menos el gesto de bajarse los sueldos, cosa que sí hicieron varias provincias, municipios y gobiernos de otros países.

La lista de cosas que no vamos a naturalizar y que cometen día a día La Murga de la Casa Rosada y la Comparsa del Patrea es inmensa. Cada noche tiran una piedra a una ventana de nuestra casa y lo primero que tenemos que hacer cada mañana es ir a ver qué rompieron esta vez.

“Enciérrense” fue la única estrategia que nos ofrecieron.

Consiguieron, gracias al esfuerzo monumental de una sociedad extenuada, que las UTI no estallaran en 2020. Pero estallaron en 2021. Pospusieron lo inevitable pero la idea era que cuando lo inevitable finalmente ocurriera, no nos encontrara tratando de que algún fabricante de vacunas se apiade de nosotros; la idea era que cuando lo inevitable finalmente ocurriera, los tubos de oxígeno estuvieran donde tenían que estar.

Ahora que ya ocurrió, que está ocurriendo, la estrategia sigue siendo “enciérrense”. Pero estamos más cansados, tenemos más muertos, somos más pobres.

Aunque los datos lo desmienten categóricamente, la presencialidad en los colegios es algo que todavía se discute. Podría fundamentarse en el miedo que fue parte de la estrategia. Lo que no pude naturalizarse de ninguna manera es la falta de intención de que haya presencialidad. El regodeo que se nota en funcionarios, sindicalistas docentes; el disfrute que ponen con su dictadura de morondanga. Si dijeran “es horrible no tener presencialidad, veamos cómo podemos solucionarlo lo más pronto posible” al menos podríamos buscar un punto de acuerdo.

No es lo que ocurre.

Festejan la falta de posibilidades.

Mientras tanto, en Liverpool, bajo la batuta de Fatboy Slims, los chicos cantan la canción de Ultra Naté: “Es tu vida/ ¿qué vas a hacer?/ Hacé ese cambio/ empecemos hoy/ Salí de tu cama/ seguí tu camino./ No tengas miedo/ tu sueño está ahí/ ¿Lo querés? Buscalo/ tenés que vivir tu vida/porque sos libre”.

Las tontas canciones bailables son más inteligentes que nuestros gobernantes.

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