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5 de octubre de 2021
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Opinión

Un planteo ideológico y las críticas a la oposición del presupuesto de Suarez

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Cuando la semana pasada el ministro de Hacienda de la provincia, Lisandro Nieri, presentó en la Legislatura el proyecto de presupuesto del año próximo, además de explicar en líneas generales hacia dónde irá el Estado con el manejo de sus recursos, con la administración de los ingresos y el destino de los gastos, se tomó un instante para calificar a la pauta de gasto que él mismo ha elaborado como un trabajo “poco creativo”, justificando quizás la ausencia de planes o de programas revolucionarios por parte del gobierno de Rodolfo Suarez para intentar darle un necesario giro de180 grados a la situación de la provincia, para escaparle al ostracismo y a la chatura en la que se encuentra desde varios años a esta parte.

Pero, de lo no habló en detalle, aunque sí lo mencionó en casi todo ese raid de medios en los que habló sobre el presupuesto que desde esta semana ya se está discutiendo en la Legislatura, ha sido un marcado y sostenido tono político que se acompaña en las páginas de presentación del proyecto, en la introducción a los números.

Está claro que el gobierno de Suarez hará un uso electoral de la pieza presupuestaria. Pudo haber demorado el envío del plan con cualquier excusa y someterse a las críticas quizás que le lloverían por no presentarlo y por no cumplir con el plazo. No sería la primera vez que una administración de gobierno cayera en falta. Pero Suarez no lo hizo y ordenó su envío. Allí dentro está escrito lo que el Ejecutivo calcula que recaudará por todas las vías por donde ingresa dinero a las cuentas públicas y el destino que le ordenará y que busca sea aprobado por las cámaras. Pero no ha pasado por alto el tono de la introducción, en donde, de forma solapada, se cuestionan las decisiones de gobierno que se tomaron sobre la conducción de la provincia en aquellas gestiones peronistas que antecedieron a la de Alfredo Cornejo, en el 2015, cuando los radicales y sus socios recuperaron el poder hasta el presente.

La estrategia y gestión de la pandemia resultó ser, sin dudas, uno de los puntos más importantes, sino el más, que diferenció y mantuvo en pie de guerra a los gobiernos de Alberto Fernández en la Nación con el provincial de Suarez. Y en el escrito de elevación del presupuesto no se ha perdido la oportunidad de destacar la brecha. No sólo eso, allí se destaca la generación de empleo y de trabajo genuino como la única forma y manera para salir de la pobreza. “El trabajo existe cuando hay crecimiento sostenible y el crecimiento sostenible existe cuando hay inversión. Este último hecho representa uno de los principios rectores en los que se basa la política pública y fiscal de Mendoza”, se lee en la presentación. También se sostiene que “una vez que se retorne a la normalidad, quedará mucho por reconstruir y luego continuar construyendo”.

A lo largo de casi 22 fojas, Suarez destaca los pilares fundamentales que el oficialismo en la provincia y la oposición a nivel nacional han defendido e impulsado para salir de la recesión y comenzar una senda de crecimiento que no está consolidada ni mucho menos. Pero el Gobierno claramente se ha tomado de esa estrategia y de medidas que comenzaron a tomarse seis años atrás y que con el paso de los años fueron mutando, modificándose, pero sin perder la dirección ni tampoco la esencia, parece decir sin decir el texto. Todo es una descripción y marcada argumentación en su favor de las medidas que el Gobierno ha discutido con algunos sectores de la oposición en la provincia, en particular con el kirchnerismo y todo aquello que lo ha diferenciado de la administración nacional.

“Es cierto que aumentando el número de bienes por habitante no alcanza para garantizar mayores niveles de bienestar en una sociedad. Sin embargo, es imposible mejorar de modo relevante el nivel de bienestar social sin aumentar el número de bienes y servicios por habitante. Así como no puede existir el fuego sin oxígeno, del mismo modo, no puede haber más salud, más seguridad o más educación sin su oxígeno: el crecimiento”.

“Crecer –sigue el escrito– significa contar con más bienes, y para eso se requieren bienes que produzcan esos bienes, es decir, bienes de capital. La producción de estos últimos es la inversión. Lógicamente, la inversión trae consigo trabajo que se traduce en generación de empleo sostenible”. Aquí, lo que bien puede entenderse como una mera justificación o una explicación más a esa serie de programas que se van a reiterar el año próximo para incentivar el desarrollo de los privados, también se torna una crítica elíptica a la orientación que el kirchnerismo parece darles a los fondos públicos alimentando el convencimiento ideológico de que por la vía del incentivo del consumo el país logrará crecer y desarrollarse.

Se trata de, ni más ni menos, esa diferencia tradicional e histórica de qué hacer y cómo; el de subsidiar la oferta o la demanda. Mientras en general los economistas del oficialismo nacional optan por incentivar el consumo por la vía de los planes asistenciales más que nada, créditos blandos para la adquisición de diferentes bienes electrodomésticos, por caso; otros economistas ligados al liberalismo económico aconsejan incentivar la producción.

El gobierno de Suarez seguirá adelante con aquellos programas que comenzaron a aplicarse entre el 2016 y 2017 por la vía de los bonos fiscales, el 1 y el 2 que luego fueron remplazados por el Mendoza Activa 1 y 2, además del programa Enlazados. El Mendoza Activa 1, recuerda la presentación, significó que se inscribieran 3.386 proyectos con una inversión del sector privado por 21.867 millones de pesos. La segunda que entró en funcionamiento en agosto ha obtenido un total de 2.875 proyectos por un total de 21.341 millones de pesos. Para ambas ediciones del 2021, recuerda la presentación, se destinaron 7.024 millones de pesos, mientras que para la del Mendoza Activa 1 se habían aportado 6.099 millones de pesos. Son recursos que toman la forma de beneficios fiscales y subsidios para las empresas que inviertan en la construcción, en la industria, en el sector agropecuario, en el comercial y en el de servicios e hidrocarburos y donde el 40 por ciento de la inversión que han realizado se les devuelve en créditos fiscales o bien en billeteras electrónicas para diferentes usos.

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