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29 de noviembre de 2021
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Opinión

Tensiones, egos, ambiciones y la gestión en un clima de calamidad

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El que viene será un año muy malo. La sentencia, que bien podría ser la de cualquiera atento a cómo está terminando el 2021 Argentina y a las proyecciones que se le presentan, es también la que tienen Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez, los máximos líderes de la coalición de gobierno, la que, luego de ganar las legislativas con amplio margen, se prepara para gestionar lo que le queda a Suarez al frente de la administración provincial y, junto con eso, enfrenta el desafío de idear el mejor plan posible que le asegure a la entente cuatro años más de conducción.

Con eso de que será un año muy duro, con problemas por enfrentar que superan la mera calificación de preocupantes tanto en lo económico como en lo social, Cornejo y Suarez pretenden convencer de que frenen las intenciones y ambiciones todos aquellos que internamente han comenzado a flirtear con el sueño de una candidatura para suceder a Suarez en el 2023. La de ambos es una tarea difícil y compleja, porque varios intendentes del oficialismo se quedarán sin reelección, seis en concreto (Tadeo García Zalazar, de Godoy Cruz; Daniel Orozco, de Las Heras; Marcelino Iglesias, de Guaymallén; Miguel Ronco, de Rivadavia; Gustavo Soto, de Tupungato y Walter Marcolini, de Alvear) y, al menos, dos de ellos, García Zalazar y Orozco, junto con el capitalino Ulpiano Suarez –que tiene la posibilidad y el derecho de aspirar a un período más–, no descartan en absoluto ir a pelear por la candidatura y encabezar la batalla institucional que podría darles a los radicales y sus socios empardar la marca del peronismo de los 90 con aquellos tres gobernadores al hilo que lograron imponer.

La idea de dilatar por todo lo que se pueda la lucha por la sucesión podría ser abordada en concreto en un cónclave que para algunos se tiene que realizar cara a cara, nada de virtualidades ni por contactos telefónicos, entre todos los actores interesados para fijar un compromiso real y un pacto de sangre. Para otros, en tanto, entre los que podría alinearse el propio Suarez, hay que sacarle dramatismo a la hora y evitar generar expectativas sobre un encuentro hacia el fin de año cuando son asuntos que se hablan permanentemente y hasta por wasap.

Como sea, el tema está lanzado y al oficialismo le será complicado alejarse de ese clima por todo lo que el triunfo ha generado hacia dentro de la coalición y no sólo entre radicales puros, sino entre ciertos socios fuertes, como el líder del Pro Omar De Marchi que, todo parece indicar, no dejará pasar el tren del 2023 para ir otra vez por la Gobernación, quizás, su última oportunidad, a la luz de los intentos fallidos del pasado reciente.

De Marchi ya está avisando desde hace rato que no será fácil de convencer para no medirse. Por ver estará, sin embargo, el análisis de un contexto nacional de país, de la oposición particularmente y de sus chances para volver al poder como ya lo hiciera con Mauricio Macri en el 2015. Una oposición que priorizó la unidad de los tres partidos que la integran, en todos los distritos, para llegar competitiva a las últimas legislativas, tal como sucedió.

En verdad todos, cuando son consultados en público, reiteran una respuesta de ocasión y de forma. No es tiempo de pensar en candidaturas, que se trata de una locura frente al estado de situación, que falta mucho tiempo para eso y que, por respeto a los ciudadanos –afirman–, aseguran que están con la concentración puesta en la gestión. Les pasa a los intendentes. Para el resto de anotados o los que aparecerán, sin la responsabilidad del gobierno, la situación es otra y no tendrán más reparos que su propia estrategia y prudencia para no echar a perder el plan y para darlo a conocer. Como De Marchi, se señala a otros. Luis Petri se anota en el festival de nombres que aspiran a la nominación, o deja trascender que lo hará confirmando a la vez que se vuelve a Mendoza tras finalizar su período como diputado nacional a fin de año. Y quién puede dejar de lado al mismo Cornejo que, si bien puede estar negociando ser ungido como el nuevo presidente del interbloque opositor en el Senado nacional y desde allí consolidar un rol protagónico en la escena nacional, no descarta para nada una vuelta por la Gobernación. Si así fuera, no estaría más que activando uno de los planes alternativos que dejó inscriptos en su GPS político cuando le entregó la banda a Suarez, a fines del 2019.

Es cierto, por otro lado, que las urgencias sociales y económicas no dan respiro. Además, nada de todo lo que está haciendo la política en general a nivel nacional apunta a aportar dosis de sensatez y racionalidad. Nada de nada. Si lo importante e imprescindible es hallar alguna solución, o intento de que se convierta en ello, para las graves penurias económicas que se padecen, quienes cumplen roles más que protagónicos al frente de las instituciones van por otro lado, claramente.

La Justicia no ayuda, para colmo, a aliviar el clima de frustración generalizado. Con sus fallos en torno a la situación de las causas que afronta la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, no permitiendo que salga a la luz y con transparencia, en un juicio oral y público, cómo se desarrollaron los hechos que la condujeron a ser acusada por casos de corrupción no hace más que agravar el estado de situación.

Y, en cuanto al rol propio de Fernández de Kirchner, bueno, ya ha dejado más que claro con qué intenciones parece que llegó a lo más alto de poder real, sin dudas. Su carta pública del sábado develó el misterio si es que quedaba alguno sin dilucidar: cómo se acordará y bajo qué condiciones el arreglo con el FMI, más todo lo que tiene que ver con la administración del déficit, la presión sobre el sistema tarifario de los servicios públicos y el ajuste necesario sobre las cuentas públicas, no serán de su incumbencia. La lapicera siempre la tiene el presidente, lo dice la Constitución, recordó Cristina, alejándose o tomando distancia de lo que se viene, lo que no sería otra cosa en un país sensato que un sacrificio enorme para ponerlo en un camino sano de crecimiento. Pero eso forma parte de otra historia.

Frente a todo, tienen razón Cornejo y Suarez de dejar todo para adelante e inmovilizar cualquier intento de desmarque de alguno de los potenciales candidatos para el 2023 o para las intendencias, además. La situación no lo amerita. El clima está enrarecido y se camina por un polvorín. La inconsciencia se ha apoderado de buena parte de la dirigencia. El punto, y la mala noticia en ese sentido, es que nunca tuvieron resultados positivos los pedidos u órdenes si se quiere de tal naturaleza.

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